Por Arturo Sandoval
“Cuando la derecha pierde unas elecciones intenta destruir el país. Cuando las gana lo consigue”. Frase popular.
Envejecidos, enfermos de nostalgia; desgastados en todo: credibilidad, capital político, seguidores, chayote, negocios raros. Se quedan sin nada; en nuevas mesas de “análisis” las convierten en vitrinas de anfiteatros donde huele a cadáver de días de putrefacción. Quién ve esos programas en televisión abierta es por auto flagelarse; se ven en un espejo de paraísos perdidos muy lejos de recuperar; al menos en lo poco que les queda de vida, aunque probablemente todos cobren su pensión de adulto mayor del Bienestar.
Repiten miles de veces durante 8 años los mismos conceptos. Antes de AMLO, algunos tenían luces de inteligencia, de un poco de cultura; incluso con libros escritos por algunos de ellos con cierto conocimiento de la historia o de la filosofía; al menos no se notaba forzar al lector con dogmas de derecha. Sobre todo, en esa mesa de los lunes nocturnos de Canal 11, donde el brillante Lorenzo Meyer compartía la mesa con demonios enmascarados de ángeles: María Amparo Casar Pérez, Sergio Aguayo, Leonardo Curzio, José Antonio Crespo y José Paolo Bolio.
En verdad un programa difícil de perder; se aprendía de los panelistas, donde dos destacaban de los demás: Lorenzo Meyer del Colmex y José Antonio Crespo del Cide. Aguayo tres escalones abajo; Bolio y Curzio cinco escalones más abajo y Casar de plano equis. Alguna vez, años antes, Carmen Aristegui formó parte de ese Primer Plano.
Excepto el doctor Lorenzo Meyer, todos envejecieron feo; se perdieron al olvidar el análisis serio, con propuesta, con crítica veraz; para aliarse a lo facilón de replicar memes, frases vulgares, mentiras, noticias falsas. Son los que convierten la verdad en irrelevante. Sus columnas se tomaron de la mano con textos tan parecidos en nados sincronizados contra los gobiernos de AMLO y Sheinbaum. Estos y otros columnistas de derecha, sólo hablan para ellos a sabiendas de saber lo falso de sus “argumentos”; se llenan de elogios mutuos, de autoelogios; creen ser autores de frases inteligentes y trascendentes, cuando al terminar sus programas o teclear la última palabra de sus columnas, se olvidad de lo que expresaron; hasta repetirlo en la siguiente aparición mediática para sonar como gritos en una galaxia lejana.
De estos panelistas -PAN elitistas- uno, el más respetado, admirado, con credibilidad. Cuándo llegaba a grupos de periodistas tanto de izquierda como de derecha, inhibía a muchos sólo con su presencia. Cuando hablaba, todos en silencio y atentos lo escucharon, tomaron apuntes de lo dicho por el académico, replicaron frases del historiador, comentaron aciertos del analista político y compraron sus libros para enriquecerse en varios aspectos del conocimiento; incluso: presumieron fotos con él para reflejar intelectualidad.
En la medida de su desvelamiento partidario en grupos de la extrema derecha, al adoptar conductas de odio, pierde credibilidad y respeto de buena parte de lectores, periodistas y medios donde aparecía. Era tan respetado por todos, que los comentarios de periodistas de izquierda de lo más importante y reconocidos, muestran su desilusión, tristeza, de la nueva cara de un culto filósofo de la derecha. Es como si un fanático del ajedrez pierde a su mejor rival de cada semana, tan bueno como él, para verlo que se va a jugar pirinola.
Si este personaje hubiese seguido por el camino de como se le conoció; probablemente hoy o hace dos años, sería la única persona con peso y personalidad para una candidatura presidencial, aún con vivir en el séptimo piso.
Todas estas personas de derecha, con mesas de autoestima, de Champús de cariño entre ellos, en televisión abierta y radio; con todo, programas y columnas, se guardan, se pierden en lúgubres rincones llenos de telarañas entre polvorientas parafernalias de cartón. No representan peligro para el gobierno actual, no provocan nuevos votos. Su influencia en la gente de derecha menores de 50 años es nula; pero el virus derechista vive; como virus, se esconde, no muere y surge en cualquier momento para ejercer el poder del autoritarismo cada vez más brutal, deshumanizado para alabar a su único dios: el Dinero.
SOMOS
Sátira-ficción: “En el funeral de una artista famosa querida por todas las clases sociales, llegan los principales líderes del partido político SEMOS. Ven al mismo tiempo el féretro y en sincronía dicen en voz baja: ‘No SOMOS nada, no SOMOS nada’ Llega a su lado Ariadna Montiel. Los ve hacía abajo y les dice: ‘Y ustedes, menos’ “.
Claro, el resurgimiento está en los jóvenes de derecha; adoctrinados para usar la violencia, la mentira, el odio, el racismo, la misoginia, la discriminación, la homofobia, la descalificación, el infundio, el autoritarismo para recuperar el poder con el apoyo y dogmas de países genocidas. Listos para el saqueo de todos los recursos de nuestro País.
NOTA: Y, sí: algún día volverá la derecha para desaparecer programas sociales, para empobrecer hasta la muerte al pueblo con todo y clases medias, para promover e imponer la ignorancia, para permitir condonación de impuestos a millonarios, para dar impunidad a todo tipo de delincuentes, para prohibir el acceso a la salud gratuita y a la educación gratuita. Depende mucho de cómo y por quién se vote en 2027 y 2030 ¿Los dejará el pueblo?