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Columna de opinión

2027: ¿Movimiento Ciudadano, oposición o cómplice de Morena? El juego perverso del partido naranja

Alejandra Del Río

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Alejandra del Rio
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Por Alejandra Del Río

 

En política, como en las matemáticas, los números no mienten, aunque las interpretaciones pueden cambiar dependiendo de quién los presente. Y precisamente de números, estrategias electorales y del futuro democrático de México habló Alejandro Moreno Cárdenas, presidente nacional del PRI, durante un desayuno de trabajo que sostuvo con los integrantes del Consejo Internacional de Comunicadores, en las instalaciones del Comité Ejecutivo Nacional de su partido.

Como integrante fundadora de este Consejo, tuve oportunidad de escuchar directamente a un Alejandro Moreno combativo, contundente y dispuesto a poner sobre la mesa uno de los temas más incómodos para la oposición mexicana: el papel que desempeña Movimiento Ciudadano en la división del voto opositor y las consecuencias que esta fragmentación podría tener en las elecciones de 2027.

El dirigente priista presentó una argumentación política sustentada en resultados electorales que merece analizarse con seriedad, porque mientras Morena trabaja para conservar su hegemonía política, los partidos que se presentan como alternativa parecen incapaces de comprender que, frente a una maquinaria electoral articulada, la dispersión del voto puede convertirse en su mayor debilidad y que mas allá de la tendencia política lo que hoy debiera importarnos es nuestro país.

La aritmética que incomoda a Movimiento Ciudadano, la presento Alejandro Moreno recordando los resultados de las elecciones intermedias de 2021.

De acuerdo con las cifras expuestas durante el encuentro, la coalición integrada por PRI, PAN y PRD acumuló aproximadamente 19.4 millones de votos, frente a los 21 millones obtenidos por Morena y sus aliados. Movimiento Ciudadano, por su parte, consiguió alrededor de 3.4 millones de sufragios.

La operación aritmética es sencilla: si esos votos hubieran formado parte de un frente opositor, la suma habría alcanzado 22.8 millones, superando la votación del bloque oficialista.

Por supuesto, los votos no son propiedad de los partidos ni pueden trasladarse automáticamente de una candidatura a otra. Pero el ejercicio permite dimensionar el peso potencial de una oposición unificada.

En 2024 ocurrió algo que, desde la perspectiva de Moreno, confirmó su diagnóstico.La candidatura presidencial opositora reunió aproximadamente 16.5 millones de votos, mientras Jorge Álvarez Máynez, abanderado de Movimiento Ciudadano, obtuvo alrededor de 5.8 millones.

Juntos habrían representado 22.5 millones de sufragios. Aunque esa suma tampoco habría sido suficiente para superar la votación presidencial de Claudia Sheinbaum, el dirigente priista planteó que una estrategia conjunta en los distritos electorales y las entidades federativas habría podido modificar la correlación de fuerzas en el Congreso.

Y aquí aparece un elemento fundamental: la integración de las mayorías legislativas no depende exclusivamente del voto nacional agregado, sino de la distribución territorial de los votos, las victorias distritales y las reglas de representación proporcional.

Sin embargo, la reflexión política permanece vigente: ¿cuántos distritos pudo haber ganado la oposición si hubiera dejado de competir contra sí misma?

Movimiento Ciudadano insiste en presentarse como una tercera vía, una alternativa distinta tanto de Morena como de los partidos tradicionales.

Su discurso resultó atractivo para determinados sectores del electorado, particularmente para quienes rechazan las viejas estructuras partidistas, pero existe una contradicción política que sus dirigentes tendrían que explicar.Si Movimiento Ciudadano asegura representar una alternativa frente al oficialismo, ¿por qué se niega sistemáticamente a explorar una alianza electoral que pudiera fortalecer los contrapesos democráticos? Para ser claros… ¿Está funcionando MC como partido esquirol del sistema morenista?

La respuesta de sus dirigentes ha sido que el partido tiene un proyecto propio y que no está dispuesto a asociarse con organizaciones cuya trayectoria cuestiona. Esta podría ser una posición legítima desde la perspectiva de su autonomía partidista.

Sin embargo, también resulta legítimo preguntarse si esa estrategia de crecimiento individual termina beneficiando, en los hechos, al partido gobernante. Porque una cosa es construir una identidad política independiente y otra muy distinta es ignorar las consecuencias electorales de la fragmentación.

No hace falta demostrar la existencia de un pacto secreto entre Movimiento Ciudadano y Morena para advertir que, en determinadas contiendas, la competencia entre varias candidaturas opositoras puede facilitar el triunfo oficialista, si bien el beneficio electoral no demuestra complicidad, tampoco desaparece por el simple hecho de que sus protagonistas se nieguen a reconocerlo.

Esa es la verdadera discusión que deberían enfrentar Dante Delgado, Jorge Álvarez Máynez y los actuales liderazgos del partido naranja.

¿Su prioridad es convertirse en una fuerza política más grande o contribuir a construir una alternativa capaz de disputar el poder? O se trata de un acuerdo en lo oscurito para quitarle punch a la oposición y permitir que se perpetue la pseudo dictadura Morenista.

Alejandro Moreno presentó un escenario electoral que, según las proyecciones internas del PRI, permitiría a una coalición opositora competir por el triunfo en diez u once gubernaturas de las diecisiete que estarán en disputa en 2027, evidentemente si se sumaran las tres fuerzas políticas opositoras.

El dirigente sostuvo que una alianza estratégica con el PAN y otras fuerzas políticas podría modificar sustancialmente la composición de la Cámara de Diputados y devolver al Congreso su función de contrapeso frente al Ejecutivo y este punto resulta particularmente relevante.

Después de las reformas constitucionales impulsadas por el oficialismo, incluida la transformación del Poder Judicial, el equilibrio entre poderes se ha convertido en uno de los asuntos centrales del debate político nacional.

Moreno recordó también la controvertida construcción de la mayoría calificada en el Senado, donde los movimientos de legisladores provenientes de otras fuerzas políticas resultaron decisivos para la aprobación de la reforma judicial.

En ese contexto, la elección de 2027 no será simplemente una competencia por gubernaturas, alcaldías o diputaciones. Será una disputa por la posibilidad de fortalecer los mecanismos de control constitucional y evitar que las decisiones fundamentales del país dependan de una sola fuerza política.

La unidad electoral puede mejorar sus posibilidades competitivas, pero no sustituye la necesidad de construir propuestas creíbles, liderazgos sólidos y una agenda que responda a las preocupaciones de los mexicanos.

Durante el desayuno, Alejandro Moreno también habló de la libertad de expresión, de las presiones contra el periodismo crítico y de los señalamientos sobre la presencia del crimen organizado en procesos electorales.

Su discurso fue duro contra Morena y contra aquellos dirigentes opositores que, desde su perspectiva, han preferido la cautela frente a la confrontación política, hoy nos queda claro que la democracia exige una oposición firme, pero también responsable, transparente y capaz de reconocer sus propias contradicciones.

Lo que no puede permitirse México es una oposición que desperdicie sus posibilidades electorales por cálculos personales, rivalidades partidistas o estrategias de supervivencia.

Movimiento Ciudadano tiene derecho a competir solo. Lo que no tiene es derecho a exigir que sus decisiones queden fuera del escrutinio público y los mexicanos debemos cobrarles la apuesta y negarles nuestro voto en las próximas elecciones.

Si su estrategia termina dividiendo el voto en distritos donde Morena podría ser derrotado mediante una candidatura común, tendrá que explicar por qué considera que ese costo es políticamente aceptable, esta mas que comprobado en sus resultados distritales que MC no gana distritos, escoge bien perfiles competitivos e invierte en sus gobernaturas, pero incluso en estados que ganó como Nuevo León o Jalisco solo obtuvieron un distrito electoral ganado, no sumarse a la coalición en el 27 es apostar por perder todas sus posiciones.¿Quién apuesta por perder?… solo Maynez.

Y el PRI y el PAN, por su parte, deberán demostrar que una eventual coalición responde a un proyecto de país y no únicamente a la necesidad de conservar posiciones.

La pregunta de fondo no es si Movimiento Ciudadano debe desaparecer dentro de una alianza, sino si las fuerzas opositoras están dispuestas a privilegiar la construcción de contrapesos democráticos por encima de sus intereses particulares.

Porque en 2027 no bastará con declararse oposición, habrá que demostrarlo con decisiones, propuestas, candidaturas y resultados y si la fragmentación vuelve a facilitar una victoria del oficialismo, ningún dirigente podrá alegar que desconocía las consecuencias.

Los números ya están sobre la mesa, la responsabilidad política también.

Alejandra Del Río
Estratega política y columnista de opinión.

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