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El realista Juan Manuel invocaba los Diez Mandamientos para tratar de exhibir al independentista Gervasio como partidario de una lucha religiosa

Rodolfo Villarreal Ríos

 

La semana anterior, dejamos en puntos suspensivos la conclusión del intercambio epistolar sostenido entre un par de personajes que no encontraremos en los libros de historia, pero que, supuestamente, desde la trinchera defendían con las armas su punto de vista respectivo.  Se trata de lo relacionado con la misiva, publicada en La Gaceta del Gobierno de México, que el comandante del Obrajuelo, José Manuel García Ramírez, sargento del regimiento provincial de dragones de la Sierra Gorda, envió como respuesta al capitán de un grupo de Insurgentes, Gervasio Vázquez, quien le proponía, ultimátum incluido, asociarse con quienes buscaban la Independencia. Si bien la oferta de Gervasio no era de lo más cordial, la contestación de José Manuel fue un acto que lo mismo puede calificarse de lealtad, rastrerismo hacia sus superiores, fanatismo religioso o de tratar de demostrar que aprendió muy bien sus lecciones en el catecismo sin atreverse a cuestionar nada. Veamos como García utilizó los Diez Mandamientos para defender a la corona española y al gobierno que de ella emanaba en la Nueva España bajo la premisa de que la insurrección tenía un carácter puramente religioso.

Iniciaba su perorata-sermón cuando señalaba: “Bien entendido está el primer mandamiento que dice, que es amar a Dios sobre todas las cosas, querer antes perderlas que ofenderle; y vds. [ustedes] dicen en los suyos, antes agarrarlas que perderlas, aunque ofendamos a Dios y nos lleve el diablo”. La perspectiva de García era muy elástica hasta el grado de relacionar la lealtad a El Gran Arquitecto con los actos de pillaje de bienes materiales. Y con respecto a esto último, olvidaba que eso era aplicable para ambos bandos. En las luchas armadas, el robo no distingue grupos y nadie se salva de, en un momento determinado, actuar como un truhan.

Sin embargo, estaba dispuesto a dejar bien cimentado el objeto de sus lealtades. Así, invocaba que “…el segundo [mandamiento] nos manda no ser perjuros, ¿no juramos todos guardarle fidelidad a nuestro amado rey Fernando 7º? Se la han guardado al revés”. A este realista se le obnubilaba el seso pues, hasta dónde recordamos el mandamiento en cuestión señala que: “No tomarás el nombre de Dios en vano”, y eso no tenía nada que ver con apalabrar lealtades hacia el Borbón de entonces.

Con referencia al tercer mandamiento indicaba: “¿Qué bien santifican las fiestas, en las montañas, pues les han quitado las cuevas para sus templos a las fieras, donde siempre están maquinando, en lugar de hacer oración, para salir a hacer presa como los lobos al inocente cordero? Gran respeto tienen a los templos y a las censuras de la Iglesia, pues se han tragado todas las excomuniones como se tragan las terneras”. La curia lanzaba excomuniones a diestra y siniestra, pero nada tenían que ver con ofensas a la religión. Su origen era puramente político para defender el estatus quo. Así que, la reacción era tal cual.

Envuelto ya en defensor sacrosanto de su Iglesia Católica, García seguía con el cuarto mandamiento, encapsulando su argumento en tres preguntas. “¿Qué bien respetan vds. a sus mayores? ¿Han obedecido a la Iglesia, [ya lo vimos en el tercero] a los predicadores del Evangelio, que quieren anularlos porque saben mucho? ¿Al gobierno, queriéndolo destruir y seduciendo a los buenos para que sigan la ley del libertinaje? Está bien entendido el cuarto”. Pues no, en el argumento de García estaba ausente aquello de “Honrarás a tu padre y a tu madre”. Eso de querer extrapolar asuntos filiales hasta la curia y los gobernantes es estirar mucho la liga. Los Insurgentes nunca declararon una guerra santa, ni renegaron de sus creencias religiosas, simplemente buscaban una nueva forma de gobierno fincada en estas sus tierras y no uno dependiente de un poder a miles de kilómetros. Y eso, nada tenía que ver con lealtades hacia los progenitores.

Al referirse al quinto mandamiento, iniciaba citándolo, “no matarás”. Y de ahí, se arrancaba para justificar quien tenía o no justificación para quitar la vida a otro. Acorde con su perspectiva, “poco tengo que decir en esto, matan vds. al prójimo con la autoridad de Satanás, cuando ningún particular puede quitar la vida a otro, sólo el rey, y los que gobiernan puestos por él, al delincuente; pero se nos ha vuelto la baraja reyes, y no sólo la gente se queja de que vds. les quitan la vida, sino también los caballos, mulas, burros y demás animales, y aun las fieras que antes habitaban en los montes que por haberles quitado sus cavernas las han matado”. Singular la forma en que un católico rechazaba y justificaba privar de la vida a otra persona. Y lo de las quejas de los animales irracionales, vaya sorpresa al enterarnos de que por las tierras de la Nueva España ya paseaba el Dr. Dolittle quien entablaba charla con aquellos seres quejumbrosos de cuatro patas.

Y al llegar al sexto mandamiento, no fornicarás, al sargento García se le apagó un ojo y solamente veía lo que sucedía en un frente de los contendientes. Aseguraba: “pienso que sólo las peñas se les han escapado, pues de gentes no hay para vds. ni casada, doncella, viuda, ni soltera, y aun las enclaustradas no están seguras, como fui testigo en el año 1811 en Irapuato, que fui prisionero cuando entraron con un fraile dominico y el padre Garcilita, que querían que abrieran el convento de monjas para que le dieran al mundo lo que era suyo, impidiéndolo los buenos sacerdotes que se pusieron en las puertas del convento a dar sus vidas antes que permitirlo, y queriendo atropellar las imágenes de Cristo que tenían en sus manos, y aun habiendo salido el Señor Sacramentado le apuntó uno con una carabina que no dio fuego, por lo que el delincuente habiéndose presentado en la primera entrada que hicieron nuestras tropas fue cogido y pasado por las armas”. Ni quien vaya a festinar eso de querer aprovecharse de las damas, independientemente de la actividad que desarrollen. El Realista, sin embargo, olvidó de mencionar los abusos que sufrían, intramuros, muchas de esas mujeres a manos de sujetos que se decían estar en olor a santidad.

En relación con el séptimo mandamiento, no hurtarás, refería que solamente les faltaban “las estrellas del cielo, porqué bienes de la tierra no se les han escapado ni los sagrados”. ¿A cuáles bienes se referiría con estos últimos, a los que acumulaba la curia?

El octavo, no darás falso testimonio contra tu prójimo, el comandante del Obrajuelo buscaba que no quedara duda de a quien le era leal y preguntaba: “¿Qué otra cosa es lo que vds. andan haciendo sino levantando crímenes al gobierno legítimo, y a los buenos vasallos de nuestro amado rey, diciendo que son judíos, franceses que hacen caballerizas en los templos, que han puesto los bautismos a 25 pesos para que nadie se bautice? ¿No es esto mentira, no es testimonio?… El bautismo no lo quieren, pues basta que lo hayan traído los gachupines. De los demás sacramentos es lo mismo, ya éstos para vds, no valen y sólo si los del cura Morelos, el Dr. Cos y otros varios apóstatas pícaros que entre nosotros no podían soltar la rienda de sus vicios y ahora se les presentó la ocasión para descubrir su veneno en sus papeles falsos y embusteros con que guardan el octavo mandamiento”. Acorde con García, los sacramentos válidos solamente podían ser impartidos por los sacerdotes partidarios de la corona.

Acerca del noveno, no desearás la mujer de tu prójimo, mencionaba que “no hay que decir, pues no desean la mujer del prójimo porque todas se las han cogido [tal cual, en el texto original, no vayan a creer que ya le entramos al lenguaje de mecapalero] y así no las desean”. Seguramente el tal Juan Manuel desconocía que había por ahí un militar realista de nombre Agustín Cosme Damián quien practicaba esas artes con frenesí singular.

El décimo, no codiciarás los bienes ajenos, “sucede lo mismo que todo se lo han apropiado para sí y aun llega a tanto su codicia que cada uno trae un reino de la América en su corazón”. En eso de agenciarse lo perteneciente a otros, pues como aquello de “el comal, le dijo a la olla”.

Para cerrar, tal vez en busca de que le colocarán alguna medallita por su sapiencia, cuestionable, en la materia, García Ramírez les restregó “…bien entendido tienen los mandamientos, pues dicen que los europeos anduvieron tan pródigos en darles la religión que hasta se han quedado sin ella. Yo digo que se han quedado con ella y que vds. se han apropiado los vicios y hacen lo contrario de lo que provienen los mandamientos”.  Al dar a conocer este escrito, el objetivo de las autoridades virreinales era vender que la lucha por la Independencia estaba motivada por asuntos religiosos y no por anhelos de libertad. Mientras otorgaban voz a un sargento desconocido trataban de hacer creer que hasta los más humildes soldados eran fieles de que el yugo permaneciera. A la perorata, sin embargo, aún le quedaba cuerda.

Imbuido de quien sabe que elixir espirituoso, al casi desconocido sargento del regimiento provincial de dragones de la Sierra Gorda, le entró por querer mostrarse en estado de santidad y escribió: “He concluido en hacerle ver a vd. y a todos los de su clase las inequidades, dando gracias al cielo de que no me ha negado hasta ahora las luces para que no me deje seducir de unos brutos montaraces, que no les ha quedado más que la señal de cristianos. ¿Qué sería de mí si yo me creyera verme sometido a un vaquero que no sabe ni persignarse, reconocer por mi [j]efe a un hombre que apenas sabe discernir lo malo de lo bueno, [j]inetear en mulas y agarrarle la cola a un toro? ¿No sería más bruto que usted mismo…?” Una vez descargada la bilis, procedió a reflexionar sobre lo afortunado que era.

“¿Para qué quería yo más infierno, ni podría Dios mandarme mayor castigo que ese, pues teniendo jefes que sólo su presencia infunde respeto por su nobleza, religión, y caridad para destruir los vicios, me fuera yo a meter como la gallina que buscando su sustento avienta con los pies las piedras preciosas y recoge con el pico las inmundicias y las lombrices? Pero aún no estoy de[j]ado de la mano de Dios para cometer semejante atentado”. Vaya descubrimiento, las aves de corral tenían pies, las piedras preciosas eran comestibles y tipejos del calibre de Calleja e Iturbide, por citar solamente dos, eran ejemplo de nobleza y caridad.

“Por último en cuanto a las amenazas de que me aniquilará y destruirá sino admito sus ofertas inicuas, su paz fingida para que fuera mi última ruina; digo que disculpo a vd. pues su misma cobardía lo hace prorrumpir de esa manera, vengan cuantos rebeldes quieran sobre mí, que semejante chusma se espanta como a las moscas con una cola sacudida. {¿Sería que el tal Juan Manuel portaba rabo?] Nada me amedrenta, ni me quita la tranquilidad que gozo en mi conciencia estando ba[j]o las banderas españolas; antes eso me infunde ánimo y valor, sin hipocresía como la vds. que veneran a la patrona americana y con esa confianza le roban y destruyen sus obras pías como que es madre de los americanos y por eso se creen con derecho recibir cada uno su tutela”. Y dale con presentar aquella lucha como una en la cual asuntos religiosos la motivaran.

“Acabo de encargarle a vd. no se tome la molestia de escribirme, pues no quiero su amistad porque me resultaría de ella mi deshonra. Tire vd. como quiera, entendido que no quiero mi última ruina, como le sucedió al comandante incauto de Chamacuero, ni me comunico con pícaros, bandidos, altaneros y rebeldes como vd. y todos sus aliados y confidentes. Páselo vd. cómo le parezca y mande con la confianza que puede a todos sus compañeros. Es de vd. su contrario…”. Como si no fuera evidente tras de leer el texto previo.

Como se puede inferir de la lectura, Calleja y compañía recurrían al recurso de querer presentar la lucha por la creación de una nación nueva como si se tratara de un asunto de diferencias en cuanto a interpretación de la relación con El Gran Arquitecto. Toda una falacia, ni Hidalgo, ni Morelos, ni ninguno de los otros líderes independentistas renegaron de sus creencias religiosas fundadas en el catolicismo. Nunca propusieron que la religión católica dejara de ser la oficial. En esto último discrepamos, pero entendemos que esa era la perspectiva imperante hace más de dos centurias.

Estábamos por concluir el escrito cuando nos llegó un comentario de nuestro amigo y lector asiduo, el político hidalguense don César Jiménez Ortiz, quien respecto al contenido del primero de estos dos artículos nos mencionaba las dudas que le surgían al leer textos tan pulcros si se toma en cuenta el nivel educativo de la mayoría de la población de entonces.  Ante ello, concluía: “…Esta lectura tiene un mensaje que bien podría ser intemporal, de ahí que su servidor de inmediato con apoyo en el adjetivo anterior, elucubra que esa correspondencia epistolar entre [esos] dos seres…es producto de que seguramente los milites, fueron creados en el escritorio de los sótanos del palacio virreinal, por uno de “los padres” de los actuales comunicadores, quienes diariamente aceitan… a los medios de comunicación, proclives a difundir la orientación ideológica necesaria a sus actos de gobierno, como seguramente desde antaño, ya lo hacían las publicaciones como la que en esta ocasión, se nos relata en La Gaceta de México”.

Tales palabras nos llevaron a la reflexión y, tras de leer y releer esta perspectiva, terminamos por coincidir con su opinión. En consecuencia, podríamos  afirmar que el espíritu de Calleja y los milites de antaño mora, en estos días, en los sótanos de otro palacio desde dónde un heraldo da a conocer la crónica que se emite en un rango que va desde una jornada hasta un milenio. ¿Coincide usted con ello lector amable o estima que nuestro amigo hidalguense y este escribidor andamos de exagerados al pensar que el tal Juan Manuel y Gervasio no eran sino dos seres etéreos? vimarisch53@hotmail.com

Añadido (26.40.129) ¿En verdad estiman que la pobreza se disminuye al elevar los salarios sin que vayan acompañados de un aumento en la productividad? ¿Alguien puede creer que la inflación se controla con machincuepas estadísticas? ¿Desde cuándo la dádiva gubernamental genera valor agregado e incrementa, de manera real, el nivel de vida de alguien? ¿Acaso es sinónimo de mejora en las condiciones de existencia tener servicios de salud de calidad ínfima? ¿Deveras contar con un sistema de educación pública paupérrima ayuda a consolidar un futuro mejor? ¿A poco nos van a decir que una economía está boyante cuando el 60 por ciento del empleo se genera en la economía informal?

¿Quién pude creer que la situación económica de un país luce esplendorosa cuando la deuda pública representa más del 50 por ciento del PIB? ¿Por qué continúan con la engañifa del FOBAPROA si gracias a éste se salvó el sistema bancario y los ahorros de todos los mexicanos, además de evitar el colapso del sistema productivo y el empleo? ¿Alguien les ha recordado que el sistema judicial debe de estar integrado por expertos y generar certeza de que se vive bajo un estado de derecho? Sí, las cifras relacionadas con el nivel de pobreza de finales de la segunda mitad de los 1990s pueden lucir mayores que las de ahora, pero recordemos que entonces BANXICO e INEGI emitían datos reales y no eran fábricas de Max Factor. Por cierto, en aquel tiempo la economía creció a una tasa promedio anual de 3. 4 por ciento y en el año 2000, alcanzó una de 6.6 por ciento. En cuanto a los debatientes, todos conocemos su nivel. Uno, desde entonces, es jugador de Grandes Ligas, El otro, apenas compite en los campos terregosos de la Liga del Compadre.

Añadido (26.40.130) “La mujer del César no sólo tiene que serlo sino parecerlo”. Pues, por lo pronto, la de Pedrito el españolito no lo parece y, al paso que va, tampoco podrá serlo.

Añadido (26.40.131) A la par de los mensajes que la dirigencia del Partido del Trabajo envía a Morena, en el fondo, se escuchan los compases interpretados por Lara acompañados por aquello de “Da el precio del dolor, a [mi] pasado/ Y aquel, que de [mi] boca, la miel quiera/ Que pague con brillantes [mi] pecado…”

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