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Clarity Act y las criptomonedas

Imagina una blockchain como un cuaderno de contabilidad que todos pueden ver, pero nadie puede borrar ni falsificar, porque miles de copias del mismo cuaderno existen al mismo tiempo en computadoras distintas. Cuando alguien anota “Juan le dio 5 monedas a María”, esa anotación queda encriptada, es decir, sellada mediante codificación por medio de fórmulas matemáticas, y todas las copias del cuaderno se actualizan igual. Eso es lo que hace confiable al sistema sin necesitar un banco que vigile.

Un token es como una ficha del juego de arcade, construida sobre ese cuaderno. La blockchain muy similar a Ethereum, es la máquina de arcade; el token es la ficha que alguien diseñó para usarse dentro de un juego o servicio específico montado sobre esa máquina. Puede representar dinero, una membresía, un derecho a votar en decisiones de un proyecto, o incluso el dueño de una obra de arte digital.

La diferencia de una blockchain pública de una privada, es como comparar un parque público con un club privado. En el parque público, imaginemos a Bitcoin o Ethereum, cualquiera entra, ve todo y puede participar en las reglas. En el club privado, solo los socios autorizados entran y validan lo que pasa adentro; suelen usarlo bancos o gobiernos para procesos internos donde no quieren que todo el mundo vea los movimientos.

¿Por qué generan valor? Por lo mismo que una tarjeta de futbolista de colección, es decir, si poca gente la tiene y muchos la quieren, sube de precio. En cripto esa demanda viene de la utilidad, es decir, sirve para pagar comisiones de una red, para votar, para usarse en una app. También de la escasez programada, por ejemplo, Bitcoin nunca tendrá más de 21 millones de unidades, como si solo existieran 21 millones de estampitas de una colección, y de la confianza de que otros también lo van a querer aceptar como pago o inversión.

Los intermediarios son como el señor de la casa de cambio, similares a plataformas, las denominadas exchanges, que te permiten convertir pesos por cripto y viceversa. Los desarrolladores son los que construyen la maquinita de arcade y las fichas, es decir, escriben el código de la blockchain o de los tokens. Los inversionistas son quienes compran fichas esperando que suban de valor o que les den algún derecho útil, por ejemplo, participar en las decisiones de un proyecto.

La explicación viene a colación por la noticia relativa a la subida de valor que tuvo recientemente el Bitcoin que superó los 71,000 dólares, debido a la significancia política de apoyo a la industria que ejerció la reunión convocada por el Presidente Donald Trump, invitando a varios líderes del sector, entre ellos el CEO de Coinbase, Brian Armstrong, que tiene un patrimonio neto estimado en 7,800 millones de dólares y Vlad Tenev, CEO de Robinhood, con un patrimonio neto estimado de 5,700 millones de dólares; incluidos los presidentes de la Comisión de Bolsa de Valores (SEC), Michael Selig, y de la Comisión de Comercio de Futuros de Productos Básicos (CFTC) Paul Atkins.

El propósito de la reunión fue claro. Solicitar al Congreso a aprobar la Ley de Claridad de Activos Digitales (Clarity Act), pues esta regulación formalizará a la industria dando certidumbre a las operaciones con activos digitales debido a que establece un marco regulatorio integral para la clasificación, oferta, negociación y supervisión de activos digitales, e introduce un enfoque de supervisión conjunta entre la Comisión de Bolsa de Valores (SEC) y la Comisión de Comercio de Futuros de Productos Básicos (CFTC).

Con el apoyo de la industria, la Clarity Act permitiría que la mayoría de los tokens cripto se clasificaran como mercancías digitales y fueran regulados por la CFTC. Asimismo, algunos tokens serían clasificados como valores, manteniéndolos dentro del ámbito de la Comisión de Bolsa y Valores.

De otra manera, una regulación emanada las comisiones reguladoras tendría fecha de vencimiento y sujeta a constantes impugnaciones jurídicas que desmotivarían las inversiones en criptoactivos y, a decir del presidente Donald Trump, el mercado devaluaría por la injerencia de los malquerientes de los criptoactivos, injusto para una industria que proyecta un crecimiento valuado en billones de dólares para 2030.

Y es que el mercado global de inversiones digitales según el informe Tokenization 2030: Wall Street On – Chain de Citi, está valuado en 17 mil millones de dólares, pero pronostica que aumente a 5.5 billones de dólares.

La tokenización, proceso que implica poner inversiones del mundo real en la cadena de bloques, será adoptado paulatinamente por gigantes de la talla de Wall Street Depository Trust and Cleaning Corporation, Nasdaq y la Bolsa de Valores de Nueva York, que contemplan operaciones de valores tokenizados desde este año.

El informe prevé igualmente que las stablecoins reales podría generar una demanda cercana a un 1 billón de dólares en bonos del gobierno de los Estados Unidos debido a que las empresas que emiten esta clase de criptoactivos, respaldan su efectivo digital con estos bonos. En estas condiciones, tan sólo el mercado de stablecoins reales podría alcanzar un valor de 1.9 billones de dólares en 2030.

La proyección de Citi es que para 2030, el 10% del mercado de bonos del Tesoro de Estados Unidos y el 3% del mercado bursátil público, estarán tokenizados. Esta institución financiera calcula igualmente que se crearían 2.6 millones de dólares en demanda de acciones digitales si una pequeña parte de los inversionistas comunes cambia a estas nuevas plataformas digitales de negociación.

A pesar de que tanto republicanos como demócratas llegaron a coincidir en un acuerdo sobre una normativa consolidada y equilibrada, la Clarity Act no ha sido aprobada aún por el Senado, pues enfrenta un candado ético condicionado por el partido Demócrata, que exige que los altos funcionarios federales que posean criptoactivos por valor de más de un millón de dólares, deban liquidarlos por completo, además de estrictos mecanismos de separación de intereses para las grandes tenencias cripto del presidente.

El tiempo corre en contra de la aprobación de la ley, pues el Senado regresa a sesionar el 14 de septiembre y tiene escasas tres semanas antes de entrar en receso por el proceso electoral de noviembre, además de una abultada agenda legislativa. Cosa de ver que no se han reunido los 60 votos necesarios para aprobar este proyecto en el Senado.

Injusto, pues la Clarity Act contempla mecanismos de transparencia y cumplimiento normativo para permitir las operaciones de activos digitales emitidos antes de su entrada en vigor. En caso contrario, el conjunto o una parte de los activos que incumplan estarían imposibilitados a continuar operaciones, lo que podría salvar el candado ético impuesto por los demócratas y permitir que esta legislación impulse el crecimiento del mercado de criptoactivos que impulsa el gobierno del presidente Donald Trump conjuntamente con empresarios del sector.

En México, indican los expertos, existen más de cuatro millones de usuarios que utilizan los servicios de plataformas que gestionan miles de millones de dólares en servicios B2B y de remesas con stablecoins. Piden una Fintech 2.0 y reformas al marco jurídico para formalizar a la industria, dar certidumbre jurídica a las operaciones con criptoactivos y seguridad a los inversionistas y el desarrollo económico de un sector que podría revalorarse en beneficio de nuestra economía.

La falta de regulación en México, de acuerdo con los especialistas, nos hace perder una oportunidad histórica de atraer capital.

Conviene para ello, mirar la importancia de regular esta industria en la Unión Europea a través de la MiCA, que regula las stablecoins y el resto de los servicios cripto; Suiza mediante la DLT Act, que reconoció legalmente los valores basados en registro, permitiendo que bonos, acciones y otros activos, se emitan, cuostodien y transfieran en blockchain con plena validez jurídica, o Estados Unidos que a través de la Genius Act establece un marco para stablecoins, exigiendo respaldo uno a uno (1:1) con el dólar norteamericano, en activos líquidos y reportes periódicos.

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