Columna de opinión
No se le quebró la voz al General se le quebró el alma
Eduardo Sadot
Eduardo Sadot
Al General de División, Secretario de la Defensa Nacional Ricardo Trevilla Trejo, al hablar de los elementos caídos en acción en el operativo que terminó con la vida del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación CJNG, durante conferencia mañanera en Palacio Nacional se le quebró la voz, pero más que eso se le quebró el alma. Era la reacción de quienes aman a su patria, era la frustración de entender que México no debió privilegiar la imagen política de un hombre, amarrando a las fuerzas armadas y obligándolas a no hacer su trabajo, es ver como se permitió que la delincuencia se empoderara por los compromisos contraídos. Se le quebró la voz porque se le quebró el alma a un militar formado en la disciplina castrense, con un profundo amor a su patria y a su institución.
Era el extremis del sentimiento de frustración por años de humillación, con el pretexto de “no manchar la imagen presidencial” que prefirió vincularse a la delincuencia organizada y pagar ése costo, antes de que dijeran que fue un gobierno represor, como si conservar la seguridad de las personas fuera un tema menor o subordinado a ejercer la fuerza del Estado para garantizar la seguridad de todos los mexicanos.
El gesto del General Secretario no significa de – ninguna manera – un síntoma de debilidad, solo quien ha portado el uniforme, que ha sabe lo que es el amor a la Patria, la solidaridad con su personal, el amor al uniforme, el sentido de corpus, la camaradería surgida de la convivencia veinticuatro por siete, quienes saben que el servicio a la patria, se lleva tatuado en la piel y se siente correr por las venas, pueden entender la expresión espontanea del Secretario de la Defensa Nacional.
Cuántos Generales antes que él, vieron las vejaciones y humillaciones a que estuvo sujeto el Ejercito Mexicano, cuántas veces vieron ridiculizar a la institución militar, cuántas veces se pitorreaba la delincuencia de los uniformados aplaudidos por el presidente. Y los militares aguantando hasta lo inhumano.
El silencio del general secretario en una interrupción, con su silencio era un grito de ¡ya basta! El grito de que lo dejaran hacer su trabajo, mientras que los compromisos del gobierno anterior a Sheinbaum, con la delincuencia organizada, fue permisiva y eso impulso el bum y empoderamiento de la delincuencia. Fue el silencio más elocuente, expresado en un momento tan difícil para la patria.
Una guardia Nacional sin adiestramiento, personal y particularmente como comparsa al son que le toque el narco, fue lanzarlo a la muerte.
A esos miembros de la Guardia cuya naturaleza y origen está en el Ejército, esos jóvenes – mujeres y hombres – que sin preparación más allá de la de un policía de crucero, los mandaron a enfrentar a delincuentes con mejor armamento y mejor protegidos con vehículos blindados, fue negligente y criminal enviarlos a la muerte.
Eso le duele al General y nos duele a todos los mexicanos, es el preámbulo de corregir el rumbo sin proteger protagonismos y pero no, todavía el tipo de Palenque pesa y sigue incontenible.
eduardosadotoficial
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