Columna de opinión
El laboratorio verde
José Luis Parra
Por: José Luis Parra
En política, los silencios suelen decir más que los discursos. Y cuando desde el poder nadie aparece para apagar un incendio, vale la pena preguntarse si en realidad quieren extinguirlo o están interesados en conocer hasta dónde pueden llegar las llamas.
Algo extraño sucede en Nuevo León.
La rebelión de Tatiana Clouthier, Andrés Mijes y Waldo Fernández contra la eventual candidatura de Clara Luz Flores a la gubernatura dejó de ser una inconformidad doméstica para convertirse en un desafío abierto a las decisiones tomadas desde el centro del país.
Lo verdaderamente interesante no es la rebelión, sino la ausencia de quienes deberían sofocarla.
Nadie llega desde la Ciudad de México para imponer disciplina. Tampoco convocan a los inconformes para recordarles quién manda.
Ariadna Montiel y Alejandro Murat, tan acostumbrados a repartir instrucciones y regaños, parecen haber extraviado las ganas de poner orden.
Y Rosa Icela Rodríguez, quien habría peleado intensamente por posicionar a Clara Luz, incluso buscando respaldos en Palenque, tampoco muestra demasiado interés en resolver el conflicto.
¿Descuido, impotencia o consentimiento?
Porque cuesta trabajo imaginar que una rebelión de semejante tamaño transcurra sin consecuencias en un movimiento político donde la disciplina suele confundirse con obediencia absoluta.
Pero hay otro detalle.
El Partido Verde insiste en explorar una ruta independiente de Morena para las elecciones de 2027. Y entre los posibles beneficiarios aparecen precisamente algunos de los inconformes: Waldo Fernández, Andrés Mijes y hasta Tatiana Clouthier.
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Una coincidencia demasiado conveniente.
El argumento verde es proteger su registro y su propia fuerza electoral. Nada extraordinario. Los partidos pequeños saben que las alianzas pueden proporcionar posiciones de gobierno, pero también convertirse en una lenta forma de desaparición política.
Sin embargo, quizá la explicación no sea exclusivamente electoral.
Vale la pena observar lo que sucede más allá de nuestras fronteras.
Estados Unidos ha endurecido sus acciones contra estructuras financieras y personajes señalados por presuntos vínculos con organizaciones criminales. Y uno de los aspectos más delicados de las investigaciones recientes es la posible utilización de recursos del narcotráfico para financiar campañas políticas.
De ahí surge una pregunta incómoda.
¿Qué sucedería si esas investigaciones alcanzaran a personajes relevantes de Morena?
No hablamos de una amenaza demostrada contra el registro del partido. Mucho menos de una sentencia anticipada. Pero las sanciones financieras, las investigaciones y sus consecuencias políticas pueden resultar devastadoras para cualquier organización que haya construido su predominio alrededor de una sola marca.
Y si la marca comienza a contaminarse, siempre será conveniente disponer de otra.
¿Podría ser el Partido Verde una especie de salvavidas político ante eventuales tormentas?
Es una hipótesis. Nada más. Pero tampoco sería la primera ocasión en que los políticos preparan sus rutas de escape antes de reconocer públicamente que existe algún peligro.
Hay una segunda posibilidad, todavía más interesante.
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Que Claudia Sheinbaum esté explorando, discretamente, la construcción de una fuerza electoral propia, menos dependiente de las estructuras heredadas de Andrés Manuel López Obrador.
Porque una cosa es ocupar la Presidencia de la República y otra, muy diferente, ejercer plenamente el mando político sobre un movimiento construido a la medida de su fundador.
Morena nació alrededor de López Obrador. Sus principales grupos, compromisos, lealtades y mecanismos de control tienen origen en el obradorismo.
Sheinbaum heredó el poder presidencial, pero también esas estructuras.
Y gobernar con una organización prestada implica aceptar que otros conserven las llaves.
En ese escenario, el Verde podría convertirse en una herramienta de negociación, un espacio para construir nuevas lealtades y, llegado el momento, una alternativa frente a los grupos que todavía miran hacia Palenque antes de tomar determinadas decisiones.
No necesariamente significaría una ruptura inmediata con Morena. Sería más útil mantener dos puertas abiertas que cerrar una para entrar por la otra.
¿Y dónde se podría ensayar semejante operación?
En Nuevo León, por supuesto.
Una entidad económicamente poderosa, con un electorado competitivo, estructuras políticas fragmentadas y una contienda por la gubernatura donde ninguna fuerza tiene garantizada la victoria.
Además, el conflicto interno ofrece condiciones casi ideales para medir hasta dónde puede crecer una candidatura cobijada por el Verde sin depender de la estructura morenista.
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Si el experimento funciona, podría repetirse en otras entidades.
Si fracasa, siempre podrán atribuirlo a los desacuerdos locales, a las ambiciones personales o a las encuestas que nadie termina de explicar.
Así funciona la política. Los éxitos tienen muchos autores y los fracasos suelen quedarse huérfanos.
Desde luego, existe una explicación menos sofisticada: que Morena simplemente haya perdido capacidad para disciplinar a sus propios aspirantes y que el Verde únicamente esté defendiendo sus intereses.
Pero sería un error descartar las otras posibilidades.
Especialmente cuando la presidenta enfrenta el complicado desafío de construir una identidad política propia sin provocar una ruptura abierta con el lopezobradorismo.
Al final, quizá la disputa no sea solamente por la gubernatura de Nuevo León.
Tal vez lo que estamos observando sea un ensayo sobre cómo sobrevivir políticamente cuando cambien las circunstancias nacionales, aumenten las presiones desde Washington o el poder presidencial decida emanciparse de su propio origen.
Por ahora, Clara Luz tiene el respaldo de la designación oficial, sus adversarios conservan la rebeldía y el Partido Verde mantiene abierta la puerta.
Mientras tanto, desde el centro nadie parece tener demasiada prisa por poner orden.
Y ése es precisamente el detalle que merece mayor atención.
Porque cuando los encargados de apagar el incendio se limitan a observarlo, cabe preguntarse si alguien, desde arriba, está interesado en conocer qué puede construirse sobre las cenizas.
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