La insoslayable brevedad
Javier Roldán Dávila
¿Geppetto le daría el guion o sus travesuras fueron para convertirse en un niño de verdad?
Mario Delgado, fue una de las sorpresas en el gabinete de la presidenta Sheinbaum, estaba claro que tendría una posición de primer nivel, quizá en el área de economía, sin embargo, fue nombrado titular de la SEP, materia en la que su experiencia no es destacada.
Tal vez, su paso como líder del CEN morenista, le permitió foguearse en la negociación política, sobre todo, con grupos radicales. En este caso, su objetivo es lidiar con la CNTE.
Así pues, con poco más de 18 meses a cargo, Delgado cometió una pifia de proporciones épicas (dicen que sin la anuencia de su jefa), al pretender recortar el calendario escolar. El desacuerdo y las críticas fueron apabullantes, por lo tanto, tuvo que recular.
Pero, sus torpezas no pararon ahí, en la catilinaria que pronunció para corregir, soltó una serie de ‘perlitas’ cuya cereza del pastel fue: ‘la escuela no es guardería’. Ignoramos, si entre los millones de padres de familia haya algunos que asignen tal función a los planteles, de ser así, que den las gracias, a don Mario netas, por sacarlos del error.
Por otro lado, todos los argumentos esgrimidos por el funcionario para tratar de justificar su estulticia, nos muestran a un Mario neto: su gramaje cerebral puede ubicarse en el segmento light.
En cualquier país razonablemente democrático, si el o la responsable de la Educación Pública cometieran tal cúmulo de errores, por educación, habría renunciado. Acá, tenemos a un personaje gran guiñolesco, cuya truculencia es un monumento a la impudicia.