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“Un don nadie contra Putin: golpe al totalitarismo ruso”

Anahí García Jáquez

 

Un don nadie contra Putin es un trabajo del documentalista David Borenstein, el cual se apoya en material audiovisual grabado por el profesor Pavel Talankin para crear este documental, el cual nos lleva al empobrecido pueblo minero de Karabash, cercano a los Montes Urales. Es en ese lugar en el que Pavel vive y da clases en la Escuela Primaria No. 1, donde además es el organizador oficial de las ceremonias y asambleas que ahí se llevan a cabo y que graba como parte del acervo de dicha institución.

Todo transcurre con normalidad hasta el 24 de febrero de 2022, día en que Rusia invade Ucrania y comienza un conflicto armado que, hasta estos días, no tiene solución a la vista. En medio de ello, el gobierno ruso, a través de su Ministerio de Educación, decide que hay que incorporar al plan de estudios una serie de materias, las cuales tienen como fin el inculcar los valores tales como la identidad nacional, el amor a la patria, entre otros, bajo el nombre de Nueva Política de Educación Patriótica Federal. Una vez que se implementan estos cambios, los resultados saltan a la vista.

La cámara de Pavel registra, cómo de poco en poco, los estudiantes comienzan a absorber los mensajes que se les suministran en forma de himnos, poemas o banderas y, de maneras muy sutiles, sus pensares y sentires se van moldeando de manera tal que el espectador está siendo testigo de un lavado de cerebro con el fin de crear no sólo a ciudadanos conformes que apoyarán a su gobierno, sino también a futuros soldados que engrosarán las filas de sus poderosas fuerzas armadas.

A través de sus intercambios verbales con los niños, Pavel se da cuenta qué tanto se han impregnado los niños de todas las ideas y cómo ellos pasan de la apatía a la apropiación de ideas que se les han implantado y que, sin darse cuenta, ya son parte de su formación integral. Así mismo, podemos ver a los maestros que no están nada conformes con la inserción de dichos temas pero están atados de pies y manos y sólo les queda obedecer. La tensión se palpa en el ambiente a tal grado que Pavel termina siendo marginado por alumnos y profesores, pues les pone una cámara en frente para conocer sus opiniones fomentando con ello no sólo que se explayen, sino creando al mismo tiempo un sentimiento de paranoia, pues no todos coinciden y empiezan a desconfiar del otro, ya sea por considerarlo un traidor o porque temen ser perseguidos por el régimen al tener ideas opuestas.

Una vez que el conflicto armado con Ucrania va avanzando, la militarización en las escuelas también lo hace y de manera tal que los niños son instruidos por miembros del ejército en áreas como el tiro, la marcha y demás temas propios de ese ámbito, y debido a ello es que la atmósfera en la escuela, que se supone debería un lugar de juego y diversión, va cambiando y todo toma un cariz más oscuro ya que, ahora sí, se revelan plenamente las intenciones del gobierno, si no es que ya eran demasiado obvias.

Este documental es el resultado de dos años de grabaciones hechas por Pavel, quien se puso en contacto con David Borenstein una vez que decidió quedarse en la escuela y no renunciar, como lo estaba planeando. Y si no se fue, es porque quiso continuar con las grabaciones ya no como parte de su trabajo, sino desde un lugar de resistencia, pues su deseo era que su material fuese observado en Occidente para que, en este lado del mundo, conociéramos la situación en las escuelas de ese país.

Y hay mucho que agradecerle, pues su trabajo es un poderosísimo testimonio de los peligros del adoctrinamiento y cómo la educación pública se pone al servicio del estado como instrumento de propaganda a través de la manipulación de los más jóvenes, ya que todo indica que el propósito real del gobierno es la creación de ciudadanos que no piensen por sí solos, pues así no cuestionarán y serán leales en todo momento a la causa sobre todos en estos tiempos de guerra, en el que la actuación de los dirigentes está sometida a juicios al menos a nivel internacional.

Es digno de reconocer el esfuerzo de Pavel, pues da una muestra de valentía sabiendo que su vida corre peligro y, teniendo eso en cuenta, hace público este material. Su función en este documental es la de, básicamente, situar la cámara donde debe de hacerlo y dejar que la acción se dé, sin tomar algún tipo de protagonismo pero, a la vez, nos hace saber cuál es su postura (en contra de la guerra y progresista) y la batalla interna que libra, pues es inevitable sentirse asfixiado en esa situación límite en la que sus creencias contrastan con la realidad que le ha tocado vivir y comprende perfecto que no puede manifestarse en contra de ello, pues lo pagaría muy caro.

 

Así también, somos testigos de su evolución como videógrafo, pues su conocimiento básico de las luces y los movimientos de cámara se van sofisticando haciendo que este trabajo sea más atractivo visualmente llegando a un punto en el que, por momentos, permite que la imagen sea la que cuente la historia. Aún en los momentos más crudos del documental, no incurre en el morbo y se comporta respetuoso ante el dolor de los demás, mostrando así una sensibilidad que hace que también muestre a las personas que ahí aparecen como seres humanos, no villanos de película, dándole así un toque de realidad a este trabajo, si no es que se sentía ya demasiado real.

Un don nadie contra Putin ha cosechado varios reconocimientos, siendo el más llamativo de todos el galardón al Mejor Documental en la más reciente entrega de los premios de la Academia, donde superó a otros títulos, todos ellos de una calidad innegable. Y quizá mucho de su éxito resida en Pavel, quien como protagonista es alguien con quien el espectador se podría sentir identificado, pues es muy natural y nada posado, hasta dotado de cierto encanto el cual en ratos provee al documental de un poco de humor, lo cual le da la ligereza necesaria en medio de un panorama tan desalentador.

Su mirada es la que nos va guiando por esta espiral descendente de enajenación y aunque el miedo lo invade, siempre se percibe un todo de esperanza. En verdad ha recorrido un largo camino desde que sacó de contrabando su pietaje llevándoselo a Dinamarca para ensamblarlo, editando y efectuando una pertinente curaduría con el realizador David Borenstein. En suma, “Un don nadie contra Putin” es un golpe duro y contundente al totalitarismo.

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