InicioGregorio Ortega MolinaLa Costumbre del Poder: Irán-EEUU sí, Ucrania-Rusia no

La Costumbre del Poder: Irán-EEUU sí, Ucrania-Rusia no

* Puede decirse que Rusia e Irán son dos antinomias, una nación busca el poder real amparado en la supuesta fuerza de sus creencias, su religión, sus costumbres, nada que ver el ejercicio del oficio político. Por el contrario, los rusos no han perdido el aliento imperial, la imagen del zarismo, a pesar de haber padecido al soviet supremo, que sólo fue el imperio de la fuerza bruta, del gulag, de la sumisión como antaño

* Esa otra selección nos cuesta infinitamente más. Le pagamos con la riqueza nacional, con nuestro trabajo y esfuerzo, con nuestra esperanza y nuestro futuro. Con el país entero que está en sus manos. Es nuestro gobierno. Debiéramos exigirles con la misma enjundia, observar su desempeño cuidadosamente, castigar solemnemente cada falla, y linchar en la plaza pública a cualquiera que traicione la confianza de la patria con corruptelas y abusos. Nos representan infinitamente más que los hombres que juegan hoy en una cancha. Son los depositarios de nuestro México, nuestro presente, nuestro destino y el de nuestros hijos

Gregorio Ortega Molina

 

A pesar de la torpeza del obseso Benjamín Netanyahu, el acuerdo de paz entre Irán y Estados Unidos camina, incluso con el riesgo del deterioro de la relación entre judíos y norteamericanos, lo que no será, porque el poder del dinero determina la relación entre similares, si no es que idénticos proyectos de vida.

Irán sabe lo que tiene en juego y lo que logra al abrir el estrecho de Ormuz, porque el comercio que por esa vía marítima transita dista mucho de ser unidireccional, lo que beneficia a Occidente ayuda al control que los ayatolá tienen sobre la población que les da aliento para gobernar. La hiyab, la niqab y la burka son los distintos tipos de velo que determinan la conducta de las mujeres, y es lo que necesitan para alimentar el poder masculino.

Esa fuerza religiosa, más que política en quienes mangonean en Irán, sólo le confiere imagen, la otra parte, la que le da el auténtico poder, es la economía, y ésta se mueve gracias al comercio. Sin la venta del petróleo para mantenerse en la cúspide del gobierno, los líderes religiosos iraníes jamás podrán continuar con el enriquecimiento de uranio, y sin éste el proyecto religioso pierde el impulso que aterroriza a Occidente.

En el conflicto entre rusos y ucranianos no intervienen la fe, la religión ni las consideraciones ideológicas, sino la codicia, el ansia de poder de unos sobre otros, y el control de los productos agrícolas y minerales que Ucrania da a la vida con tanta generosidad y trabajo de sus habitantes. Para entender lo que ocurre entre esa naciones, sugiero la lectura de Ahora y en la hora, testimonio o reportaje de Héctor Abad Faciolince sobre su visita a Ucrania. Estremece y aclara y puntualiza.

Puede decirse que Rusia e Irán son dos antinomias, una nación busca el poder real amparado en la supuesta fuerza de sus creencias, su religión, sus costumbres, nada que ver el ejercicio del oficio político. Por el contrario, los rusos no han perdido el aliento imperial, la imagen del zarismo, a pesar de haber padecido al soviet supremo, que sólo fue el imperio de la fuerza bruta, del gulag, de la sumisión como antaño.

Irán y Estados Unidos están dispuestos a entenderse y ceder lo que haya que ceder, pero en Rusia nadie quiere saber de la libertad de Ucrania.

 

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El señor Alberto Lastra subió a su blog una reflexión que considero de necesaria lectura para comprender nuestro presente y el destino inmediato, sin correr tras un balón. Lo comparto:

Ponemos toda nuestra esperanza en once mexicanos que corren noventa minutos detrás de un balón. Cada uno de ellos se ha preparado toda la vida para estar ahí. Para representarnos.

Ahí, en ese rectángulo verde, se juega algo intangible, un resultado que no cambiará el ingreso per cápita o la esperanza de vida, nuestra realidad cotidiana o la otra. Se juega un sueño. Una ilusión.

“Por un tiempo, esa selección nos ayudará a creer que somos más que nuestros retos, que somos capaces de trascender, que merecemos un destino glorioso y un presente digno. Ahí, en esa cancha, un equipo cargará el peso de la expectativa de ciento treinta millones de mexicanos. Un peso inimaginable. El peso de una ilusión colectiva.

“Se cubrirán de gloria y serán los dioses por un tiempo, o serán quemados en la hoguera si traicionan a una nación que depositó en ellos lo más alto. Celebraremos el triunfo con la contundencia de quienes ganan una guerra galáctica, o ahogaremos la derrota en hectolitros de frustración si nos fallan.  Allá afuera habrá pisados y muertos de cualquier modo. La euforia o la furia colectivas son dos fuerzas tan poderosas como peligrosas.

Esos muchachos son los hijos predilectos de la patria. La proyección fantástica de cada mexicano que se ve a sí mismo anotando un gol, armando una jugada magistral, o conduciendo un ejército noble que se impone a cualquier potencia.

Mientras tanto, en las tribunas, en los palcos, en restaurantes, conviviremos con otra selección. Esa que lleva las cuentas y acciones de México todos los días a la trascendencia o al fracaso más estruendoso.

     Esa otra selección nos cuesta infinitamente más. Le pagamos con la riqueza nacional, con nuestro trabajo y esfuerzo, con nuestra esperanza y nuestro futuro. Con el país entero que está en sus manos. Es nuestro gobierno. Debiéramos exigirles con la misma enjundia, observar su desempeño cuidadosamente, castigar solemnemente cada falla, y linchar en la plaza pública a cualquiera que traicione la confianza de la patria con corruptelas y abusos. Nos representan infinitamente más que los hombres que juegan hoy en una cancha. Son los depositarios de nuestro México, nuestro presente, nuestro destino y el de nuestros hijos.

Llevemos la misma pasión crítica a cada palacio de gobierno, a cada cámara y a cada posición de servicio pagada con la confianza y la sangre de la nación.

Seamos fanáticos de la mexicanidad:

La verdadera mexicanidad que se compromete, cuida, exige y demanda lealtad, justicia, igualdad, integridad.

Hagamos la tarea.

Hoy como siempre, tendremos la Selección que merecemos.

Que gane México.

¡Siempre!

@OrtegaGregorio

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