* Supusiste tener las herramientas para superar las crisis de salud, esas que modifican en profundidad tu presente y te dejan casi sin aliento para el futuro, pero constatas que tu cónyuge conserva el hálito vital, el brillo en los ojos, el deseo de vivir y tomarte de la mano para caminar juntos ese último metro del recorrido en pareja, del que no pueden deslindarse porque se aman después de 55 años unidos. Es la esencia de la vida, el amor
Gregorio Ortega Molina
Hay sucesos que se transforman en vuelcos vitales. Las fosas clandestinas parecen superar toda imaginación, todo dolor, porque nulifican la esperanza cristiana, al no poder dar cuenta de dónde quedan los hijos, los seres amados por excelencia. Cuando el vástago desaparece se lleva el aliento de vida de sus padres.
Algo similar sucede cuando se enferma de manera grave uno de los cónyuges, sobre todo si suman más de cinco décadas de vida unida, inseparable, en contra de las adversidades y los reveses. No me refiero al fallecimiento de uno de ellos, pasados los 75 años el desenlace natural es la ausencia definitiva. Lo que te trastoca, lo que se convierte en vuelco vital es la enfermedad que determina el presente y el futuro inmediato de uno de los dos y, al final, de ambos.
Te das cuenta de que de pronto, en un instante, tras el infarto cerebral se modifica radicalmente la vida en pareja, y el sano se percata de que es un inútil ante los requerimientos anímicos y vitales de su ser amado. Festejas tus 55 años de vida en común y, al mismo tiempo, te cae el rayo de la enfermedad que modifica, para el que permanece sano, su percepción del mundo, ya no digamos para el enfermo.
Te percatas entonces, más tarde que a tiempo, de la urgente, necesaria presencia de la divinidad en tu vida, de la necesidad de creer, y recuerdo, en una fulguración, la frase de San Pablo: Nadie puede llamar a Jesús Señor, si no es por la acción del Espíritu Santo. Evoco, así, mi búsqueda del óbolo para la iglesia de San Francisco de avenida Madero, se hace presente la imagen de fray Ismael Meneses, quien culminó su vida como párroco de la iglesia de San Juan Bautista, en Coyoacán, o mi paso por el internado de los jesuitas y mi guía espiritual Claude Pelletier.
Supusiste tener las herramientas para superar las crisis de salud, esas que modifican en profundidad tu presente y te dejan casi sin aliento para el futuro, pero constatas que tu cónyuge conserva el hálito vital, el brillo en los ojos, el deseo de vivir y tomarte de la mano para caminar juntos ese último metro del recorrido en pareja, del que no pueden deslindarse porque se aman. Es la esencia de la vida, el amor.
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Por razones ajenas a mi voluntad, me veo en la necesidad de solicitar su venia para “pausar” mis entregas desde esta fecha hasta el próximo diez de agosto, día en que acudiré a nuestra cita pactada de lunes a viernes.
@OrtegaGregorio