* La toma del poder, el deseo de convertir en realidad la cuarta transformación, se dio en un camino sinaloense, cuando quien ya se ostentaba como presidente constitucional de México, espera el milagro terreno de la aparición de María Consuelo Loera Pérez. Lo demás, antes y después, es parafernalia política
Gregorio Ortega Molina
La última propuesta inteligente formulada desde la oposición, se la escuché a Manlio Fabio Beltrones, al proponer la reforma idónea para México: el presidencialismo parlamentario, pero ganó Televisa e impuso a Enrique Peña Nieto y las secuelas de lo que hoy padecemos. Estamos ante la otra cara de la verdad histórica.
La Asamblea del PRI de esa época es corresponsable de que la 4T haya llegado al Poder Ejecutivo y -de hecho- haya disuelto la República para adueñarse de las instituciones que dieron sentido a la Constitución, la separación de Poderes y un proyecto de nación que ya no será. Todo inició con la anulación del AICM. Impedir su culminación forma parte de un proyecto transnacional que anuló nuestro presente y canceló toda aspiración de futuro.
Ante el impetuoso avance de la logomaquia de la 4T, las acusaciones públicas, las difamaciones y la desaparición de instituciones clave, como el INAI, la oposición perdió ímpetu, olvidó que alguna vez fue inteligente, y se auto anuló. Sin más explicación que el temor o miedo de sus integrantes, ante la muy previsible confirmación de lo aseverado por Miguel de la Madrid Hurtado: la corrupción es el lubricante que mueve los engranajes del sistema.
¿Dónde el otrora poderoso Emilio Gamboa Patrón, difuminado en los Green de los diversos campos de golf donde desea olvidar lo que fue y lo que se negó a hacer en bien de México? Se transformó en lo que nunca quiso ser: un político de enconos personales. Cobra los que considera agravios.
Todos los de la oposición -y también los prosélitos que lo percibieron- callaron cuando se dio el primer paso a la verdadera, auténtica cuarta transformación, que no inició con el triunfo electoral, tampoco con la anulación del futuro al desaparecer el AICM escudado en una hipotética encuesta que avaló la decisión de quien todavía no era nadie constitucionalmente hablando, pues en ese momento sólo se ostentaba como candidato triunfante.
Tampoco ocurrió con la ceremonia de toma de posesión. No, la toma del poder, el deseo de convertir en realidad la cuarta transformación, se dio en un camino sinaloense, cuando quien ya se ostentaba como presidente constitucional de México, espera el milagro terreno de la aparición de María Consuelo Loera Pérez. Lo demás, antes y después, es parafernalia política.
@OrtegaGregorio