Narco y urna

José Luis Parra

 

La narcopolítica dejó de ser sospecha de sobremesa para convertirse en expediente, encuesta y conversación nacional.

Morena, PAN y PRI aparecen en el mismo callejón oscuro. Unos con el presente encima, otros con el pasado colgado al cuello y todos con la misma cara de inocencia administrada.

Según encuestas sobre el tema, Morena carga hoy con el mayor señalamiento ciudadano como “narcopartido”. No es sentencia judicial, claro. Pero en política la percepción también mata. A veces más rápido que un tribunal.

Rocha Moya, Durazo, Américo, García Luna, Cabeza de Vaca, Yarrington, Villanueva, Eugenio Hernández. Cada partido presume su propio museo de espantos.

La diferencia es que antes el narco tocaba la puerta.

Ahora muchos ciudadanos sospechan que ya tiene llave, cochera y hasta lugar en la mesa.

El problema no es solamente quién aparece señalado. El verdadero problema es que nadie parece dispuesto a cortar de raíz esa relación venenosa entre dinero criminal, campañas, gobiernos y poder territorial.

Porque una cosa es ganar elecciones.

Y otra muy distinta es saber quién las financió, quién las operó y quién cobra después la factura.

Morena dirá que es guerra sucia. El PAN dirá que García Luna no era panista de hueso colorado. El PRI dirá que eso ya pasó. Todos tienen explicación. Nadie tiene bisturí.

Mientras tanto, la ciudadanía seguirá preguntando lo obvio:

¿Cuántos alcaldes llegaron amenazados?

¿Cuántos candidatos fueron impuestos?

¿Cuántos gobernadores voltearon hacia otro lado?

¿Cuántos partidos prefirieron ganar con lodo antes que perder con dignidad?

La narcopolítica no terminará con discursos, encuestas ni boletines.

Terminará cuando los partidos prefieran perder elecciones antes que pactar con criminales.

O sea, todavía falta.

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