Columna de opinión
La confianza como cristal si se rompe nunca queda igual
Eduardo Sadot
Eduardo Sadot
La confianza se parece al cristal: puede tardar años en construirse y basta un golpe para romperla; aunque se intente repararla, nunca vuelve a quedar igual. Eso ocurre cuando las promesas no corresponden con las conductas del poder, cuando se exige honestidad a los adversarios y se guarda silencio ante los señalamientos que alcanzan a los propios. Morena llegó al gobierno con la bandera del combate a la corrupción y la promesa de acabar con los privilegios.
Sin embargo, casos como Segalmex, las investigaciones sobre el llamado huachicol fiscal y los señalamientos que alcanzan a personas cercanas al movimiento han puesto bajo escrutinio esa promesa. No se trata de condenar por anticipado: corresponde a las autoridades investigar y probar responsabilidades. Pero tampoco puede exigirse a la ciudadanía que cierre los ojos o se conforme con explicaciones. El caso del INE agravó la pregunta sobre la congruencia del discurso. Las investigaciones sobre contratos presuntamente irregulares, que según el órgano de control alcanzan casi 2,461 millones de pesos en organismos electorales locales, derivaron en la renuncia de Guadalupe Taddei.
La salida de una funcionaria no puede sustituir el esclarecimiento de los hechos ni borrar la responsabilidad de quienes autorizaron, vigilaron o se beneficiaron de los contratos. Y cuando Andy López Beltrán salió a responder sobre Jorge Amílcar Olán Aparicio, reconoció conocerlo, pero negó cualquier relación de negocios. Explicó que se conocieron por amigos comunes y porque la esposa del empresario estudió con él en la primaria. ¿De verdad puede esperarse que una explicación así disipe las dudas?
No prueba por sí misma complicidad alguna, pero tampoco responde por sí sola a las preguntas sobre contratos y posibles influencias que deben investigarse. Hay otra inquietud que merece respuestas transparentes: ¿con qué confianza puede la sociedad estar segura de que el Banco de México, responsable de emitir los billetes que circulan en el país, cumple sus funciones sin desviaciones ni beneficios indebidos para quienes ocupan la cúspide del poder?
No afirmo que exista emisión irregular de dinero para favorecer a dirigentes; precisamente por la gravedad de esa sospecha, la autonomía, la fiscalización y la rendición de cuentas son indispensables. La confianza no se recupera con propaganda ni con la defensa automática de los propios. Se reconstruye con investigaciones independientes, información pública y sanciones cuando se acreditan responsabilidades, sin importar nombres, cargos o parentescos.
Morena no puede pedir un cheque en blanco invocando la transformación. La ciudadanía tiene derecho a preguntar, exigir pruebas y reclamar consecuencias. Porque la confianza, como el cristal, puede pegarse después de romperse, pero las fracturas permanecen y nunca vuelve a ser la misma.
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