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El otoño que se sueña primavera…

Bienvenido el otoño 2026…

Por Fred Alvarez Palafox…

 

La tarde de este martes 22 de septiembre avanza, y en medio del bullicio incesante de nuestra Ciudad de México, el cielo nos prepara un respiro. Será exactamente a las 18:06 horas cuando el verano se despida oficialmente. Entra el equinoccio, y con él, se instala una nueva atmósfera sobre el asfalto.

Desde ese minuto preciso, los días comenzarán a entregarle, poco a poco, sus horas a la noche. Es el inicio de la temporada de los atardeceres cobrizos y de esa primera brisa fría que sirve como recordatorio de que la naturaleza sigue su marcha inevitable hacia el invierno.

Hoy, el mundo amanece dividido en dos mitades perfectas, como un espejo que refleja la vida a destiempo. Mientras aquí, bajo el cielo de nuestra ciudad, el aire adquiere una nitidez repentina y la luz se inclina para anunciar el otoño, allá en el sur, en tierras argentinas, revienta el latido de la primavera.

Es fascinante el diálogo silencioso de las estaciones. Basta mirar los primeros destellos ocres de este martes para descubrir que el otoño abriga un renacimiento disfrazado de nostalgia; un matiz que el poeta tabasqueño Carlos Pellicer capturó con una precisión desarmante cuando confesó:

“…Veo el otoño lleno de esperanza
como una atardecida primavera
en que una sola estrella
vive el cielo ambulante de la tarde.
Te amo, amor, y nada estoy
diciendo
para llamarte…”.

En su pluma, el otoño pierde su vocación de final para convertirse en una primavera madura, en una espera paciente.

 

Esa misma metamorfosis es la que resuena en la voz de Serrat. En los versos de Tío Alberto, el cantautor nos recuerda que hay presencias capaces de alterar hasta el clima, haciendo que el día baile a su propio ritmo:

“Por ti valsea en re bemol
agradecido el tibio sol
de este otoño que hiciste primavera…”.

Hoy somos un planeta habitando dos estaciones que, en el fondo, se buscan. Nosotros nos preparamos para el recogimiento, para las tardes que se acortan y el abrigo ligero; mientras los del sur celebran el renacer de las flores. Pero gracias a la poesía, hoy nuestro otoño y su primavera coinciden en la misma latitud del espíritu.

Es el triunfo del equinoccio: la certeza de que, sin importar en qué lado del hemisferio estemos, siempre habrá un sol tibio dispuesto a valsear en re bemol y un cielo ambulante, lleno de esperanza, para quien decida alzar la vista.

Bienvenido, otoño 2026. Deo gratias.

P.D. Circula por ahí una frase poética que la costumbre y la melancolía insisten en atribuirle a Jorge Luis Borges.: “Si pudiera volver a vivir… comenzaría a andar descalzo a principios de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño”. Ojalá no necesitemos otra vida para atrevernos a quitarnos los zapatos y sentir cómo cambia el mundo bajo nuestros pies.

Invito a escuchar a Vivaldi..

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