InicioMoisés Sánchez Limón¿De qué color es el miedo?

¿De qué color es el miedo?

ENTRESEMANA

“Entre tú y yo… no hay nada personal,
Y sin embargo duermo entre mis sábanas
Soñando con tu olor…” Armando Manzanero

MOISÉS SÁNCHEZ LIMON

 

Entre los periodistas hay quienes conocen el sabor del miedo provocado por anónimas amenazas de muerte que tienen color.

“¡Bájale cabrón o te lleva la chingada!” “O te disculpas o vamos a ir por ti”, “No camines abajo de la banqueta”, “Ya te investigamos y déjate de chingaderas”, “En la carretera hay muchos accidentes, no lo olvides”, “Vamos por tu familia”.

Sí, frases que provocan un hueco en el estómago del destinatario.

Y, en público y privado, más vale hacerse el valiente para no entrar en pánico y arriar bandera en la tarea de informar, denunciar, criticar, opinar, cumplir con la esencia del oficio.

Ser contrapeso del poder público, nunca callar frente a la evidencia de la investigación periodística ni negarse a publicar hallazgos de corrupción y abusos de poder, tráfico de influencias y violación a los derechos ciudadanos, so riesgo de convertirse, por omisión, en cómplices.

¿Sabrá la ingeniera presidenta a qué sabe el miedo, a qué huele y si tiene color? ¿Sabrá que su palabra desliza amenazas y da luz verde a personeros oficiosos?

No creo que en sus tiempos de activista del CEU y menos cuando defendió a Andrés Manuel López Obrador en aquellos días del dizque fraude electoral de 2006 haya tenido miedo a represalias físicas, menos haber enfrentado amenazas de muerte.

No, ella no supo lo que los entonces muchachos del movimiento estudiantil de 1968 supieron y sufrieron en persona: persecución, secuestro, tortura y muerte, a manos de agentes de la Dirección Federal de Seguridad, porque aquello del CEU fue un movimiento para defenestrar al rector Jorge Carpizo y dizque defender la universidad gratuita.

Es estridente, como el Duce que sí denunció que lo vigilaban y espiaban; el héroe de la transa, de la caminata por la democracia que le dejó pingües ganancias por unos 100 millones de pesos, de aquellos negociados en la regencia del entonces Departamento del Distrito Federal.

Sabe que fue una vacilada lo de las ocho cajas llevadas en un diablito por ella y el oscuro e infumable Gerardo Fernández Noroña, con supuestas pruebas de tráfico de influencias en que habría incurrido Felipe Calderón como secretario de Energía, en beneficio de su cuñado Diego Zavala, porque un notario público certificó iban vacías. Y nadie la acusó de mentir.

Igual, sin el menor riesgo de sufrir agresión física alguna, junto con el hoy secretario de Gobierno del Estado de México, Horacio Duarte Olivares, que operaba como representante del PRD ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, ella en calidad de vocera de Andrés Manuel López Obrador en la campaña de 2006, acudió con supuestas pruebas documentales del triunfo electoral de López Obrador.

También fue una vacilada y, en el recuento de votos, por mínima diferencia de 243,934 votos, Calderón Hinojosa le ganó la Presidencia de la República a López Obrador. De ahí, el rencor, la sed de venganza que destilan los dueños de la 4T y su segundo piso.

Sí, la ingeniera presidenta conoce en segunda persona como se rumia la derrota, pero su historial ha transitado como día de campo para quien se sabe protegida y encauzada hacia el poder. De corcholata a presidenta.

¿Por eso persigue a la prensa que no le fue afín a Su Alteza Serenísima Andrés Manuel ni le es a ella?

Así, se ensaña con mi colega Edmundo Cázarez (él se firma con doble z); lo descalifica e insulta y declara indefendible y obliga a ofrecer disculpas como si ella fuese el personaje desnudado en las declaraciones que sí hizo Carlos Monsiváis.

No hay peor defensor que el oficioso, aquel que compra un pleito sin que le incumba, o el que suda calenturas ajenas para quedar bien o pagar viejas deudas personalísimas. Pero…

Bueno, Edmundo no puede presumir que lo persigan desde la Presidencia de la República, porque un periodistas no presume el miedo que provoca la luz verde encendida desde la mañanera en Palacio para que los mercenarios al servicio del poder, los oficiosos y aquellos que operan por encargo, lo amenacen de muerte.

Y, Presidenta, ¿qué opinión tiene sobre la disculpa pública que pidió el diario El Universal a la familia del escritor Carlos Monsiváis, luego de un texto que publicó esta semana una persona en sus páginas, cuya veracidad no ha sido sustentada, ya que el mismo autor del texto refiere que “no, no ha hallado ese audio de tal entrevista”? –insistió una de esas voces oficiosas en la mañanera del viernes de la semana pasada.

Bueno, qué bueno que pide disculpas –respondió puntual y como de botepronto la ingeniera presidenta a quien, como aquel que preguntó, hay que subrayarles que las disculpas no se piden, se ofrecen. Pero…

–Ahora –continuó la ingeniera–, no se hubiera dado —pienso yo— si no hubiera habido esta expresión masiva de indignación, y la carta de la familia, y la carta de la familia. Entonces, yo lo dije: “es innombrable lo que hicieron, es un… Quien publica algo así no tiene la más mínima ética, moral, nada (…).

¡Ah!, pero cuando le comentaron que Edmundo había recibido amenazas de muerte, procedió con desdén.

–¡Ay! Digo…– exclamó y demostró que le vida del colega Edmundo le importa un pito.

La colega Reyna Haydé le expuso que habría que defender a Edmundo.

Mira, ya defender eso, Reyna, ya está “muy cañón”, la verdad. Ya ponerte a defenderlo, de verdad, ya…

Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, la verdad (como La Chimoltrufia). Entonces: indefendible, indefendible, indefendible, la verdad. No se puede defender algo así tan ruin, tan putrefacto –respondió.

¡Recontra Francisco Zarco!

Esa es la opinión que le merece a la ingeniera Sheinbaum un periodista que no publicó su opinión si no la de Carlos Monsiváis, aunque ahora haya expertos que aseguran que Monsi nunca escribió así ni se expresaba de esa manera. ¡Já!

¿Sabrá el alcance de sus declaraciones? ¿Sabrá la señora presidenta que expuso a Edmundo ante la jauría?  Y que cualquier loquito fanático de la 4T se sienta con permiso para matar o atentar contra el periodista incómodo al poder.

Porque, mire usted, a principio de esta semana insistió en defender a López Obrador y generalizó:

“(…) Pero lo que mostraron ahora, ahora sí… De por sí, cada vez que escriben una nota con tantas mentiras, muestran quiénes son. Pero en ésta, sí mostraron lo que son, la verdad. O sea, convertirse en difusores de esa nota es… Bueno, ¿cómo se puede llamar a eso “periodismo”?

“Están perdidos, totalmente perdidos en la inmensidad de su mentira, perdidos, completamente perdidos; fuera de la realidad, totalmente fuera de la realidad.

“Y el nivelazo, la verdad. Es increíble que se hayan hecho eco de una vulgaridad, una cosa tan putrefacta como esa. Es un…”, despotricó en tono ñero como si fuera la ofendida.

Luego aseguró que quienes critican a Andrés Manuel López Obrador “están llenos de odio (…) que lo único que tienen en su mente es odio hacia una persona, hacia un movimiento y hacia el pueblo, porque al final lo único que muestran es su odio hacia el pueblo de México. ¿Qué se puede esperar de personas así?”

¡Sopas! Eso está cabrón: quien odia al Santo Niño de Tepetitán, odia al pueblo de México. Ya para qué le platico del rollo descalificador enderezado por la señora de la dulce y sensual voz, doña Luisa María Alcalde, contra Edmundo. ¿Drakko, por qué el culto Andrés Manuel López Obrador calla como momia? Digo.

sanchezlimon@gmail.com   www.entresemana.mx   @sanchezlimon1

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