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Columna de opinión

El exceso de poder también pierde elecciones

José Luis Parra

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José Luis Parra
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Por: José Luis Parra

 

l golpe de poder que los demócratas propinaron al presidente Donald Trump debería poner a reflexionar a su homóloga mexicana, Claudia Sheinbaum. Ambos padecen del mismo mal: Exceso de poder. Y cuando el poder se ejerce sin contrapesos, tarde o temprano llega la factura. En Estados Unidos los electores ya comenzaron a cobrarla.

Los demócratas recuperaron el control de ambas cámaras del Congreso estadounidense. Un resultado que cambia el escenario político y limita las aspiraciones del mandatario republicano. El mensaje es claro: Ni Trump es invencible ni los republicanos tienen escriturado el poder.

Lo sucedido allá se puede replicar aquí.

Con un ingrediente adicional que podría resultar explosivo: La falta de credibilidad en el árbitro electoral mexicano.

La renuncia de Guadalupe Taddei a la presidencia del INE abrió una oportunidad para que Sheinbaum mande una señal de independencia democrática. Si no impulsa la llegada de una auténtica representante de la sociedad civil, apartidista y ajena a los intereses del régimen, estaría cometiendo un error trumpiano.

Ya se alzan voces que presagian la eventual jugada del oficialismo: Dejar a la actual presidenta interina, Blanca Yassahara Cruz García, al frente del organismo electoral.

Obviamente sería un error.

El problema es que el actual INE está contaminado por intereses políticos. Una medida sana sería renovar toda su estructura operativa, empezando por quienes mantienen vínculos partidistas. Que renuncien todos y todas, y se abra paso a perfiles verdaderamente independientes.

¿Lo harán?

Por supuesto que no.

En México los partidos políticos quieren árbitros a modo. Y cuando llegan al poder se olvidan de sus viejas exigencias democráticas.

Así es la política mexicana.

Sheinbaum tiene la oportunidad de demostrar que puede ejercer el poder sin pretender controlar hasta al árbitro. Porque una cosa es ganar elecciones y otra muy diferente garantizar que las siguientes se desarrollen con credibilidad.

La elección intermedia de 2027 será una prueba de fuego para Morena. Y si el régimen insiste en conservar el control de todos los espacios, podría encontrarse con una sorpresa similar a la que recibió Trump.

La historia tiene esas ironías.

Los poderosos suelen creer que sus triunfos son permanentes. Hasta que los electores les recuerdan quién tiene la última palabra.

Mientras tanto, aquí nos entretenemos con temas muy nuestros. Como Andy y su futuro político.

El hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador reapareció en un video para rechazar los señalamientos que lo vinculan con presuntos negocios irregulares, tráfico de influencias y el escándalo del huachicol fiscal.

Andrés Manuel López Beltrán asegura que todo es una campaña de desprestigio contra él, su padre y Morena. Que no existen pruebas. Que sus adversarios mienten.

El discurso suena conocido.

Su padre utilizó durante años la misma fórmula para enfrentar acusaciones incómodas. Todo era guerra sucia, conspiración de conservadores o ataque de los enemigos de la transformación.

Ahora el hijo parece seguir el mismo libreto.

El problema para Andy es que las investigaciones periodísticas sobre los negocios del empresario Jorge Amílcar Olán Aparicio, señalado como cercano a la familia López Beltrán, continúan acumulando preguntas. Contratos millonarios, presuntos favores políticos y testimonios relacionados con operaciones de contrabando de combustibles forman parte de una historia que todavía está lejos de cerrarse.

Claro, una denuncia periodística no equivale a una sentencia judicial. Tampoco una declaración de inocencia sustituye una investigación.

Y aquí aparece otra interrogante: ¿Las autoridades investigarán hasta sus últimas consecuencias o el apellido López Obrador seguirá siendo una especie de salvoconducto político?

Andy niega cualquier participación en actividades ilícitas. Está en su derecho. Pero también los mexicanos tienen derecho a conocer la verdad.

Más ahora que el joven político pretende mantenerse en la actividad electoral y buscar una diputación federal en 2027.

Por cierto, hasta Estados Unidos le retiró la visa. Andy considera que fue una decisión politiquera.

Puede ser.

Pero entre tantas acusaciones, deslindes y explicaciones, el heredero político del expresidente tiene un problema que no se resuelve grabando videos: La credibilidad.

Y esa, como bien acaba de comprobar Donald Trump, no se recupera a base de discursos.

Mucho menos por herencia.

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