Columna de opinión
Ante el festejo de varios, recordemos como nos ha ido con los Demócratas
Rodolfo Villarreal Ríos
Rodolfo Villarreal Ríos
A raíz de los resultados electorales suscitados en los Estados Unidos de América, el 3 de noviembre pasado, una buena cantidad de connacionales andan sobrados de muestras de júbilo para expresar su felicidad como si en ello nos fuera el retorno de los territorios perdidos. Pocos, muy escasos son quienes ven más allá de su nariz y analizan lo que esto puede traer a la civilización occidental en menos tiempo del que piensan, y que no necesariamente es algo bueno.
Tampoco, consideran que en ese sunami no fue producto de generación espontánea o que simplemente los estadunidenses se dejaron llevar por el cortoplacismo que la mayoría de las veces les invade durante las elecciones intermedias. Ante ello, nos preguntamos: ¿Hasta qué punto influyeron un jefe de estado nada laico, los aceites provenientes del oriente y aquellos, no tan lejanos, a quienes les conviene que la frontera estadunidense sea porosa para que todo circule sin problemas? No tenemos datos duros para determinar el grado, pero de que su influencia se dejó ver, ni quien lo dude. Inmersos en esas reflexiones, decidimos ir a extraer de los archivos este y otro escrito cuya temática hemos abordado en este espacio, pero que nunca estará de más que lo tengamos presente.
En abril de 2022, revisamos el tópico tras de escuchar las declaraciones de un historiador de altos vuelos, revisionista de este y otros temas, llamado Andrés Manuel López Obrador. Entonces, este personaje pleno de conocimientos acerca del estudio de la historia patria y en específico de las relaciones México-Estados Unidos de América, señaló convencido de que a México le ha ido mejor con los Republicanos que con los Demócratas. Para sustentar su tesis, colocó como ejemplo de los primeros a Franklin Delano Roosevelt y Abraham Lincoln. Estamos ciertos de que los historiadores serios en los EUA deben de haber reparado cuanto tiempo habían vivido en el error. Por fin, una mente preclara proveniente del Sur les hacía ver que F.D. Roosevelt no era Demócrata sino Republicano (¿de closet?).
Para que no haya duda de que el erudito tropical hizo escuela, recordamos que el martes 2 de julio de 2024, control remoto en mano, nos tropezamos con el programa “Asalto a la Razón” conducido por Carlos Marín Martínez quien entrevistaba al entonces futuro secretario de economía, Marcelo Ebrard Casaubón. Literalmente, nos detuvimos treinta segundos y esto fue lo que vimos y escuchamos: Marín apuntaba que a México le había ido mejor cuando los EUA son gobernados por los Republicanos, a lo cual, Ebrard, pleno de sabiduría, respondió: “pero ellos nos han invadido”. Cuidadoso de no contradecirlo, Marín enfatizó, “sí Wilson” y para reafirmar su sapiencia, Ebrard añadió, “y Polk”. Tras de esa lección de erudición (¡!), ambos estadounidenses pertenecían al Partido Demócrata, nos fuimos a otra cosa. No era posible presenciar tanto conocimiento a la inversa.
La tradición es larga, y permanece, en nuestro país de que cuando volteamos hacia el norte, se apodere de algunos un sentimiento maniqueo y tiendan a dividir a las cuarenta y cinco personas (se cuentan ese número porque un par de ellos lo hicieron en dos periodos no continuos) que han gobernado los Estados Unidos de América en función de si son “buenos” o “malos.” Según sea la filiación política del observante, se les endilga una u otra característica a los presidentes surgidos de los Partidos Demócrata (16) y del Republicano (19) en aquella nación. Bajo esa perspectiva simplista, algunos creen que quienes gobiernan allá lo hacen pensando en cual va a ser la opinión de los mexicanos respecto a las acciones que implementen. Sin embargo, quienes ya estamos creciditos, y nos interesamos por estudiar la historia, encontramos que no hay ni buenos, ni malos, simplemente existen intereses que en primera instancia son los suyos, lo que se opine, se haga o deje de realizarse al sur del Bravo o Grande, lo consideran secundario. Ante eso, y el arguende que hoy arman quienes repudian al presidente número 45, 47, Donald John Trump, nos iremos primero a dar una vuelta de cómo nos ha ido con las administraciones encabezadas por los Demócratas, en la siguiente lo haremos con las de los Republicanos. Procedamos con el recorrido.
Las relaciones con presidentes emanados del Partido Demócrata se remontan a los tiempos de los gobiernos post independentistas que poco se preocupaban por las regiones áridas-aisladas del norte y escasos eran quienes allá moraban, permitieron a colonos estadunidenses establecerse en las mismas. Así, la familia Austin y varios más llegaron a la región de Texas y pronto les entró el cariño por aquel territorio. Para cuando acordaron nuestras autoridades, los inmigrantes querían volar por sí mismos, después de todo el gobierno central ni caso les hacía.
Ahí, empezaron los problemas. Al enterarse de ello, Antonio de Padua María Severino López De Santa Anna y Pérez De Lebrón, quien fungía como presidente, decidió no permitirlo y allá va a cruzar medio país para defender lo nuestro. Al principio, parecía que derrotaría a los insurrectos, pero resulta que encontró una mulata, Emily Brown, quien provocó que la hormona se le alborotara y en esas andaba, tranquilizándola, cuando llegaron y lo tomaron preso, la narrativa de la siesta es una versión para almas cándidas. Más tarde, fue conducido a Washington ante el fundador del Partido Demócrata quien entonces despachaba como presidente, Andrew Jackson (1829-1837), quien le perdonaría la vida quien sabe a cambio de que. Sospechamos fue a cuenta de ventas futuras, pero carecemos de soporte documental para afirmarlo.
Regresó a nuestro país, en donde fue recibido como héroe, aun cuando ya para entonces los territorios texanos eran una república independiente, misma que Jackson reconocería en 1837. Bajo esa condición permanecería durante los gobiernos del también Demócrata Martin Van Buren (1837-1841) y el miembro del Partido Whig, William Henry Harrison (Marzo-Abril, 1841) quien apenas tuvo tiempo de sentarse en la silla presidencial antes de morir y ser sustituido por su correligionario John Tyler (1841-1845) entre cuyas acciones estuvo buscar la incorporación de Texas a la Unión Americana, lo cual el Congreso autorizó durante los últimos días de su mandato, dejando a su sucesor la culminación del evento.
Con ese bocadillo fue inaugurado el Demócrata James Knox Polk (1845-1849). Ya con el apetito abierto, el oriundo de North Carolina decidió ir por más. Echó un vistazo hacia el oeste y encontró que había territorios con características similares a los de Texas. Armado de espíritu aventurero, decidió crear un problema ficticio en la frontera México-EUA y para pronto empezó a alistar las tropas para enviarlas a territorio mexicano. En el proceso tuvo a bien negociar con los miembros de la cura católica estadunidense para que le “echaran una mano” con sus colegas mexicanos, algo que logró. Sin embargo, Polk desconfiaba de los mercaderes y envió un agente especial Moses Y. Beach para que con billetes en puño fuera repartiéndolos entre las almas pías de los obispos de Guadalupe, Chilapa, Michoacán y Puebla, quienes se encargaron de armar revueltas alternas en contra del todavía incipiente lotero, López De Santa Anna. Pero como los apetitos de esos “santos” son insaciables, pronto pidieron cuarenta mil dólares más arguyendo que la empresa bien los valía.
Así, hace 179 años, el ejército estadounidense se apoderó de la ciudad de México y el gallero de Manga de Clavo no tuvo otra opción sino enviar a sus personeros a negociar la venta de garaje en que convirtió la mitad del territorio nacional, misma que, al amparo de los Tratados de Guadalupe Hidalgo, fue rematada en 15 millones de dólares. A donde fueron a parar esos dineros, nadie realmente lo sabe. Sin embargo, el Demócrata Polk cumplía a con el objetivo de engrandecer su país, mientras que el nuestro se hacía más pequeño. Pero antes de seguir, debemos de apuntar algo que poco se aborda. ¿Alguien puede decirnos cuantos de los mexicanos viviendo en las tierras adquiridas por los estadunidenses decidieron retornar a México una vez que los territorios pasaron a formar parte de nuestros vecinos al norte? Hasta dónde sabemos, ninguno. Nadie se identificaba con un país cuyo gobierno los tenía olvidados. Pero eso aun no terminaba.
Era necesario encontrar una ruta rápida rumbo al oeste y por aquellos años la vía más rápida era el ferrocarril, pero surgió un inconveniente. Para ahorrar costos, era necesario que la vía del ferrocarril fuera tendida a través del territorio que pertenecía a México. Para “fortuna” de los estadunidenses, por onceava vez, estaba al frente del gobierno mexicano quien ya tenía experiencia en eso de los bienes raíces, el infausto quince uñas de apellido López. Ante ello, el presidente, surgido del Partido Demócrata, Franklin Pierce (1853-1857) envió a James Gadsen como ministro de los EUA en México. Él, se encargaría de negociar la venta de terrenos ubicados al sur del Río Gila (territorio de Sonora y Chihuahua, hoy una porción de Arizona y Nuevo México). Aprovechando la experiencia adquirida, el lotero mexicano acabaría firmando, el 30 de diciembre de 1853, el llamado Tratado de la Mesilla (Gadsden Treaty) mediante el cual se les vendía a los EUA 100 mil kilómetros cuadrados a cambio de diez millones de dólares. Tres fueron los Demócratas quienes ocuparon la presidencia en lo que restaba del siglo XIX. James Buchanan (1857-1861) quien poco se ocupó de nuestro país. Andrew Johnson (1865-1869) deseaba enviar tropas a México para expulsar a los franceses, pero su secretario de estado, William H. Seward, prefirió emplear la diplomacia como medio de convencimiento para que Napoleón III se llevara sus huestes de regreso a Francia. Con Grover Cleveland (1885-1889 y 1893-1897) las cosas no fueron más allá de firmar o ratificar tratados. Pasarían dieciséis años antes de que otro Demócrata volviera a ocupar la Casa Blanca.
El antiguo rector de Princeton University y ex gobernador de New Jersey, Thomas Woodrow Wilson (1913-1921) se convirtió en el vigésimo octavo presidente estadunidense y su relación con nuestro país sería intensa. Dado que en México se había sido cometido una felonía, Wilson quiso remediarla enviando tropas. Aquello le salió al revés, a la llegada de dichas fuerzas en 1914, el felón Victoriano Huerta recurrió al patrioterismo y las buenas intenciones de Wilson acabaron por fortalecer momentáneamente al usurpador.
Eso duraría unos meses cuando Huerta aceptó que sus enviados se reunieran en Niagara Falls, New York con los embajadores de Argentina, Brasil y Chile, quienes tenían la bendición de Wilson, para comerciar su salida, misma que se generó no por los acuerdos tomados en esa reunión, sino porque las fuerzas de la División del Norte, al mando de Francisco Villa, en Zacatecas, y las del Ejercito de Noroeste, encabezado por Álvaro Obregón Salido, en Guadalajara, le rompieron el espinazo militar. Una vez que el chacal se fue, el estadista en formación, Venustiano Carranza Garza, tuvo que negociar la salida de las tropas estadounidenses y buscar ser reconocido por el gobierno estadunidense. Esto lo logró una vez que las presiones de la Primera Guerra Mundial acechaban a Wilson y que el famoso telegrama Zimmerman hizo su aparición. Tras de ello, vendría la incursión villista en Columbus, New Mexico y el consecuente envío de tropas estadunidenses a México, lo cual volvió a tensar las relaciones. Tiempo después, en 1918, ante editores mexicanos, Wilson presentaría una especie de disculpa por su accionar hacia México, prometiendo no volver a enviar tropas.
Esto, lo cumplió en 1919 cuando el intento de asonada de Aureliano Blanquet o bien cuando mandó al diablo al senador republicano por New Mexico, Albert Bacon Fall quien encabezó un comité senatorial para enjuiciar a México. Sin embargo, cuando surgió la Revolución de Agua Prieta, que suscitó la muerte de Carranza, se negó a reconocer al gobierno de Adolfo De La Huerta Marcor, pero ello no impidió que extraoficialmente se realizaran negociaciones para alcanzar un acuerdo entre ambos países, algo que, concretado, llegó muy tarde para De La Huerta y Wilson y muy temprano para Obregón Salido y Warren Gamaliel Harding. Transcurrían una docena de años antes de que otro Demócrata volviera a ser huésped de la Casa Blanca.
En plena depresión, Franklin Delano Roosevelt (1933-1945) arribó a la presidencia estadunidense. Su relación con México pasaría por varias etapas. Le tocó enfrentar la expropiación petrolera, lo cual ocasionó que su secretario de estado, Cordell Hull, quien no se mandaba solo, quisiera enviar las tropas a nuestro país. Sin embargo, el embajador estadunidense en México, el segundo mejor que hayan enviado en toda la historia, Josephus Daniels actuó astutamente y nunca presentó las amenazas al gobierno mexicano.
Después de todo era el único al que Roosevelt llamaba “jefe.” Recordemos que, en 1914, Daniels fue el secretario de Marina quien ordenó enviar las naves a Veracruz y la persona encargada de materializarla fue su subsecretario de nombre Franklin Delano Roosevelt. Así que eso de amor eterno pues nada, todo era según las circunstancias y los intereses del momento, creer otra cosa es ingenuidad. Un ejemplo de esto se suscitó, en 1940, cuando el presidente Cárdenas Del Río se quiso pasar de listo y abrió la puerta al capital japonés y les autorizó la exploración de 100 mil hectáreas en Veracruz para que vieran si encontraban petróleo. Ante ello, Daniels fue y, “comedidamente,” lo hizo que se retractara. Una vez que los EUA entraron a la Segunda Guerra Mundial, Roosevelt trabajó coordinadamente con el presidente Manuel Ávila Camacho y por esos años se firmaría el primer Programa Bracero, a más de que México se convirtió en un importante proveedor de materias primas para los EUA, mientras que la economía mexicana crecía.
Así que eso de que todo fue producto del amor desinteresado mutuo, pues que lo compren quienes aún adquieren el folletín rosa. Al finalizar el conflicto, el presidente Harry S Truman decidió iniciar una nueva era diplomática con México y en 1947 vino a México a entrevistarse con el presidente Miguel Alemán Valdés. Su primer acto fue colocar una ofrenda ante el Monumento a Los Niños Héroes. Al poco tiempo, envió el avión presidencial estadounidense, “The Holly Cow”, para que transportara al presidente Alemán a Washington Esa fue la vez primera que un mandatario mexicano se presentó allá en calidad de tal, dando así inicio a una nueva etapa en las relaciones diplomáticas y económicas.
Con John Fitzgerald Kennedy (1961-1963), las relaciones vivirían el punto más alto de que se tenga historia. La visita de él y su esposa a México fue de apoteosis. Sin embargo, también en esos años, se demostró que más allá de simpatías, primero están los principios y así fue manifestado por el presidente Don Adolfo López Mateos cuando el conflicto entre los EUA y Cuba. Entonces, México enseño la estatura y el respeto que había alcanzado en el contexto mundial en el renglón de la diplomacia. En los sesenta, el país crecía y se desarrollaba, lo cual permitió que tanto el presidente López Mateos, como el presidente Gustavo Díaz Ordaz Bolaños pudieran mantener una relación de mutuo respeto con su homólogo Lyndon Baines Johnson (1963-1969).
Durante la década de los setenta, James Earl Carter (1977-1981), inmerso en una situación económica interna desastrosa, mantendría una relación muy difícil con el presidente José López Portillo y Pacheco quien, tomando ventaja de su amplia cultura y la efímera bonanza petrolera de que disfrutamos, no perdió oportunidad de exhibir al mandatario estadounidense.
Al momento en que el mundo se globalizaba, a William Jefferson Clinton (1993-2001) le tocó firmar con el presidente Carlos Salinas De Gortari el Tratado de Libre Comercio para América del Norte. La alegría del TLC duró poco. A finales de 1994, en tiempos del presidente Ernesto Zedillo Ponce De León, se vino encima una crisis que dejó como alternativa única pedir la ayuda del presidente Clinton, misma que proporcionó y que, según las palabras que nos dijo a un metro de distancia, es uno de los actos que más le enorgullece haber tomado durante su gobierno. Y por los años siguientes, la economía mexicana se recuperó, aun cuando el costo social fue muy alto. Hay quien dice que en aquel paquete de ayuda iba algo más, pero dado que no poseemos soporte documental solamente indicamos que se trató de la llegada del panismo-sinarquismo calzando las botas de Vicente Fox Quesada.
Mientras aquí prevalecía el panismo, allá arribaba al poder Barack Hussein Obama (2009-2017) con quien Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa mantendría una relación de subordinación que dejó mucho que desear, a la par que la economía mexicana daba tumbos y acababa por reafirmar su dependencia de la estadunidense.
Cuando esperábamos que con el presidente Enrique Peña Nieto, la relación con los EUA recuperara la interlocución basada en el respeto, encontramos que la diplomacia mexicana terminó, en 2016, dando bandazos y moviéndose entre desempeñar el rol de matraqueros con la candidata Demócrata (Rodham Clinton) o bien servir de “punching bag” y sparring para el candidato Republicano (Trump). Eso, mientras vergonzosamente se mendigaba la legalización de cerca de siete millones de mexicanos que entraron a aquel país clandestinamente.
Posteriormente nos encontramos con que las relaciones entre el presidente número 46, Joseph Robinette Biden Jr., y Andrés Manuel López Obrador no fueron precisamente de las más terso. Al embajador mexicano, Esteban Moctezuma Barragán, lo mandaron a que entregara sus cartas credenciales a la oficialía de partes. En el tema migratorio un día se era policía en el sur y al otro se mandan carretadas de personas sin documentos para que cruzaran ilegalmente a los EUA. En los asuntos de inversiones, se les hizo ver que los acuerdos firmados valen tanto como los kleenex. Referente a los conflictos internacionales, buscamos aparecer como imparciales, pero al final no se quedó bien con nadie. El embajador estadounidense, Kenneth Lee Salazar, constantemente hacía advertencias, viajaba por el país y a las Cámaras Legislativas, al tiempo que visitaba Palacio, en busca de encontrar explicaciones a las medidas tomadas y al final todo quedaba en lo mismo. Mientras tanto, el gobierno de México jugaba la carta nacionalista, que en realidad era de patrioterismo. Al final, el ciudadano López y el embajador terminaron enfrentados y la relación con el gobierno de los EUA acabó a nivel del caño.
Este ha sido un apretado repaso histórico de cómo nos ha ido con las administraciones presididas por un miembro del Partido Demócrata en los EUA. En la colaboración próxima nos ocuparemos de cómo se han dado las relaciones cuando un integrante del Partido Republicano ha estado al frente del gobierno estadounidense y como han actuado quienes estaban a cargo del Poder Ejecutivo de los Estados Unidos Mexicanos. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (26.47.149) Tras de la debacle del Partido Republicano el pasado martes, el sueño de quien se sentía ungido por el dedo divino para ser el próximo candidato presidencial por ese instituto político, el vicepresidente J.D. Vance, tuvo un despertar abrupto. Al hacerlo, se encontró que a su lado hay otros tres contendientes potenciales: el gobernador de Florida, Ron DeSantis; el senador por Texas, Ted Cruz, y el secretario de estado, Marco Rubio.
Añadido (26.47.150) ¿Entre los Demócratas serán capaces de alcanzar acuerdos entre el ala moderada, los musulmanes y la izquierda infrarroja?
Más columnas de Rodolfo Villarreal Ríos
Rodolfo Villarreal Ríos
Las lealtades con fecha de caducidad: Bonaparte y Fouché
Rodolfo Villarreal Ríos La Revolución Francesa concluiría con el ascenso de un autócrata, Napoléon Bonaparte, convertido en lo que los insurrectos…
Leer columna →
Rodolfo Villarreal Ríos
Los franceses se destrozaban y uno sobrevivía: Fouché
Rodolfo Villarreal Ríos El fin de semana anterior observábamos la actuación, en Francia, de los radicales de izquierda quienes entremezclados con…
Leer columna →
Rodolfo Villarreal Ríos
El último presidente que renunció
Rodolfo Villarreal Ríos En términos generales, es común mencionar de manera despectiva la figura del último presidente de México quien presentó…
Leer columna →
Rodolfo Villarreal Ríos
Los suyos aseguraban que el pueblo lo ungió “emperador”
Rodolfo Villarreal Ríos En atención al compromiso que establecimos con usted, lector amable, continuamos con la narrativa de cómo, literalmente, de…
Leer columna →