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Las reacciones y acciones en torno al Modus Vivendi que apaciguó la reyerta inútil

Rodolfo Villarreal Ríos

 

La semana anterior quedamos que les narraríamos la forma en que se dieron las acciones y reacciones ante la firma del Modus Vivendi con el que se dio fin a la reyerta inútil (a) la revolución cristera. El ala radical no quedó conforme, pero, antes de mencionar su postura, vayamos a las reacciones primeras.

Al día siguiente de la signatura mencionada, los diarios del país destacaban las declaraciones del presidente Emilio Portes Gil y la del arzobispo de Morelia, Leopoldo Ruiz y Flores, así como la del obispo de Tabasco, Pascual Díaz y Barreto. El gobernante señalaba que los segundos “han creído que la Constitución y las leyes, especialmente la disposición que requiere el registro de los ministros y la que concede a los Estados el derecho de determinar el número de sacerdotes amenazan la identidad de la Iglesia, dando al Estado, control de los oficios espirituales…”.

Asimismo, Portes Gil señalaba que “… no es el ánimo de la Constitución, ni de las leyes ni del Gobierno de la República, destruir la identidad de la Iglesia Católica, ni de ningún otra, ni de intervenir en manera alguna en sus funciones espirituales”. En respuesta, los religiosos asentaron que “Como consecuencia de dichas declaraciones hechas por el ciudadano presidente, el clero mexicano reanudará los servicios religiosos de acuerdo con las leyes vigentes”. Por si alguien dudaba de que aquello fue una reyerta y no una revolución, nada cambio excepto la condición de más de cien mil mexicanos quienes perecieron. Sigamos con este recuento.

Una de las primeras acciones fue la devolución de los templos para que restauraran los servicios religiosos que se suspendieron, a partir del 31 de julio de 1926, en función de la Carta Pastoral Colectiva emitida, el 26 de julio de ese año, por la curia. Así que nada de que el Estadista Elías Calles ordenó dicha suspensión, ese es un cuento que han comprado los poco afectos a la revisión histórica. Algunos olvidan que los templos, de acuerdo con la ley, pertenecían a la Nación y para retornarlos al servicio de la curia era necesario realizar un proceso que les permitiera volver a operarlos.

La entrega se efectuaría previo inventario de las condiciones físicas y los bienes que ahí se encontraban. Asimismo, poco se menciona que, durante la reyerta, dichas instalaciones permanecieron al cuidado de juntas vecinales.

Se iniciaría con los templos más importantes en la capital de la república y en las ciudades principales del país “para que, aunque sean en ellos y tal y como lo proyectan los prelados, se efectúen solemnes ceremonias en acción de gracias por el arreglo religioso”. Esperaban que, a más tardar el 30 de junio, se realizaran servicios religiosos en la Basílica de Guadalupe.

En el contexto de lo anterior, la Secretaría de Gobernación solicitaba a los gobernadores de los estados que le enviaran un informe que contuviera el número de templos, desglosado por municipios, que se ubicaba n en su entidad. La entrega se realizaría a los religiosos previo inventario del contenido en cada recinto.

Dentro del mismo proceso, se ordenó liberar a todos los católicos que se encontraban presos, al igual que se retornaría a las mujeres recluidas en las Islas Marías, excepto a Concepción Acevedo De La Llata (a) La madre Conchita.

Sobra mencionar que, al día siguiente de la firma mencionada arriba, los campaneros de los templos estuvieron muy ocupados dando vuelo a los repiques con los cuales celebraron el fin de la reyerta. En medio de ese ruido ensordecedor, a pregunta expresa, el presidente Portes Gil indicó que el acuerdo logrado en nada difería del que habían logrado, en abril de 1928, el Estadista Plutarco Elías Calles Campuzano y monseñor John J. Burke y que iba a formalizarse a mediados de mayo de ese año, pero que no se concretó porque para el ciudadano Ambrogio Damiano Achille Ratti, el papa Pío XI, la cuota de sangre no estaba cubierta.

Eso sí, un poco más de un año más tarde y quien sabe cuántos mexicanos más muertos, felicitaba, el 22 de junio de 1929, a los católicos mexicanos por que se puso fin a la reyerta y, claro, les enviaba su bendición apostólica. Aunado a ello, se daba a conocer que el obispo de Tabasco, Pascual Díaz y Barreto sería el nuevo arzobispo de México, algo que estimamos no fue un mensaje celestial para el arzobispo de Morelia, Leopoldo Ruiz y Flores, en su nariz se lo grillaron. Dejemos por un momento el entorno doméstico y veamos que se opinaba en el mundo del arreglo.

Iniciemos con las reacciones en Italia en donde el diario del Vaticano, L’Osservatore Romano y el Corriere D’ Italia, un periódico católico, se abstuvieron de comentar con amplitud el arreglo salvo mencionarlo en las páginas interiores con notas cortas. Acorde con la Associated Press, en El Vaticano a pesar del regocijo que les causó la noticia, reconocían que “el convenio proporciona a la Iglesia pocas ventajas, y aunque no se hubiera obtenido ninguna, es mejor conseguir la paz, confiando en que el tiempo aporte más privilegios y libertades futuras”.
En España, los diarios más importantes destacaban la felicidad que generó en ese país, pero a la vez los mexicanos exiliados allá tomaron las cosas con calma y se excusaron de hacer comentarios.

Los católicos en Alemania expresaron su regocijo por la firma, mientras que el ministro de justicia, Karl Theodor von Guérard, apuntó: “los católicos de todo el mundo y especial los de Alemania, se sienten felices por el resultado de las negociaciones que ponen fin a la controversia religiosa en México”. A la par, en Francia y Bélgica, la prensa destacaba su jubilo por el fin de la reyerta.

En los EUA, la prensa dio cobertura amplia al hecho, mientras que el dinero hablaba y, en New York, el precio de los bonos mexicanos se elevó.

Retornando a México, para el domingo 23 de junio, aun cuando no hubo servicios religiosos, una gran cantidad de fieles acudieron a los templos. Asimismo, sobre los campos rebeldes ubicados en Michoacán, Jalisco y Guanajuato, se lanzaron, desde aviones, panfletos que les anunciaban el fin de la lucha armada y que eran sujetos a la amnistía. Esto, en principio, generó el efecto esperado y algunos sediciosos empezaron a solicitar acogerse al perdón y entregar las armas.

A la par, sin embargo, la prensa empezó a operar bajo el principio de “wishful thinking” y a dar por sentado de que todos acudirían prestos a rendirse. Un caso fue el del sacerdote Aristeo Pedroza de quien se decía, al frente de 600 hombres, habíase rendido en Michoacán ante el general Lázaro Cárdenas Del Río. La nota no fue del todo cierta. El religioso continuaría en rebeldía y sería fusilado el 4 de julio. Igual suerte correrían otros quienes se resistían a entregarse en los estados de Guanajuato y Zacatecas. La irracionalidad en ninguno de los dos campos no se iba a ir por arte de magia, era mucho el encono acumulado de unos hacia los otros y viceversa.

Pero no todos continuaban iracundos, en la capital de la república ya había católicos quienes querían armar una marcha para mostrar su agradecimiento al presidente Portes Gil. Ruiz y Flores, sin embargo, considero que era un exceso y les solicitó no hacerlo. Aún faltaba que los obispos exiliados regresaran a México. Mientras tanto, en su calidad de delegado apostólico, Ruiz y Flores lanzó, el 25 de junio, una carta dirigida al episcopado, al clero y al pueblo.

En ella, Ruiz clamaba que los acuerdos habían sido aprobados por don Ambrogio Damiano quien además conocía que no todos los católicos habían quedado contentos con el arreglo. La Iglesia, sin embargo, no tenía mucho margen de maniobra al carecer de personalidad jurídica, pero al firmar lograba, de hecho, tenerla. Y nosotros apuntamos, buena machincuepa para justificar que, como cualquier otra organización, tenían que cumplir con la ley.

Tras de alabar la buena voluntad del gobierno, procedió a señalar: “Sinceramente pedimos que nadie tache a la Iglesia de mezclarse indebidamente en política… no es el ánimo de la Iglesia poner ni quitar gobiernos, ni declararse en favor de ningún candidato político, sino más bien robustecer el principio de autoridad y aceptar de grado la libertad que necesita de manos de cualquier gobierno”. Asimismo, ofrecía cooperar con el esfuerzo moral para el bienestar del pueblo y se comprometía a que la curia y sus feligreses habrían de atender las directrices que les marcara el Episcopado. De esa manera buscaban lavar la cara ante el fracaso de impedir el nacimiento del Estado Mexicano Moderno en el cual todas las Iglesias tenían cabida dentro del marco de la ley y no cómo un gobierno paralelo.

Al día siguiente, los presidentes de las Juntas Vecinales, que habían tenido bajo su custodia los templos, con la presencia de la autoridad civil iniciaron el proceso de entrega de los recintos a los sacerdotes respectivos. Mientras esto concluía y se reanudaban los servicios religiosos, se anunciaba el regreso a México de uno de los lideres intelectuales de la reyerta, el arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez. En igual forma, se daba a conocer que, el 29 de junio, el resto de los obispos mexicanos abandonarían San Antonio, Texas para retornar al país y ponerse al frente de sus respectivas diócesis. A pesar de que en la superficie todo lucía pleno de concordia, tras bambalinas, los radicales del movimiento habían quedado muy sentidos con la forma en que se resolvió la reyerta.

Un ejemplo de hasta donde llegaba ese descontento es factible encontrarlo en la postura que, tres décadas y un lustro más tarde, mantenía uno de los lideres intelectuales de la reyerta, Miguel Palomar y Vizcarra, quien, entonces, declaraba al historiador estadunidense, James Wilkie que “el Santo Padre consintió en los arreglos porque lo convencieron de que era imposible que la Casa Blanca aprobara o pudiera apoyar a un gobierno o a la resistencia cristera…Entonces entendió que no había más recurso que aceptar la situación pactando con los tiranos y, contándose ingenuamente con que la Casa Blanca habría de procurar que viniera la libertad religiosa a México”. Para el ciudadano Palomar, los acuerdos eran “positivamente siniestros, gravísimos para los intereses, no solamente de la Iglesia, sino también de la nacionalidad mexicana”. Pero ahí no se detenía.

Criticaba a Ruiz y a Díaz por “declarar …qué se reanudaban los cultos de acuerdo con las leyes vigentes. ¡Eso fue una cosa desastrosísima; un desconcierto profundo!… Hubo extraordinaria ligereza por parte de estos señores en haberle creído a Portes Gil, porque Portes Gil era sectario, masón calificado que hizo ostentación de su masonería a los treinta y tantos días de haberse celebrado los arreglos, declarando que la Iglesia había quedado definitivamente derrotada y que había que seguir adelante en la lucha y él la siguió adelante”. Pero no se crea que las críticas a ese par de obispos eran de a gratis.

Tras de ellas había un motivo importante. Para don Miguel y los miembros del ala radical de la reyerta, el nombramiento de arzobispo de México no debió de recaer en Díaz y Barreto. Ellos tenían tres candidatos, los obispos de Durango, José María González y Valencia; de Huejutla, José de Jesús Manríquez y Zárate; y el de Tulancingo, Vicente Castellanos y Núñez.

Ya entrados en esos de victorias y derrotas, Wilkie le preguntó a Palomar: “¿Cree usted que los cristeros pudieron haber ganado la lucha y que pudieron haber seguido? La respuesta fue: “Sí, ¡cómo no! ¡Naturalmente! Todavía se seguía una situación difícil …en que podían haber sufrido quebrantos muy graves algunas almas; pero otras también sufrieron otro quebranto más grave con la derrota”. Otro cuestionamiento que se le hizo a quien fuera Caballero del Santo Sepulcro, título que, en 1967, le otorgó Giovanni Battista Enrico Antonio Maria Montini, el papa Pablo VI, estuvo relacionado con el hecho de si había participado en la reyerta fusil en mano, su respuesta fue: “No, ¡no!, porque ni tengo tamaño para eso; ¡absolutamente!

Lo único que sostenía yo, es decir, la intervención que tuve yo junto con otros fue en estar conservando aquí la situación, digamos de la Iglesia con relación a los cristeros, y sosteniendo esa posición hasta que fuimos derrotados. Y contábamos, naturalmente con el apoyo de los Prelados…” Como dirían los enterados de asuntos legales, a confesión de parte, relevo de pruebas.

Si usted, lector amable, se interesa en revisar el contenido de la entrevista completa, realizada por Wilkie a Palomar, les recomendamos leer Frente a la Revolución Mexicana. 17 protagonistas de la etapa constructiva. Volumen II. (UAM, 2001) una pieza muy interesante en donde uno puede dilucidar cómo, aun cuando no compartimos la perspectiva de don Miguel, sus comentarios nos generan respeto. A nosotros, en las aulas, nos enseñaron que para formar nuestro punto de vista y emitir una opinión al respecto, siempre, debemos de acceder a cuanta versión tengamos a la mano, coincidamos o no con ella. De no hacerlo caeríamos en el panfletismo ideológico y eso no es propio de quien aspire a considerarse un historiador serio.

Las palabras de Miguel Palomar y Vizcarra confirman lo que hemos sostenido, el objetivo de la reyerta era crear un gobierno paralelo a la autoridad civil. Sí, dicha rebelión estuvo más que bendecida por la alta jerarquía católica. Aquello fue una reyerta inútil, no una revolución pues no logró el cambio que buscaban. Los rebeldes fueron derrotados y no pudieron impedir el nacimiento del Estado Mexicano Moderno bajo el cual México creció y se desarrolló, algo que olvidan, hoy, algunos cortos de memoria quienes se beneficiaron de ello. vimarisch53@hotmail.com

Añadido (26.26.85) ¿En verdad alguien llegó a creer que los EUA iba a aceptar prolongar el USMCA o TMEC por un periodo de 16 años? No se quejen, la culpa es de nuestros hombres de negocios y del gobierno quienes creyeron que los estadunidenses no se percataban de que les enviaban acero “Made in Mexico” elaborado en China o ignoraban que los componentes que integraban los productos provenían de ese mismo sitio. Lo decimos una vez más, a nuestro país le sobran hombres de negocios y carece de empresarios. (Si alguien lo duda, revisen la definición de lo que significa uno y otro). Acerca de hombres de estado pues solamente hemos tenido tres en toda la historia y ninguno pertenece a tiempos recientes.

Añadido (26.26.86) Para quienes claman que la discriminación racial solamente se da de seres de piel blanca hacia los que la tienen oscura sería muy recomendable ver la imagen generada durante el partido de la WNBA, efectuado el 24 de junio, entre los equipos Phoenix Mercury e Indiana Fever. Ahí, la jugadora de color del primer team, Alyssa Thomas, aplasta inmisericordemente con el puño el cuello de la miembro del segundo, quien estaba tirada en el piso, Caitlin Clark cuya epidermis contrasta con la de la primera. Las jugadoras afroamericanas, que son mayoría en esa liga, no soportan que la estrella sea una mujer con piel de tonalidad diferente a la suya. ¿Acaso, los políticamente correctos negarán que estamos ante un acto racista en reversa?

Añadido (26.26.87) Mientras el ciudadano Prevost Martínez trata de salvar a sus muchachitos Pedro y Petro, en el seno de su organización, le surge la rebelión de los herederos del lefebrismo en la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Ante ello, la respuesta es: “El Superior General de la Fraternidad, el obispo Alfonso de Galarreta, ha incurrido en una excomunión latae sententiae (automática) tras haber consagrado a cuatro nuevos obispos sin mandato pontificio y en abierta oposición a la voluntad del Santo Padre…Los ministros sagrados pertenecientes a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X están en el cisma y deben por tanto ser considerados cismáticos”. Los laicos que se adhieran a dicha organización serán excomulgados, mientras que cualquier sacramento administrado por los cuatro obispos serán considerados inválidos.

Afortunadamente en la Iglesia Católica solamente se ocupan de asuntos espirituales, eso de la política y la lucha por el poder son cosas de herejes.

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