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Fútbol, México y Reino Unido

Al momento de escribirse estas líneas, aún se desconoce el resultado del partido de fútbol entre las escuadras de México e Inglaterra, una de las naciones constitutivas del Reino Unido. Sin embargo, más allá del resultado del marcador, es oportuno tomar en consideración las siguientes reflexiones en torno al Mundial, así como a la añeja relación anglomexicana. A lo largo de las últimas jornadas ha sido imposible sustraerse del espíritu festivo que ha inundado todos los rincones del país. En una opinión personal, considero que la edición mexicana de la justa deportiva que comparte sede con Canadá y Estados Unidos, ha ido de menos a más.

En un principio las comparaciones con los mundiales de 1970 y 1986 fueron inevitables, también fue imposible no reparar en la extorsión de los delincuentes de la CNTE y sus bloqueos, el drama de las legítimas protestas de la madres buscadoras o la lamentable muerte de 4 aficionados en las inmediaciones del Ángel de la Independencia.

A las sombras de lo anteriormente mencionado, se unen las luces que representan la extraordinaria participación de la selección nacional, la mejor en casi medio siglo. El equipo mexicano nos ha llenado de orgullo y ha logrado unirnos en tiempos de lamentables polarizaciones políticas. A su vez el espíritu de los mexicanos, ha brindado alegría a propios y extraños. Fue particularmente emotivo y a diferencia de lo ocurrido en la Columna de la Independencia el martes pasado, ver un primer cuadro de la Ciudad de México limpio, ordenado y con muchos turistas extranjeros disfrutando y portando la camiseta de la selección mexicana.

Los encuentros anglomexicanos son anteriores al surgimiento del Estado Mexicano. Durante el periodo virreinal, la Nueva España siempre sufrió el amago de un ataque inglés a sus costas, hoy como testimonio de lo anterior, subsisten las fortificaciones en nuestros litorales y la fortaleza de San Carlos en Perote, Veracruz, obras maestras de la ingeniería militar. De la misma forma el territorio mexicano, fue una plataforma natural para el apoyo que España brindó a los colonos de Norteamérica en su lucha para emanciparse del dominio británico. La mejor muestra de ello, fue la figura de Don Bernardo de Gálvez, 49 Virrey de la Nueva España y padre fundador de los Estado Unidos, así como la plata mexicana con la que España financió a las tropas de George Washington.

Trás la independencia de México, El Reino Unido fue la primera potencia europea en establecer relaciones diplomáticas con el naciente Estado en 1826. De la mano del reconocimiento vinieron empréstitos favorables para Londres, así como lotes de uniformes y viejos fusiles que habían sido usados en Waterloo, para equipar al Ejército Mexicano. En una de esas rondas de la historia, parte los fusiles que vencieron a Napoleón I en Bélgica, décadas después también derrotaron a Napoleón III en Puebla. Los británicos apoyaron también a México frente al conflicto con Francia durante la “Guerra de los Pasteles”

Durante la Guerra de Reforma (1857-1861) los Conservadores allanaron la Legación Británica haciéndose de fuertes sumas de dinero que ahí se resguardaban, lo que que evidentemente agrietó la relación bilateral y de igual forma en 1861, se celebró la convención en Londres que precipitó el envío de tropas inglesas, españolas y francesas a Veracruz. Los británicos y españoles al percibir las verdaderas intenciones de Napoleón III, se retiraron. De cualquier modo, el Reino Unido reconoció al efímero imperio de Maximiliano y las relaciones estuvieron rotas hasta 1884 con Porfirio Díaz como presidente.

El porfiriato redundó en un momento inmejorable en la relaciones anglomexicanas, Díaz consciente de que era obligado frenar la influencia norteamericana, abrió las puertas a Francia y a Reino Unido. En aquellos años, Weetman Pearson, el afamado Lord Cowdray, participó de manera activa en las obras del desagüe de la Ciudad de México, en el ferrocarril del Istmo de Tehuantepec y la fundación de la poderosa compañía petrolera “El Águila”. Hoy su recuerdo perdura a través del Centro Hospitalario ABC, el reconocido “hospital inglés”. Los británicos introdujeron el ferrocarril y la hotelería moderna en Morelos y al menos desde 1824, se documentan mineros ingleses en Hidalgo, quienes legaron una fuerte influencia en la región e introdujeron precisamente el fútbol en México.

Los periodos revolucionario y de la Gran Guerra, no estuvieron exentos de difícutades tales como los coqueteos de Alemania a México con el Telegrama Zimmerman o el asesinato del súbdito británico William Benson a manos de Francisco Villa. El momento más álgido de la relación bilateral se dio en 1938, con la expropiación petrolera la cual afectó intereses de compañías británicas, en descargo de México es oportuno destacar que las indemnizaciones pertinentes fueron cubiertas. No se disparó un cartucho, ni el conflicto escaló pues los británicos estaban más ocupados sorteando los nubarrones en Europa. Las relaciones diplomáticas se rompieron, pero se reanudaron pronto, al unirse México al bando aliado en 1942.

A partir de 1944, las relaciones bilaterales se han robustecido, la presencia británica en México es importante no solo en la industria y el comercio, sino a través de la cultura por medio del British Council. Las visitas de alto nivel han sido recíprocas con la presencia en el país de la Reina Isabel en dos ocasiones, el Rey Carlos como Príncipe de Gales y de Margaret Tatcher, Tony Blair y David Cameron.

Diplomáticos británicos hemos tenido de todo, en años recientes a Embajadores magníficos como Duncan Taylor, con fuertes lazos con México y quien coordinó el Año Dual en 2015, a su sucesora Corin Robertson, experta en Seguridad Nacional y próxima embajadora en Japón o a fiascos como Jon Benjamin, quien fue destituido del cargo en mayo de 2024, trás hacerse el simpático apuntando con el fusil de un miembro de su escolta hacia uno de los funcionarios de la embajada.

Hoy a doscientos años de relación bilateral, México y Reino Unido enfrentan el reto de afianzar el pasado común, los lazos que les unen, los intereses comunes y que Londres sea un puerto de abrigo para México en Europa así como el valle de México una puerta de entrada para el Reino Unido en Iberoamérica.

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