* Me resulta ridículo que aquí se rasguen las vestiduras por la intervención de los servicios de espionaje y seguridad de Estados Unidos, cuando sabemos que es constante, silenciosa y se hace presente en muchas de las áreas de las actividades de nuestro supuesto libre desarrollo
Gregorio Ortega Molina
Para Benjamín Ortega Ruiz,
al octavo día de su fallecimiento
El control de la economía, de las armas tradicionales y las químicas, de la migración, de los terroristas, de las ideologías y la educación, incluso sobre la observancia de las creencias que se consideran inductoras de la fe, queda establecida por el país poderoso sobre el débil.
Los traidores siempre están disponibles, aunque algunos se arrepientan al ver las consecuencias de sus actos. Los pontífices hebreos compraron la voluntad de Judas, porque no soportaron el viraje de las creencias. Cristo debía morir, primero por asuntos terrenales de poder político, la deificación llegó después, cuando la fe quedó establecida.
Lo mismo sucede entre naciones. Los países vasallos de las repúblicas socialistas soviéticas no son hegemónicos del todo. El peso de Rusia se hace sentir, lo mismo en Georgia que en Ucrania, en Polonia y en las repúblicas bálticas, en su zona de influencia en África y en algunas naciones de América Latina. China opera de manera diferente. Si tenemos el tiempo de leer a Henning Mankell en su narración El Chino, entenderemos su procedimiento. La presencia de los esfuerzos de Mao por transformar a su nación, ahora se hacen presentes en buena parte del mundo. Ahí están las plazas comerciales.
Me resulta ridículo que aquí se rasguen las vestiduras por la intervención de los servicios de espionaje y seguridad de Estados Unidos, cuando sabemos que es constante, silenciosa y se hace presente en muchas de las áreas de las actividades de nuestro supuesto libre desarrollo.
Exige, el poder casi omnímodo de nuestro vecino, su presencia en todas y cada una de las actividades de nuestra vida diaria, del desarrollo cultural, económico, social y, ahora sobre la administración de justicia y la salud. No pueden permitir que la masa monetaria movida por los barones de la droga, sirva nada más al deseo de control político interno de México, lo que implica administrar la vida cotidiana de 120 millones de mexicanos, incluida la de Carlos Slim, Germán Larrea y los nuevos millonarios, que creen que se mueven por la libre.
Obvio, disfrutan de esas amplias libertades que les garantizan sus riquezas, pero en áreas específicas además de pagar tributo -en especie o por indicaciones puntuales, según los acuerdos- son obligados a tomar decisiones que beneficien a esas áreas económicas determinadas por el desarrollo que exige Estados Unidos, con el propósito de imponer sus usos y costumbres.
La supuesta intervención de la CIA es la de siempre, al menos desde que México luchó contra los países del Eje.
@OrtegaGregorio