Corre, lee y dile
Germán Martínez Aceves
Recordar las efemérides evita el olvido, más si se trata de personajes que dejaron su impronta en la literatura y la cultura como es el caso de Sergio Galindo Márquez: escritor, editor, gran lector, visionario y pieza fundamental que cimentó la fortaleza de la Editorial de la Universidad Veracruzana (UV).
Nació el 2 de septiembre de 1926 en la céntrica calle de Insurgentes de la ciudad de Xalapa (o Jalapa, no le gustaba escribir el nombre de la capital veracruzana con X). Narrador por vocación que moldeó de forma autodidacta a través de lecturas, estudios, relaciones cercanas con grandes filósofos y escritores de su época, Sergio Galindo rompió el muro del centralismo y creó en el estado de Veracruz un centro en el que convergió lo mejor de la literatura nacional e internacional.
A cien años del natalicio del autor de El Bordo, la revista emblemática de la UV, La Palabra y el Hombre está dedicada a su creador quien, junto con Gonzalo Aguirre Beltrán, entonces rector, y el filósofo cordobés Fernando Salmerón, idearon en 1957 la publicación con la cual dio inicio el gran proyecto editorial que impulsó Sergio Galindo.
Mario Muñoz lo recuerda en el apunte editorial del número 76 de la revista correspondiente a abril-junio 2026: “El título, La Palabra y el Hombre, ahora tan cuestionado a causa de los prejuicios de género, surgió como respuesta a la imperiosa necesidad de establecer el diálogo con el mundo a través de la expresión escrita: integrarse al otro y a los otros en una franca comunión de intereses culturales y artísticos.
Esta noble intención quedó bien definida por el filósofo Fernando Salmerón, en la declaración de principios que unían al ideario de Sergio Galindo y de quienes contribuyeron a la conclusión de un espacio abierto de todas las corrientes artísticas y de pensamiento: ‘Hemos traído al título de la revista algo que expresa el afán de realizar la más hermosa de las posibilidades de la existencia humana, la que permite alcanzar la plenitud de la más profunda realidad personal: la posibilidad de comunicación’. A quienes nos ha tocado la fortuna de manejar el timón, procuramos seguir la ruta de la nave que dejó bien trazada su fundador”.
La Palabra y el Hombre ya le había dedicado un número en 1996 cuando su fundador tenía tres años de fallecido (3 de enero de 1993, Puerto de Veracruz) y hubiera cumplido 70 años de vida.
Ahora, en el siglo de su natalicio, para este número convocó a diversas personalidades que escriben sobre la impronta de Sergio Galindo que se combinan con otros textos de diversos temas. Destaca de sobremanera la exposición de fotografías facilitadas del archivo de la familia Galindo González con gestión de Enriqueta López Andrade (Queta) y trabajadas con gran factura por Leonardo Rodríguez y David Medina.
Así se acomodaron los textos:
Abre la sección La Palabra con el escrito de Joaquín Diez-Canedo, “Sergio Galindo, narrador y editor. In memoriam”, donde hace un recuento de sus encuentros con el autor de Otilia Rauda y destaca que es un escritor “que con mayor desenfado crea una amplía galería de personajes femeninos memorables”.
Luis Arturo Ramos, quien fuera uno de los mejores amigos de Galindo, escribe “Veinte años (…de cien)”, nostálgico, evocativo y recuerda una de las grandes enseñanzas: “la convicción de que la literatura solo implica una competencia con uno mismo y no contra los demás”.
Magali Velasco Vargas en “Los secretos de los hongos”, recuerda que su tesis para obtener la licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas por la UV fue a partir de El hombre de los hongos una novela en la que considera que Galindo maneja la nostalgia y la melancolía estrechamente relacionadas con el clima y las características del lugar en donde se desarrolla la historia.
José Luis Martínez Morales, ferviente lector del autor de Polvos de arroz, explora una veta interesante en “¿Religión en La justicia de enero?”, tema que sin duda está en el contexto de la literatura galindiana que tiene “expresiones populares revestidas de matiz religioso y de referencias con connotación religiosa”.
Juan Javier Mora-Rivera, con admiración y punto de vista crítico escribe “Una carta imposible a Sergio Galindo”, ahí, entre varios temas, destaca “el proyecto editorial de Galindo, sin privilegiar el sentido mercantil o comercial de los libros, sino la calidad y el valor intelectual de las obras literarias, sin preferencia o amistad de por medio, sin que los medios económicos fueran un impedimento, sin que tampoco asomara como pretexto el provincianismo o la mediocridad”.
En el apartado de poesía se publican las composiciones “Tu boca me concierne” y “Primera dolomía”, de Antonio Leal, “Parque infantil”, de Agnieszka Wesolowska y “Los arameos inventaron poco”, de Zbigniew Zbikowski; y en cuento, “El día de la fama”, de Luis Guillermo Gutiérrez y “Gotas”, de Amairany López Benítez.

En la sección Estado y sociedad, Mariano Casco aborda un tema poco estudiado:
“La política extraescolar de los ‘comités de padres’? y; José Alberto Navarrete Lezama en “Tempoal: el significado prehispánico de su nombre”, un misterio de la Huasteca que no da la certeza de que sea lugar de peces o de sapos.
En la sección Arte, Raciel D. Martínez Gómez en su columna A hombros de cine hace una revisión crítica de las obras de Sergio Galindo llevadas al cine como El hombre de los hongos, dirigida por Roberto Gavaldón y Otilia Rauda, dirigida por Dana Rotberg.
“José Torres Ovando. Antigua figura del arte lírico nacional”, es el escrito de Fernando Eslava Estrada y Elizabeth Mora dedicado al barítono poblano nacido a finales del siglo XIX y; Elvia Estefanía López Vera nos entrega el artículo “Paralelismos en la obra cinematográfica de Ernesto Contreras”, cineasta veracruzano.
Entre libros contiene las reseñas: Cartas a Anna Tesková, de Marina Tsvietáieva, de Jorge Pech Casanova; Vampiros: modelo para armar, selección de Luis Enrique Rodríguez Villalvazo, de Ixchel Sánchez y; El tiempo de la mariposa, de Selma Ancira, de David Loria Araujo.
Finalmente, en la sección Miscelánea se incluyen: “Fandango en la Casa del Lago”, una crónica del escritor colombiano Daniel Ferreira que relata sus momentos que vivió cuando recibió el Premio Latinoamericano de Primer Novela Sergio Galindo; “La dialéctica de los trompos”, de Bastian Welke Laborde, un relato que gira en andanzas de adolescente, de viajero y de comidas con tacos que adelgazan trompos; “Una explosión en tonos verdes”, de Daniela I. de la Fuente Esquinca, quien hace un paralelismo de su vida con la novela La encomienda, de la escritora colombiana Margarita García Robayo y; “Sobre el asunto de cargar muertos”, de Madelein Hernández, un artículo que nos habla de halterofilia y de otro “deporte” similar, la necrohalterofilia, “el arte de resistencia, reconciliación y de aprender a sostener”.
Las páginas de la revista son ilustradas por los grabados de Leticia Tarragó, y las fotografías de Oriana Ávila y María Teresa G.
La Palabra y el Hombre. Revista de la Universidad Veracruzana #76, abril-junio 2026. Se puede adquirir en la Editorial de la UV, Nogueira # 7, en librerías de Xalapa y en la librería en línea: https://libreria.uv.mx/gpd-la-palabra-y-el-hombre-numero…