Eduardo Sadot
El deterioro de la clase política infiltrada por la delincuencia ante el inminente proceso electoral es un mal presagio.
Durante la lucha armada de 1910 la política se hizo con las armas, pero tenían motivos sociales por los que luchar, pero se mezclaron con la sed de poder, eso desató una ola de asesinatos, los mexicanos creímos haber superado esa etapa revolucionaria, llegamos a creer que la sociedad había evolucionado a una época institucional, llegamos a creer que México arribaba a una escala de debate ideológico superior, pero la realidad nos ha enfrentado a una realidad latente que de pronto y golpe nos regresó a nuestra realidad.
La política se mezcló con la delincuencia, como ha sucedido en la mayoría de las izquierdas la latinoamericanas ante la carencia de recursos económicos hubieron de recurrir al financiamiento de recursos de la delincuencia y parece que habrán de pasar muchos años para superarlo, acaso fue un paso atrás, un proceso de reversión civilizado, donde las desigualdades sociales fueron tierra fértil para el crecimiento de una “clase política” que basado en las desigualdades y las oportunidades de escalar en las capas sociales encontraron acceso rápido engrosando las filas de la delincuencia, para lo que ni los gobiernos ni las instituciones estaban preparadas.
Un punto emblemático que dibujará la política en México será si se comprueba el asesinato en Sinaloa de un rector de la Universidad de aquel Estado, que de comprobarse que fue perpetrado por el político de más alto rango en el Estado nos llevará a conclusiones lamentables pero que descarnadamente retrata a una sociedad violenta y rupestre.
No hay quien haga un llamado al retorno a la civilidad, es la lucha del poder por el poder mismo, desdibujada ya su máscara de “mejoramiento social” haciendo cada día más evidente su capacidad de enfrentamiento sin escrúpulos.
México necesita con vehemencia un alto en el camino y llamado a reconstruir el tejido social, comenzando por su clase política que vemos día a día internarse en la vorágine de luchas sin freno.
El secuestro y asesinato de candidatos y funcionarios debe parar, pero ¿quién lo va a hacer? ¿El gobierno? ¿La sociedad desarmada y engañada? ¿la prensa?¿la clase intelectual? Cuyos lectores son cada día menos, ¿Quién?¿como? y ¿hasta cuándo?
¿Que necesita México? urge una tregua entre todos los actores sociales, incluida la delincuencia – condición que se aprecia imposible, acordar o negociar con la delincuencia es reconocerle beligerancia –. De dónde saldrá el llamado a la unidad destrozada de ¿dónde vendrá? el llamado a la cordura, ¿de los grupos religiosos? La sociedad se ha quedado sin protagonistas del cambio y la reivindicación colectiva.
¡Hasta cuando! y ¡hasta donde!
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