Fuera de todo
Denise Díaz Ricárdez
Hace algunos ayeres un presidente hizo un llamado a la sociedad mexicana: voltear al mar.
En efecto, el país ostenta una posición estratégica al contar con dos océanos que lo delimitan: el Pacífico y el Atlántico (Golfo de México y el Caribe).
Son en total 11 mil 122 kilómetros lineales de costas en ambos: siete mil 828 kilómetros el primero (incluye el Golfo de California) y; tres mil 294 kilómetros, el segundo. Eso sin contar las islas.
Con el mar territorial (12 millas náuticas) y el mar patrimonial (zona económica exclusiva que alcanza las 200 millas náuticas), se añaden al territorio nacional casi tres millones 150 mil kilómetros cuadrados.
El potencial está allí en muchos campos de actividad: pesca, turismo, gastronomía, energéticos, preservación ecológica, acuacultura, museos, educación, investigación, comercio marítimo, astilleros, mantenimiento, aduanas, pilotos, seguridad, protección civil y puertos, entre otras especialidades: enorme conjunto que es necesario aprovechar de manera racional, paulatina y permanente.
En los 17 estados costeros habita aproximadamente la mitad de la población, unos 65 millones de personas; de éstos, frente a litorales, uno 20 millones, semejante a quienes residen en el área metropolitana de la Ciudad de México.
Tan sólo en producción pesquera se estima que es de 2.1 millones de toneladas en 2025 y México ocupa el lugar 14 mundial. Navegan unas 78 mil embarcaciones menores y unos dos mil barcos de altura en los dos océanos, y de éstos unos 500 en óptimas condiciones, de acuerdo con datos oficiales.
Se sabe que buques de banderas extranjeras de todos colores se dan vuelo en mares de México, incluidos los muy eficientes de Japón y hasta de Cuba.
Un coctel de camarón es más que bienvenido, ni qué decir de un robalo o una negrilla, atún, sardinas, pulpos, jaiba, entre las más buscadas aquí y en China.
Entonces ojitos al mar.