InicioJosé Luis ParraEl otro Mundial

El otro Mundial

José Luis Parra

 

Terminó el sueño mundialista. México cayó ante Inglaterra y volvió a cumplirse aquella vieja sentencia que tanto duele: jugamos como nunca, perdimos como siempre.

Pero quizá la derrota dejó una victoria mucho más importante que todavía no alcanzamos a dimensionar.

Durante días, un país polarizado por la política, las redes sociales, las ideologías y los resentimientos encontró un punto de coincidencia. Millones de mexicanos vistieron los mismos colores, gritaron el mismo gol, compartieron la misma esperanza y hasta sufrieron la misma decepción. Nadie preguntó por credenciales partidistas. Nadie pidió identificación ideológica para abrazar el sueño.

Por unas horas existió algo que parecía extraviado: la unidad.
Y entonces apareció una pregunta tan sencilla como incómoda.

La Iglesia católica la formuló en el editorial “¿Y si sí?” del semanario Desde la Fe. ¿Por qué somos capaces de creer que México puede ganar un Mundial, pero no creemos que pueda reconstruirse como país?

La pregunta merece ser tomada en serio.

Porque llevamos años convencidos de que la violencia ya no tiene remedio, de que las desapariciones seguirán aumentando, de que las familias continuarán fracturándose y de que la política está condenada a dividirnos permanentemente.

Nos resignamos demasiado rápido.
En cambio, cuando rueda un balón, todo parece posible.

Sacerdotes de distintas regiones del país promovieron entre sus comunidades el apoyo a la Selección Nacional. Podrá parecer un gesto simbólico, pero los grandes cambios suelen comenzar precisamente así: con símbolos capaces de despertar una emoción colectiva.

Tal vez, sin proponérselo, la Iglesia puso en marcha un pequeño experimento social.

Si millones pudieron unirse alrededor de once futbolistas, ¿por qué no intentar hacerlo alrededor de un proyecto nacional?

Claro que reconstruir un país exige mucho más que noventa minutos de entusiasmo. Requiere liderazgo, instituciones fuertes, participación ciudadana y voluntad política. También demanda una fuerza social capaz de dejar de ver enemigos donde solamente hay mexicanos pensando distinto.

Suena ingenuo.

También sonaba ingenuo pensar que México podía avanzar en un Mundial.
La diferencia es que el futbol termina con el silbatazo final.
La reconstrucción del país apenas podría comenzar.
La fe, dicen, mueve montañas.

¿Y si sí?

ARTÍCULOS RELACIONADOS

LO MÁS LEÍDO