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Columna de opinión

La Costumbre del Poder: Pueblo como justificación

Gregorio Ortega Molina

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Gregorio Ortega
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* “En la naturaleza, la muerte no entiende de culpas. La muerte es sólo vejez, enfermedad o supervivencia. Los perros lo saben. Puedes leerlo en sus ojos. Deberías hacerte de un perro. Aprenderías un montón de cosas. Aprenderías, por ejemplo, que en la naturaleza no existe la justicia. Eso es un concepto totalmente humano. Y como todas las cosas humanas es opinable y falaz”. Lo que Lenia Batres y Hugo Aguilar Ortiz son incapaces de descifrar, pero sostienen ser el pueblo

Gregorio Ortega Molina

 

Andrés Manuel López Obrador debe estar cagado de miedo. Es una suposición lógica que pensó en respetar el tiempo político de su sucesora, y permitirle auto celebrar por su segundo año de gobierno con recorrido por la república y cierre en el Zócalo, pero decidió salir a la palestra.

En asuntos de poder ciertos sinónimos entran con calzador, o de plano quedan descolocados ante la realidad. El pueblo como pretexto, justificación, sustento de un supuesto proyecto de regeneración nacional, pero en el contexto en el que se da, adquiere la dimensión de nada.

Compartamos la letra que da la auténtica dimensión de la inteligencia del mandamás de Palenque, escrita por Marcelino Guerra:

Me voy pa’l pueblo
Hoy es mi día
Voy a alegrar toda el alma mía

Me voy pa’l pueblo
Hoy es mi día
Voy a alegrar toda el alma mía

Tanto como yo trabajo
Y nunca puedo irme al vacilón
No sé lo que le pasa a esta guajira

Que no le gusta el huateque y el son.

Se borda sobre las posibilidades -ficticias o reales- de un Maximato innovador, por aquello de que busca una regeneración total para el México bueno y sabio, para el pueblo bueno, y les pregunto, a la actual titular del Ejecutivo y su poderoso antecesor, si serían capaces de someterse, como los cubanos de a pie, a la libreta de racionamiento y alimentarse con lo que hay, o con lo que toca.

Bueno, ni siquiera Villamil ni Ramírez Cuevas serían capaces de compartir con la realidad lo que en tan corto tiempo atesoraron para su vejez, si es que llegan la ancianidad, al menos a la edad de su santo patrono.

Lo que estos lambiscones y abusadores perdieron de vista, es precisamente lo que Antonio Manzini dejó anotado en Pista negra.

“… Para los animales, la muerte es una cosa sumamente privada. Más privada que el nacimiento. Y no hay que compartirla con nadie.

“En la naturaleza, la muerte no entiende de culpas. La muerte es sólo vejez, enfermedad o supervivencia. Los perros lo saben. Puedes leerlo en sus ojos. Deberías hacerte de un perro. Aprenderías un montón de cosas. Aprenderías, por ejemplo, que en la naturaleza no existe la justicia. Eso es un concepto totalmente humano. Y como todas las cosas humanas es opinable y falaz”. Lo que Lenia Batres y Hugo Aguilar Ortiz son incapaces de descifrar, pero sostienen ser del pueblo.

@OrtegaGregorio

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