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Columna de opinión

La bomba no ha caído

Juan Luis Parra

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Por: Juan Luis Parra

 

Tucker Carlson puso fecha para una posible guerra nuclear: el 7 de noviembre. El comentarista estadounidense aseguró en X que Benjamin Netanyahu está presionando a Donald Trump para lanzar una bomba atómica contra Pickaxe Mountain, una instalación subterránea de Irán. Según Carlson, semejante decisión podría desatar la Tercera Guerra Mundial. Y bastó esa publicación para que medio mundo comenzara a preocuparse por una catástrofe de la que, hasta ahora, no ha presentado pruebas.

La Casa Blanca salió a desmentirlo y aseguró que Carlson no tiene información sobre los planes militares de Trump. El propio presidente había calificado de estúpida la idea de utilizar armas nucleares contra Irán. Pero tampoco significa que todo esté tranquilo. Esta semana, Estados Unidos atacó instalaciones antiaéreas en la isla iraní de Qeshm, cerca del estrecho de Ormuz. Trump lo llamó un ataque menor, una descripción bastante cómoda cuando las bombas caen en otro país.

Pickaxe Mountain existe y los análisis satelitales muestran que Irán continúa reforzando sus instalaciones subterráneas. Lo que no está demostrado es que ahí ya se esté enriqueciendo uranio. Tampoco es lo mismo bombardear una instalación nuclear que atacarla con una bomba atómica, aunque en las redes sociales ambas cosas parezcan lo mismo. Cuando se habla de armas capaces de matar a millones de personas, esos detalles deberían importar bastante.

Mientras Carlson advertía sobre el posible fin del mundo, los estadounidenses acudían a votar en sus elecciones intermedias. Los demócratas consiguieron recuperar ambas cámaras del Congreso y Trump reconoció que la guerra contra Irán y el aumento de la gasolina perjudicaron a los republicanos. Después bajó el tono y aseguró que quizá ya no hicieran falta más ataques. Las negociaciones mediante Catar siguen abiertas.

Parece que hasta las guerras tienen que revisar sus números después de una elección.

No creo que debamos restarle importancia a lo que ocurre en Oriente Medio. Una guerra más grande afectaría más los precios del petróleo, el comercio y la economía mexicana. Pero también deberíamos aprender a distinguir una amenaza real de las predicciones alarmistas que circulan en internet. Hoy cualquiera con millones de seguidores puede anunciar una tragedia y conseguir que todos hablen de ella. Si no sucede, al día siguiente aparece otra noticia y nadie le pide explicaciones.

En México, además, tenemos suficientes motivos para preocuparnos. Nos alarma pensar en una bomba nuclear al otro lado del mundo, mientras aquí seguimos viviendo con desapariciones, extorsiones, comunidades desplazadas y grupos criminales que cada vez utilizan drones explosivos más sofisticados. A eso se suma la corrupción que aparece una y otra vez en nuestras instituciones. Son problemas que no necesitan de teorías conspirativas.

Ojalá la guerra con Irán no pase a mayores. México ya tiene suficientes problemas como para vivir asustado con cada advertencia que sale de Washington. Carlson puso fecha a una bomba que, hasta ahora, no ha caído. Y mientras seguimos preocupados porque viene el lobo, aquí llevamos años viviendo con él.

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