Columna de opinión
La infernal pesadilla de las desapareciones en México
Fernando Meraz Mejorado
NEMESIS
Fernando Meraz Mejorado
¿Cómo nombrar la ausencia? Creo que no existen en el diccionario del mundo vocablos suficientes para explicar ese terremoto inicial, ese estremecimiento que recorre la columna vertebral como un relámpago de hielo, sacudiendo desde la raíz del cabello hasta la última uña del pie. Es el instante en que uno desearía tener el caparazón de las tortugas, una fortaleza de piedra y silencio donde refugiarse, para no oír, para no entender las frías sentencias que pronuncian los uniformes, los papeles, la ley. No, esto no puede estar ocurriendo aquí, no puede estar tocando mi puerta.
Y entonces el mundo se sordea. Todos los sonidos se funden en un solo zumbido, un tinnitus infinito que taladra el cráneo como una flecha de fuego, una lanza que al atravesar la mente quema la memoria y deja la cabeza hirviendo como un caldero al rojo vivo. Incrédulo, uno intenta gritar, intenta detener el tiempo con la voz, pero la boca se ha convertido en una cueva vacía y las palabras se han escapado como pájaros asustados.
El cuerpo, sin embargo, no sabe mentir. Arde por dentro. Sin darte cuenta, el aire se escapa y vuelve a entrar con prisa, la respiración se convierte en viento huracanado y el mundo gira a tu alrededor como una rueda loca, vertiginosa y oscura. Alzas la mano a la frente y compruebas que no es lluvia lo que te moja, es el sudor frío de la muerte misma, un río helado que nace de tus poros y empapa la ropa, pegándola al terror.
¡Dios mío! ¡Dios mío…!
Los ojos no ven, pero las manos buscan desesperadas un madero, una roca, algo firme donde asirse para no caer al abismo. Y cuando finalmente tomas el vaso, y el agua dulce pasa como un bálsamo por la garganta áspera, sabes que has cruzado la frontera.
***
Ese fue apenas el primer latido de la pesadilla. Porque a partir de aquí el tiempo se rompe, los relojes se oxidan y la desgracia se repite, una, dos, treinta, cien, mil veces, porque para el dolor el tiempo no pasa, solamente se acumula, pesado como el plomo, eterno como el mar.–oOo – –
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