La Espinita
Andy S. K. Brown*
- Trump no controla a los suyos: Sheinbaum
- Mérida Sánchez: 2 razones para cooperar
- Mónica Soto viola ¡otra vez! la Constitución
Cada vez más, en las mentiñeras de la señora Claudia Sheinbaum hay una incontrolable regazón de tepache que afectan las relaciones cada vez menos diplomáticas y cordiales con la Casa Blanca.
La más reciente, hasta ayer martes por la mañana, más tarde ya no sabemos, fue la que derramó el tarro: hay sectores del Gobierno de los Estados Unidos que lanzan ataques contra de la Cuarta Transformación.
Creerá que el Orange Trump es ajeno a ello.
Que tiene colaboradores que le ven la cara a su jefe, al mismísimo que los contrató para que lo ayudaran a llevar adelante y consolidar su movimiento MAGA.
No está informada. No lee la prensa extranjera. Y al parecer no tiene quien le acerque cuando menos unas tarjetas con una síntesis de lo que a diario reportan diarios como The New York Times, The Washington Post y, entre otro, The Wall Street Journal y el Los Angeles Times.
Como buen “halcón”, Trump vuela sobre sus colaboradores. Los vigila permanentemente. Ha despedido, y de fea forma, a varios de ellos. A las señoras Kristi Noam y Pam Bondi, por ejemplo. Otros han renunciado porque no aguantan sus presiones y caprichos. Así como también intenta venganzas en contra de aquellos que actúan contrarios a su proyecto populista de derecha… no siempre con éxito, pues no han sido pocas las veces que valerosos e independientes juzgadores echan abajo sus vendettas. Hay separación de poderes, algo que aquí ya perdimos.
Es ingenuo pensar o creer que es solo algunos sectores de la Administración estadounidense los que –con razones de sobra—cancelan visas, solicitan extradiciones de los cuatroteros.
Ya no riegue el tepache y ponga en mayor riesgo la relación con nuestro principal socio comercial del que, a querer o no, dependemos.
No son sectores gubernamentales. ¡Es Trump!
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También sería ingenuo creer que el general Gerardo Mérida Sánchez se entregó a la justicia estadounidense sin que el alto mando de la Defensa Nacional no estuviera enterado o, muy probablemente, que hubiese recibido órdenes de hacerlo.
Una de las razones bien podría haber sido las amenazas que recibieron él y su familia de mantener la omertá –ley de silencio del código “de honor” de la mafia, para que entiendan los chairos–, como sucedió en el caso de Marco Antonio Almanza Avilés, exjefe de la Policía de Investigación de la Fiscalía de Sinaloa, quien ya iba en camino hacia la frontera con Estados Unidos para entregarse voluntariamente y acogerse a un criterio de oportunidad ofrecido por la fiscalía del Tío Sam.
Mientras viajaba, recibió una llamada telefónica de su pareja. Tras el aviso recibido en esa comunicación, decidió dar la media vuelta e interrumpir su entrega para regresar a territorio sinaloense. Seguramente la dama había recibido amenazas de los cuatroteros.
Mérida Sánchez, paradójicamente, habría obtenido la calidad de testigo protegido precisamente por amenazas similares a su familia, que se otorga cuando la vida del testigo o su familia corren un peligro real y comprobado antes, durante o después del juicio.
Amedrentar, amenazar son estilos de la 4T.
Por eso ahora el general del Ejército Nacional en retiro va a “cantar” o tal vez ya hasta interpretó lo que sabe sobre delincuencia organizada, narcotráfico o colusión con AMLO y sus seguidores.
Ya no está recluido en Nueva York. Registros del Departamento Federal de Prisiones confirmaron que dejó el Centro de Detención de Brooklyn. Reportes periodísticos señalan que no fue regresado a México ni liberado, sino movilizado por las agencias estadounidenses para convertirse en testigo colaborador y aportar información en el caso contra el gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya. También contra
AMLO y puede que hasta con los recursos que habría recibido para su prolongadísima campaña la señora Sheinbaum.

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Una buena y una mala.
La buena: Mónica Soto dejará de ser magistrada del Tribunal Electoral el último día de este agosto. Ni modo, la tendremos que aguantar una quincena más.
La mala que, en realidad es constante en su caso, se va violando la Constitución que señala que sólo se puede renunciar a esa magistratura por razones graves que ella no presenta como causa.
A pesar de no tener sanciones jurídicas por violaciones a la legalidad, su gestión al frente del tribunal estuvo envuelta en críticas y debates públicos por parte de actores de oposición y analistas serios.
Fue acusada por críticos y partidos de oposición de mostrar parcialidad o afinidad hacia las decisiones del partido gobernante, especialmente durante la calificación de las elecciones de 2024 y en discusiones sobre la nociva reforma judicial.
Durante el proceso de la elección judicial, desestimó pruebas presentadas por otros magistrados sobre los “acordeones”, arguyendo sin agumentar falta de valor probatorio fehaciente, lo que generó fricciones internas en el pleno
Fue señalada debido a las discusiones legales sobre la extensión de la permanencia de los magistrados en el cargo a raíz de reformas y reservas legislativas.
¡Qué bueno que renuncia! Anunció formalmente su dimisión a la Sala Superior del TEPJF, atribuyéndola al cumplimiento de un ciclo profesional de 30 años en la materia electoral y a motivos personales.
Su sello, pues, violar la legislación, principalmente la Carta Magna.
Nadie la va a extrañar.
@AndySKBrown1*
*Pseudónimo bajo el que se redactan informaciones comprobadas que son enviadas por lectores y colaboradores del portal Índice Político.