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Columna de opinión

Las lecciones de Ojeda

Luis Farías Mackey

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Luis Farías Mackey

 

Eran años de gloria, Nelson le parecía un pinche grumete frente a su almirantazgo, desde esa atalaya se alcanza a ver lejos y entonces le da a uno por pontificar: “México carece de servidores públicos honestos, por eso tenemos este problema de una alta corrupción” (La Jornada 26 vii 21).

Lo decía entre puros servidores públicos y siendo uno de primer nivel, pero no se acordó que se durmió en esa clase de lógica.

En las primeras filas, impolutos, impertérritos, de blanco, sus sobrinos aplaudían de pie; atrás de él, cual sombra maldita, López Obrador hacía lo mismo.

“Eso es lo que quisiéramos, que muchos jóvenes y profesionistas que están dentro del servicio público entiendan que, si ya se les ha dicho que hagamos a un lado la corrupción, pues lo hagamos”. No olvidemos que estos son los sexenios del púlpito en que la corrupción se combate con “dichos” y abrazos. Pero ¡ah qué jóvenes tan rejegos!, por más que se les dice no sean corruptos lo son. ¿Verdad Andy?

Hoy Rafael Ojeda, exsecretario de Marina, no está ni escondido, ni fugado, según la presidente, pero esté donde esté le regresamos sus lecciones para que las guarde en salva sea la parte. Aseveró entonces que en la Heroica Naval y en el Colegio Militar “mujeres y hombres con valores, con principios, personal que tiene una ética profesional, que sabe que debe tomar un rumbo, un camino por las conductas que les van a producir a ellos una vida profesional plena, no meterse en problemas”, porque, agregó, hay quienes han tomado “otro rumbo, pero son castigados”, y eso le deseamos de todo corazón, de ser su caso.

Para desgracia de nuestros cuerpos castrenses, cerró Ojeda diciendo: “la gran diferencia” entre las fuerzas armadas y otras instituciones “es que nosotros no podemos darnos el lujo de tener malos elementos. Creamos servidores públicos, porque nosotros, desde el general hasta el último soldado, desde el almirante secretario hasta el último marinero, somos servidores públicos, creamos servidores públicos a la sociedad mexicana”, olvidando haber iniciado confesando que “México carece de servidores públicos honestos, por eso tenemos este problema de una alta corrupción”, no cabe duda: el pez por la boca muere.

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