*Pareciera que David Grossman retrata al país: “También la fascinación del poder y de los negocios turbios, y el trapicheo de lo que más queremos. No son unos dirigentes consistentes, y por supuesto tampoco son los que un pueblo en una situación tan compleja y confusa necesita”. Así es como Arturo Elías, yerno de Carlos Slim, se permite hacer de Telmex una empresa menor, porque está protegida desde ese gobierno cuya fuente de ingresos puede estar, o se supone depender de los barones de la droga. El poder económico que incide en el destino de más de 120 millones de mexicanos, carece de esa idea ilógica, por ideal, del nacionalismo anidado en la Sueva Patria, de Ramón López Velarde
Gregorio Ortega Molina
Fui iluso en la idea del nacionalismo de los millonarios mexicanos, hasta que José Newman me aclaró: su corazón está donde tienen depositados sus seguros en contra de los vaivenes políticos; no creen en México porque sus gobiernos los desilusionan. Y, debo aceptarlo, tiene razón.
Veamos el tema con sensatez. Si Carlos Slim y Germán Larrea confiaran al cien en México, sus leyes, sus autoridades, las perspectivas de nuestro futuro no estarían en el lugar que nos coloca la 4T. El actual accionista número uno de Banorte y presidente de su Consejo de Administración, Carlos Hank González, como su abuelo, puede ser que crea en este México nuestro, pero considero que conoce bien -por herencia- el tejemaneje de los asuntos políticos y los dineros públicos, y así cuida primero su patrimonio que su negocio, que no es de él, sino de los accionistas y cuentahabientes e inversionistas en cartera.
Resulta lógico colegir que el comportamiento de los patrones Slim y Larrea para con sus subordinados, hasta los más humildes mineros o limpia baños de las oficinas de ambos, es idéntico al que los gobiernos -2018-2026- tienen para con sus electores, para ese México bueno y sabio que les entrega el presente a cambio de unos plásticos que, a como se ha puesto el costo de la vida, de nada les sirven; en materia de salud, el sector anuncia idéntico destino al de la mega farmacia, o Mexicana de Aviación, o Dos Bocas, o el Tren Maya, o el Transístmico, o la empresa Litio-Mex. Es el engaño por el engaño.
Pareciera que David Grossman retrata al país: “También la fascinación del poder y de los negocios turbios, y el trapicheo de lo que más queremos. No son unos dirigentes consistentes, y por supuesto tampoco son los que un pueblo en una situación tan compleja y confusa necesita”. Así es como Arturo Elías, yerno de Carlos Slim, se permite hacer de Telmex una empresa menor, porque está protegida desde ese gobierno cuya fuente de ingresos puede estar, o se supone depender de los barones de la droga.
El poder económico que incide en el destino de más de 120 millones de mexicanos, carece de esa idea ilógica, por ideal, del nacionalismo anidado en la Sueva Patria, de Ramón López Velarde.
@OrtegaGregorio