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Los dólares de Morena

José Luis Parra

 

Gibrán Ramírez abrió una puerta que en Morena seguramente preferirían mantener cerrada con tres candados.

El hoy diputado federal de Movimiento Ciudadano, fundador de Morena y alguna vez aspirante a dirigir ese partido, asegura que la cúpula morenista sabía que en las campañas de 2021 circulaba dinero al margen de la ley.

No acusa desde la banqueta.
Estaba adentro.

Y precisamente por eso sus palabras pesan más, aunque también debe decirse lo elemental: Gibrán no presentó documentos, transferencias bancarias, recibos ni una maleta olvidada en algún aeropuerto.

Presentó testimonios.

Uno de ellos parece sacado de una comedia política mexicana, si no fuera porque el asunto es demasiado serio.

Según Ramírez, una entonces diputada fue enviada a San Pedro Garza García a recoger recursos para campaña y después preguntó si el INE entregaba dinero en dólares.

No, compañera.

El INE no acostumbra financiar campañas con billetes verdes entregados quién sabe por quién y quién sabe para qué.

Hasta ahí llega el sarcasmo.
Porque después viene lo verdaderamente preocupante.

Gibrán sostiene que ese tipo de financiamiento comenzó a normalizarse dentro de Morena hasta llegar a cantidades mucho mayores y, según su dicho, patentemente ilegales.

Aquí aparece Sergio Carmona, el llamado Rey del Huachicol, asesinado en noviembre de 2021 en San Pedro Garza García.

Y también Mario Delgado.

Ramírez señala que durante aquellas campañas mucha gente comenzó a escuchar sobre Carmona y su relación con quien entonces dirigía nacionalmente a Morena.

Otra vez: señalamiento no significa sentencia.

Mario Delgado ha negado anteriormente cualquier investigación o relación ilegal vinculada con Carmona.

Pero el fantasma sigue apareciendo.

Y cuando un muerto empieza a aparecer demasiadas veces alrededor de distintas historias políticas, el problema ya no es únicamente del muerto.

También es de los vivos.

Diversas publicaciones periodísticas han referido viajes de Delgado en aeronaves propiedad de Carmona y versiones sobre un supuesto financiamiento político.

Nada de esto, por sí solo, prueba un delito.

Pero tampoco ayuda mucho esconder todo debajo de la alfombra y gritar que son ataques de los adversarios.

Porque la acusación de Gibrán toca un punto bastante más profundo que Mario Delgado.

El financiamiento de la política mexicana.

Ramírez pone un ejemplo brutalmente sencillo: una campaña municipal con un tope legal cercano al millón de pesos que, según políticos de la zona, necesitaría alrededor de 20 millones para realmente competir.

Entonces tenemos un pequeño problema matemático.

Si legalmente puedes gastar uno, pero necesitas veinte, alguien tendrá que poner los otros diecinueve.

Y difícilmente será la tanda de la colonia.

Ese agujero entre lo legal y lo real es precisamente donde pueden entrar empresarios, contratistas, gobiernos, prestanombres y, claro, organizaciones criminales.

Después todos se sorprenden.
Qué barbaridad.
Cómo pudo pasar.
Nadie sabía nada.

La política mexicana tiene desde hace años una maravillosa capacidad para descubrir cadáveres después de haber convivido meses con el olor.

Gibrán asegura que ese fue su punto de quiebre con Morena.

“Cuando por pragmatismo electoral te vas hasta el fondo con la economía criminal, ya no hay retorno”, dijo.

Frase dura.
Pero más duro sería comprobarla.

Porque entonces ya no estaríamos hablando solamente de políticos recibiendo dinero ilegal.

Estaríamos hablando de poderes criminales invirtiendo en candidatos.

Y nadie invierte millones por filantropía.
Mucho menos los criminales.
Toda inversión exige rendimiento.
Una obra.
Una aduana.
Una policía distraída.
Una candidatura futura.

O simplemente que alguien conteste el teléfono cuando sea necesario.

Por eso lo verdaderamente importante de las declaraciones de Gibrán Ramírez no es saber si ahora está en Movimiento Ciudadano, si terminó peleado con Morena o si guarda algún resentimiento.

Eso forma parte del folclor partidista.

Lo importante es investigar si lo que dice ocurrió.

Nombres.
Montos.
Fechas.
Cuentas.
Aviones.
Empresas.
Campañas.
Y responsables.

Que intervengan las autoridades correspondientes y determinen si hay elementos para investigar.

Porque también sería demasiado cómodo convertir una entrevista periodística en sentencia definitiva.

En este país hemos visto suficientes acusaciones políticas utilizadas como armas para entender la diferencia.

Pero igualmente sería irresponsable aplicar la vieja receta:

Negar todo.
Descalificar al mensajero.
Esperar unos días.
Y confiar en que aparezca otro escándalo.
Morena llegó al poder prometiendo no ser igual.
Ahí está precisamente el tamaño del problema.

Un priista acusado de recibir dinero oscuro difícilmente sorprende a estas alturas.

Un partido construido alrededor del discurso de la regeneración nacional tiene mucho más que explicar.

Sobre todo cuando uno de sus propios fundadores afirma que vio cómo aquello comenzaba a pudrirse desde dentro.

Quizá Gibrán tenga pruebas suficientes.
Quizá no.
Por ahora tiene dichos.
Pero algunos dichos merecen investigación.

Porque si aquel dinero existió, la pregunta no termina en quién lo recibió.

La verdadera pregunta es:

¿Qué compró?

Y quizá ahí empiece el verdadero problema.

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