InicioGregorio Ortega MolinaLa Costumbre del Poder: Delito y política

La Costumbre del Poder: Delito y política

* “Sentía de un modo muy tangible la diferencia del peso entre el frágil cuerpo humano y el coloso del Estado. Sentía los brillantes ojos del Estado mirándole a la cara; el Estado caería sobre él en cualquier momento; se oiría una detonación, un grito, y él desaparecería”, precisamente por eso fue a besar la mano de María Consuelo Loera Pérez. ¿Habrá cobro de factura?

Gregorio Ortega Molina

 

Debemos dejar de auto lavarnos el cerebro y suponer que hacerse propietario de una parcela de poder -grande o pequeña- se logra de manera pulcra, sin crueldad ni como consecuencia de odios y envidias. El poder, a fin y al cabo, es usado para saldar cuentas.

Si te estorba la acuciosidad del estudioso de la historia, siempre puedes acudir a la novela histórica. Aquí, lo que nos cuenta Marín Luis Guzmán narra cómo se tiñó de rojo el sendero que consolidó el proyecto de nación y un constitucionalismo fallido, que nació traicionado.

Santiago Posteguillo ha dedicado ya once novelas para darnos a conocer los pormenores de cómo es que en Roma se conseguía el poder; para el modo francés de mandar y cubrirse con el supuesto designio divino, Los reyes malditos de Maurice Druon nos dan cuenta de cómo se cierran los ojos ante la crueldad y la violencia para hacerse con el trono.

No he podido determinar si lo que sucede en el ámbito supuestamente civilizado del quehacer político, determina el comportamiento del conocido como crimen organizado, o es a la inversa, los delincuentes habrían enseñado a los señores del gran poder la manera de conducirse sin sentir remordimiento.

Las series televisives también contribuyen a abrirnos los ojos sobre lo que realmente se hace para gobernar a los seres humanos. The Crown únicamente deja indemne a Isabel II, pero lo que nos ofrecen las imágenes y la historia es de horror. La corona también se tiñe de rojo.

Los pulcros izquierdistas y comunistas también tienen lo suyo. En televisión El último Zar nos da la imagen de un gobernante imbécil, pero también de cómo procedieron los revolucionarios para decidir diezmar a la familia imperial. ¿Era realmente necesario fusilarlos a todos?

Martin Amis nos cuenta al detalle la manera en como se construye el terror revolucionario en Koba el temible, porque lo que nos cuenta Aleksandr Isáievich Solzhenitsyn es el saldo de ese proceder para gobernar. De lo ocurrido en Alemania durante el periodo nazi, la crueldad y el horror supera toda ficción.

Retomo lo narrado por Martin Amis, para que meditemos en las puertas que la 4T deja abiertas:

“Una vez más vemos la extraordinaria persistencia de este tema: que un régimen basado en la perfectibilidad humana recompense, glorifique y estimule y desde lego necesite todo lo humanamente vil.

“No iba a aceptar la realidad. Iba a destruirla.

“Sentía de un modo muy tangible la diferencia del peso entre el frágil cuerpo humano y el coloso del Estado. Sentía los brillantes ojos del Estado mirándole a la cara; el Estado caería sobre él en cualquier momento; se oiría una detonación, un grito, y el desaparecería”, precisamente por eso AMLO fue a besar la mano de María Consuelo Loera Pérez. ¿Habrá cobro de factura?

@OrtegaGregorio

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