ENTRESEMANA
“Y así como siento ahora el hueco que has dejado/ Quizás llegada la hora vuelva a sentirte a mi lado…” Presuntos implicados
MOISÉS SÁNCHEZ LIMÓN
Los mariachis callaron; el idílico contubernio se agotó.
Sí, como novela de terror cuyo último capítulo dista de estar escrito en este podrido juego del poder. ¿Y qué de los sinaloenses en este territorio donde repta el miedo?
¡Ah!, oportunamente se enfermó la Princesa Caramelo, cuando Rubén Rocha Moya la exhibió ayuna de control del poder, pero a modo de karma ella lo dejó a su suerte. ¡Papelazo! ¿Dónde anda el Santo Niño de Tepetitán?
Señoras y señores, que no les digan, que no les cuenten. Los ajustes, la vendetta, las complicidades ocurren con eufemismos justicieros y demócratas, aullidos que echan la culpa a la canija prensa, la no maiceada por supuesto y, ¡joder!, hasta la ultraderecha sale raspada.
¡Qué se chingue!, fue la libre interpretación de la frase presidencial “es lo mejor para Sinaloa”, respecto de la nueva solicitud de licencia de Rocha al gobierno del estado “libre y soberano” de Sinaloa que, desde ayer martes, con carácter de interinato, es responsabilidad de doña Graciela Domínguez Nava.
¡Caray!, el cubrebocas evitó ver la hermosa sonrisa –Trump dixit– de la ingeniera presidenta, quien reapareció físicamente dos días después del viernes del desencuentro, el domingo 23, en un acto bajo el plomizo cielo chilango con la bien vestida jefa de Gobierno Clara Brugada.
Y con brevísima declaración descobijó a Rocha Moya…
Sí, al amigazo de ella y de Andrés Manuel López Obrador, usted debe recordar cuando ambos le levantaron el brazo días antes de que ella rindiera protesta como la primera presidenta de México y, él, dejara su espacio virreinal en Palacio, que no el poder.
Ambos uña y mugre del prístino y honesto Rocha Moya, quien públicamente declaró su proclividad a asociarse con el crimen organizado, sí, el ex rector de la UAS, cuasi hermano de quien lo hizo gobernador, es decir, Andrés Manuel López Obrador, el jefe de jefes, el Duce que opera, ¿a poco no?, como mala copia del Caudillo Plutarco Elías Calles. Ni a los tobillos le llega.
¡Ajajá! Y los morenos de pedigrí, dueños del poder junto con la dilecta dirigencia formal de Morena, se asumieron justicieros, desprovistos de rubor olvidaron aquellos gritos y desplegados cuando el 24 de octubre de 2024 arroparon a Rocha Moya.
¡No estás solo! ¡No estás solo!, le gritaron en la reunión celebrada en el Salón Verde del Palacio Legislativo de San Lázaro. Rocha Moya bajo sospecha de haber colaborado en la entrega de Ismael “El Mayo” Zambada, el 25 de julio de 2024, en contubernio con el ahijado de éste, Joaquín Guzmán López.
Y de ahí en adelante el doctor Rocha Moya se dejó consentir en la burda complicidad disfrazada de demanda de pruebas, como urgía la Princesa Caramelo, para poder detener y entregar al que, a partir del 1 de mayo de 2026, se había convertido en gobernador con licencia requerido por la autoridad judicial de Estados Unidos.
¿Dónde están las pruebas?, preguntaba y exigía la ingeniera presidenta para atender la acusación formal y solicitud de captura con fines de extradición hecha por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos y la Fiscalía Federal para el Distrito Sur de Nueva York, el 29 de abril de 2026 cuando se conoció que junto con Moya se requería a otros nueve funcionarios y ex funcionarios de su gobierno.
Conspiración, narcotráfico, tráfico de armas y presuntos vínculos o protección al Cártel de Sinaloa fueron los cargos imputados por la autoridad judicial estadunidense contra Rocha y coacusados. Pero desde Palacio Nacional se tendió el manto protector al doctor Rocha.
¡Narcogobernador!
Y la jauría guinda desatada, con ñoña campaña propagandística para lavar la cara al jefe de la Mafia del Joder y al junior que procedió con soberbia y pendejez, en la pueril idea de que tomando por asalto las redes sociales el pueblo bueno asumiría la versión de que todo es culpa de la chingada ultraderecha.
Bueno. Hasta que, el viernes 21 de agosto, ¿asesorado por ti, primo hermano?, el gobernador de Sinaloa con licencia, con desparpajo reasumió el mando entre mentadas de madre y ausencia de rubor.
Verdad de Perogrullo reza la conseja popular: en México no se mueve ni una sola hoja sin el conocimiento y consentimiento del Presidente de la República, hoy Presidenta. Y que nadie, nadie señora presidenta, se llame a sorpresa ni sufra amnesia selectiva, praxis que a los nuevos dueños del poder encanta.
Usted, usted y ustedes recordarán o les recuerdo que, aquel 28 de septiembre de 2019, en Guachochi, Chihuahua, cuando lucía una tiara roja, Su Alteza Serenísima sostuvo que “el presidente de México se entera de todo y no hay un negocio jugoso que se haga sin el visto bueno del presidente, para que quede claro: si hacen una transa grande, grande, grande es porque el presidente lo permitió…”.
Y, bueno, súmele en esta tarea de saber y desconocer y llamarse a engaño, cuando Rocha Moya escenificaba su papelazo como marido ninguneado, la ingeniera Sheinbaum Pardo declaró en sus redes:
“Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación. Y mucho menos cuando aquello que se pretende colocar por encima de México no es el bienestar de su gente, sino la ambición desnuda del poder por el poder. Porque el poder sin principios se vuelve arrogancia; el poder sin límites, abuso; y el poder que olvida al pueblo, termina enfrentándose a la historia (…)”.
¡Larga vida, a la señora presidenta!, diría el lingüista Gerardo Fernández Noroña, fiel a pie juntillas en apego a la palabra de la Princesa Caramelo:
“El Pueblo no está para alimentar ambiciones personales: está para exigir que se defienda su dignidad, su futuro y su esperanza. Por encima de cualquier nombre, de cualquier grupo y de cualquier interés particular, está el pueblo y la Nación”. Interesante rollo patriotero de quien está a punto de romper en llanto y envolverse en el lábaro patrio para lanzarse desde la orilla de la banqueta en pleno Zócalo.
¿Usted le cree a la ingeniera presidenta? ¡Yo tampoco! El daño estaba hecho y Ricardo Monreal, coordinador de la diputación federal de Morena, acusó:
“Me parece que no debemos permitir que sean afectadas otras personas por una decisión propia y que, aún con este movimiento y este gran cisma que ha generado, se tiene que aclarar que la presidenta de la República, que el Estado mexicano, no permitiría, ni tampoco jugaría a un tipo de movimientos como el que se dio hoy por la mañana”.
Cisma es ruptura, ¡válgame Todos los Santos!, y ocurre en Morena. Y ¡vaya que lo hay, por más que los jilgueros del partidazo nieguen la realidad de este capítulo de la historia macabra del morenato.
Por eso, por eso. Rocha Moya llevó a la ingeniera presidenta al ridículo, el papelazo de quien se presume sabe todo lo que ocurre en el país. Por eso es la presidenta, Comandanta en jefe de las Fuerzas Armadas, jefa del grupo en el poder. Pero ¿la engaño el Duce?
“Yo me enteré por el… la publicación del propio gobernador, no tuve ningún conocimiento previo de que él quisiera regresar a ejercer sus funciones en el estado de Sinaloa. La verdad, no me parecía pertinente, por decir lo menos”, admitió la Princesa Caramelo en vivo y en directo ante millones y millones de televidentes que siguen puntalmente a la mañanera del bienestar. No se ría, porfis.
¡Ah!, pero asume, para no variar, que Rocha Moya igual no le informó que volvería a pedir licencia. ¡Chale!
Y cuando se le insiste que “es bastante incertidumbre para la población de Sinaloa…”, la señora presidenta ataja:
“Hoy le pregunté al General secretario: “¿cuántos efectivos tenemos en Sinaloa?”. Son 15 mil efectivos, del Ejército, de la Guardia Nacional; hay mil 500 efectivos de la Secretaría de Marina, particularmente en Mazatlán”. ¿Y?
–¿El tema del gobernador Rocha? ¿Es un aliado del Presidente López Obrador? –le preguntan.
—No, no, no –Sheinbaum apresura la respuesta– Por cierto –agrega–, ¿no?, que dicen que “López Obrador le dijo a Rocha que regresara”. Y no, es que la política ficción —vamos a llamarle así, porque de “ciencia” no tiene nada—, la política ficción está en la orden del día.
¿Ficción? Insisto porfis, no te rías, Drakko. Digo.
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