InicioFred Alvarez PalafoxLa prueba PISA 2025: La crónica de un rezago

La prueba PISA 2025: La crónica de un rezago

Por Fred Alvarez Palafox…

 

El eco de los números no miente, aunque la retórica oficial se esfuerce en maquillar el desastre. Volver al rezago educativo de hace un cuarto de siglo no es un simple tropiezo metodológico ni una casualidad global; es, en el fondo, la crónica de un abandono.

Cuando seis de cada diez jóvenes en los países de la OCDE ( Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, organismo internacional fundado en 1961 que reúne a 38 países con economías de mercado avanzadas y sistemas democráticos) alcanzan el nivel básico en matemáticas, y en México apenas lo rozan tres de cada diez, la estadística deja de ser una cifra fría. Se convierte en una hipoteca social inaceptable. Lo verdaderamente grave no es solo nuestro promedio de 388 puntos, sino la ausencia casi total de talento nacional en los niveles de excelencia. Mientras otras naciones trazan su ruta hacia el mañana, nuestra realidad pedagógica sigue empantanada.

Frente a esta urgencia, pretender desviar la atención culpando al diseño de la prueba o justificar el hundimiento bajo el consuelo de que “a todos les va mal”, refleja una falta de autocrítica monumental. Atribuir los aciertos aislados a discursos oficiales, mientras se ignora el desplome estructural en lectura y matemáticas, es cerrar los ojos ante el drama diario que se vive en las aulas.

 

Pero en esta historia humana de nuestro declive, hay un matiz cultural ineludible. Como atinadamente me comenta mi paisano, el profesor Francisco Javier Elorriaga Barraza, enfrentamos una adicción colectiva. Antes las calles y los transportes eran espacios para el periódico o el libro; hoy, adultos y jóvenes viven secuestrados por el destello de la pantalla, cediéndole el pensamiento al maestro Google o a la inteligencia artificial.

Esta observación de calle la confirma la academia. El investigador Carlos Alberto Scolari, al cruzar los resultados de PISA, nos advierte: el problema no es la tecnología, sino nuestro consumo. El uso recreativo e intensivo de las redes aniquila el desempeño, mientras que un uso moderado y crítico dibuja un escenario de aprendizaje prometedor. La tecnología no es un enemigo, pero tampoco una varita mágica.

El verdadero peligro, entonces, no es el celular, sino la necedad de quien se niega a ver el tamaño de la tragedia. Si el Estado insiste en los aplausos vacíos y en negar la realidad, el único resultado será la condena de nuestras juventudes a la marginación en un mundo ferozmente competitivo. La educación se rescata con autocrítica, verdad y rigor, no con consignas de ocasión.

¡Para la historia inmediata!

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