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Columna de opinión

Morena, rumbo al precipicio

José Luis Parra

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José Luis Parra
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José Luis Parra

 

La supremacía política de Morena está en peligro. Y no precisamente por la oposición, que sigue sin encontrar la brújula, sino por sus propios errores, la corrupción y la ambición desatada de sus liderazgos. La historia se repite. Los morenistas siguen el mismo caminito recorrido por el PRI en sus años de gloria, cuando aquel partidazo era considerado una maquinaria electoral invencible.

Con una diferencia. Los morenistas llegaron hambrientos al poder. Y algunos, en lugar de saciar el hambre de justicia de los mexicanos, encontraron en el erario un suculento banquete. En eso, sus hermanos mayores del PRI podrían haber quedado como simples aprendices.

Lo malo es que el pastel no alcanza para todos.
Y ya comenzaron los pleitos por las rebanadas.

La lucha por las candidaturas del 2027 exhibe las primeras fracturas de una estructura política que parecía indestructible. En las 17 entidades donde se renovarán gubernaturas abundan los inconformes, las acusaciones de imposiciones y las amenazas de rompimiento.

Hasta los aliados comienzan a enseñar los dientes.
En Morena se habla de unidad. Pero se practica la división.

Y como ocurrió con el viejo PRI, los liderazgos regionales ya no se conforman con las migajas. Quieren gubernaturas, alcaldías, diputaciones y, obviamente, el control de los presupuestos.

El poder por el poder.

Mientras tanto, la verdadera piedra de toque que podría derrumbar todo el andamiaje morenista está lejos de las oficinas partidistas y de los escenarios donde los aspirantes desperdician tambos de saliva prometiendo un futuro maravilloso.

Está en los hospitales públicos.
Y en las calles dominadas por la inseguridad.

Dos problemas que amenazan con cobrar facturas políticas de dimensiones todavía impredecibles.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha recorrido hospitales y supervisado instalaciones médicas. Seguramente esos recorridos le han permitido conocer una realidad que millones de mexicanos padecen desde hace años: el sistema público de salud arrastra una crisis que no se resuelve con discursos, estadísticas alegres ni fotografías inaugurales.

En septiembre el propio gobierno reconoció que todavía falta para alcanzar el abasto deseado de medicamentos, aunque presume importantes incrementos en su distribución.

Pero una cosa son las cifras oficiales y otra muy distinta encontrar las medicinas en la farmacia del hospital.

Y para muestra, las protestas de trabajadores del IMSS registradas este octubre, entre cuyos reclamos figura precisamente la falta de medicamentos e insumos médicos.

Antes los servicios de salud medio funcionaban. Hoy, para muchos pacientes, conseguir una consulta especializada, una cirugía o los medicamentos recetados se ha convertido en un auténtico viacrucis.

La enfermedad no espera.
Y la muerte tampoco.

Lo verdaderamente grave es que durante años se anunciaron transformaciones históricas, sistemas superiores a los de Dinamarca, compras consolidadas, nuevas instituciones y toda clase de ocurrencias administrativas.

El resultado está a la vista.

Millones de mexicanos siguen esperando que las promesas se conviertan en atención médica oportuna y eficiente.
Y aquí aparece la pregunta incómoda: ¿Dónde quedó el dinero destinado a garantizar la salud de los mexicanos?
Porque no estamos hablando de centavos.

El gobierno federal informó que las adquisiciones de medicamentos e insumos para 2025 y 2026 representan inversiones de hasta 332 mil millones de pesos.
Mucho dinero.

Demasiado como para que persistan las quejas por desabasto.

Obviamente no todo puede explicarse por corrupción. También hay incompetencia, desorganización, improvisación y decisiones administrativas equivocadas.
Pero sería ingenuo descartar la posibilidad de negocios millonarios alrededor de las compras, contratos y distribución de medicamentos.

Y si existieron mercenarios que hicieron fortunas con esos recursos, deberán responder ante la justicia.

Con nombres y apellidos.

Porque dejar a un enfermo sin medicamentos por enriquecerse con el presupuesto público no sería un simple acto de corrupción. Sería una canallada.

La presidenta Sheinbaum tiene ante sí una oportunidad histórica: investigar hasta las últimas consecuencias el manejo de los recursos destinados a la salud y castigar a quienes hayan cometido delitos.

Sin importar colores, cargos o parentescos políticos.
Algo parecido ocurre con el huachicol fiscal.

Allí ya existen detenidos, incluso mandos militares y operadores de las redes investigadas. Pero sigue pendiente esclarecer hasta dónde llegaron las responsabilidades políticas y quiénes permitieron que semejantes negocios prosperaran durante años.

La pregunta no es solamente quién robó.
También quién protegió.

La red de protección, aunque con agujeros, parece seguir funcionando en los niveles donde se toman las grandes decisiones.

Y mientras estos escándalos sacuden al régimen, los futuros candidatos de Morena andan más preocupados por garantizar su pedazo de poder que por resolver los problemas de la población.

En Sonora, Sinaloa, Guerrero y otras entidades, la inseguridad y las disputas políticas forman parte de un escenario que podría resultar explosivo para el partido gobernante.

El peligro para Morena es que los ciudadanos terminen relacionando sus problemas cotidianos con los errores de quienes prometieron transformar al país.
Porque una cosa es votar por una esperanza.
Y otra seguir votando por una decepción.

Para completar el panorama, ahora resulta que hasta al turismo extranjero le preparan otra cuota. La Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados aprobó una propuesta para incrementar 35 por ciento el derecho migratorio aplicable a visitantes extranjeros.

Todavía falta el proceso legislativo, pero la intención recaudatoria ya quedó sobre la mesa.

Como si la inseguridad, los altos costos y los problemas que enfrentan diversos destinos turísticos no fueran suficientes.

Al visitante, además de darle la bienvenida, habrá que presentarle la cuenta.

Todo sea por la transformación.

El problema de fondo es que Morena comienza a parecerse demasiado al PRI que tanto combatió. Un partido dominante, con sus grupos de poder, sus privilegiados, sus escándalos y sus pleitos internos por el reparto de posiciones.

La historia demuestra que ninguna maquinaria electoral es invencible.
Ni eterna.
El PRI tardó décadas en entenderlo.
Morena podría aprenderlo mucho antes.

Por lo pronto, Sheinbaum ya tiene elementos suficientes para reconocer que la crisis de salud exige algo más que supervisiones y anuncios de inversiones millonarias.
Ahora falta conocer si está dispuesta a investigar y, cuando existan pruebas, castigar a los responsables de los desfalcos y abusos que hayan contribuido al desastre.

Empezando por los de arriba.

Porque si la justicia solamente alcanza para los operadores menores, la impunidad seguirá gozando de cabal salud.
La misma salud que se les niega a millones de mexicanos.

¿O acaso esperan que la justicia llegue desde el norte, aplicada por los gabachos?

Cuidado. A lo mejor los estadounidenses terminan recetando la medicina que aquí nadie se atreve a administrar.

Y sin necesidad de pasar por las farmacias del IMSS.

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