La Final de la Copa del Mundo entre España y Argentina se lleva a cabo bajo un operativo de seguridad sin precedentes en Nueva Jersey, con la participación del FBI, el Servicio Secreto y más de 400 agencias, en un despliegue que ha sido catalogado como uno de los más complejos en la historia del deporte.
El Gobierno de Estados Unidos clasificó el encuentro como Special Assessment Event Rating Nivel 1, la máxima categoría de seguridad, lo que implica la intervención de equipos tácticos, brigadas antibombas y vigilancia intensiva en toda la zona.
Al evento asisten figuras de alto nivel como los presidentes Donald Trump (Estados Unidos), Claudia Sheinbaum (México) y Mark Carney (Canadá), así como el rey Felipe VI de España, lo que reforzó las medidas de protección.
En el perímetro del estadio, más de 8 mil elementos de seguridad fueron desplegados, incluyendo agentes federales, policía local y unidades especializadas. Además, la Guardia Costera realiza patrullajes, mientras que drones de gran tamaño sobrevuelan la zona y perros entrenados en detección de explosivos inspeccionan accesos.
Por primera vez en este tipo de eventos en la entidad, el Servicio Secreto implementó revisiones exhaustivas incluso para personas acreditadas, lo que provocó largas demoras. El acceso de prensa, que en otros partidos tomaba minutos, llegó a extenderse hasta tres horas y media, debido a inspecciones con rayos X, revisiones manuales y detectores de metales.
También se estableció una restricción total del espacio aéreo, prohibiendo la circulación de drones y aeronaves no autorizadas en los alrededores del estadio.
Medios como CNN y The Washington Post señalaron que el dispositivo representa uno de los mayores despliegues de seguridad registrados en un evento deportivo, en el que las fuerzas de seguridad mantienen vigilancia permanente durante la celebración del partido.