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Columna de opinión

El péndulo presidencial y el demócrata incómodo…

Fred Alvarez Palafox

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Por Fred Alvarez Palafox…

 

La memoria presidencial siempre ha sido un péndulo que oscila según la conveniencia electoral. En la mañanera del 9 de mayo de 2024, cuestionado sobre unas declaraciones de Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador se enfundó en el traje de la magnanimidad: “Lo respeto mucho, lo considero precursor del movimiento democrático… lo que diga mi dedito, no nos vamos a pelear”. Remató, además, elogiando al general Lázaro Cárdenas como “el mejor presidente del siglo XX”.

Pero el respeto de Palacio Nacional tiene memoria corta y condiciones estrictas. Apenas en enero de 2023, cuando el ingeniero se sumó a la iniciativa ciudadana “Colectivo por México”, el presidente no dudó en fulminar a su antiguo líder y tildarlo de adversario político: . “Son tiempos de definiciones, la ancheta está muy angosta: es estar con el pueblo o con la oligarquía”, sentenció López Obrador.

La guillotina retórica surtió efecto: horas después, Cárdenas se deslindaba del grupo, y el quiebre cobró factura con la posterior salida de su hijo del gabinete federal.

Esa tensión la palparon de primera mano quienes conversamos con él. En enero de este año, durante una comida con un grupo de amigos en la colonia Cuauhtémoc, el ingeniero se mostraba lúcido y profundamente crítico del gobierno obradorista. Sin embargo, la política mexicana está hecha de giros desconcertantes. Apenas dos meses después, el 18 de marzo, durante el aniversario de la Expropiación Petrolera en el Monumento a la Revolución, el espacio fue prácticamente secuestrado. Se cerraron los accesos y se montó un templete para convertir la efeméride del General en un mitin a favor de Claudia Sheinbaum.

Ahí sentaron al ingeniero. Custodiando a la candidata mientras llovían promesas sobre el futuro energético. Ante la prensa, acorralado por la coyuntura, Cárdenas soltó un escueto “yo así lo veo” cuando se le preguntó si Sheinbaum era la mejor opción.

 

Pancho Garfias (RIP) y yo, presentes y sorprendidos por la escena, intentamos sin éxito arrancarle una explicación mayor. El ingeniero guardó sus cartas.
La explicación amplia llegaría después, en su entrevista con El Universal. El titular rezaba: “Votaré por Sheinbaum; hay que cambiar a Pemex”.

Sin embargo, el verdadero dardo venía en la letra chiquita. Cárdenas justificaba su voto, sí, pero desnudaba el vacío ideológico del régimen al ser cuestionado sobre la Cuarta Transformación: “No sé, no conozco ningún documento que me diga qué es… no conozco un proyecto de nación, por lo tanto no sé qué es lo que se esté buscando”. Un golpe de guante blanco.

En ese momento, Cárdenas tenía 90 años, se consolidó como el mayor referente demócrata de nuestra era contemporánea. Un hombre que en 1988, con el país incendiado por el fraude y las masas en las calles, tenía el poder de llamar a la lucha armada. En su lugar, eligió la vía de las instituciones, fundó un partido y canalizó la rabia ciudadana hacia la construcción democrática.

Hoy, mientras el poder lo usó de escenografía cuando le conviene y lo ataca cuando disiente, su estatura política sigue exhibiendo la pequeñez de quienes hoy habitan los palacios.

Para la memoria inmediata…!

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