Columna de opinión
Un buen secretario
Roberto Abe Camil
En la rica cosmovisión de los pueblos precortesianos, se consideró la existencia de un paraíso terrenal, lo llamaron Tamoanchan y se asentó en el espacio que hoy ocupa el Estado de Morelos. La tierra de Zapata, ha sido desde tiempos inmemoriales un paraíso, pero administrar un edén no entraña una tarea sencilla, sino todo lo contrario. Más allá de una cultura vibrante, una memoria histórica milenaria, vastos recursos naturales hoy también en riesgo y un clima envidiable, Morelos nunca ha estado exento de conflictos sociales.
Con la conquista llegó de la mano de Cortés la caña azúcar, referente de una inmensa prosperidad en el campo, pero que también detonó disputas por tierras y aguas entre haciendas y comunidades, mismas que fueron el embrión de la lucha zapatista que estalló con furia en 1911. Una página sangrienta fue aquella de diciembre de 1856, al ser masacrados súbditos españoles en las haciendas de San Vicente y Chiconcuac. En los años posteriores al triunfo de la República, ocurrieron las incursiones de “Los Plateados”, que no fueron los chinacos romantizados por Altamirano en “El Zarco”, sino bandidos muy similares a los criminales de hoy en día.
La Revolución del Sur postuló una bandera impoluta en el movimiento armado: la lucha de los campesinos por la tierra, pero también se dice que a río revuelto hay ganancia de pescadores, y el movimiento zapatista fue incapaz de impedir excesos que atentaron contra personas y bienes. Con el retorno del orden constitucional, Morelos fue moldeando la prosperidad y el desarrollo que hoy anhelamos, pero la violencia persistió en el campo donde merodeaban gavillas de abigeos y maleantes. El Estado Mexicano, a su vez, combatió rebeliones frustradas como la de Ruben Jaramillo. En aquellos años ya se daban las privaciones de libertad a personas en el interior del estado, solo que no se pronunciaba entonces el término de secuestro, se decía: ¡a fulano se lo llevaron!
En la década de los setenta, Cuernavaca conoció los asaltos bancarios, y en el periodo de Lauro Ortega los robos a casas habitación. Antonio Riva Palacio con pericia y oficio político evito el linchamiento de su procurador y de un grupo de judiciales en Jonacatepec, despues de que los segundos asesinaron a dos conocidos pobladores. El siglo XX cerró con la crisis de seguridad que se vivió en la administración de Jorge Carrillo Olea, exacerbada con ataques azuzados por la animadversión del presidente Zedillo en contra del gobernador y que fue pasto de oportunismos políticos. En los gobiernos locales a partir del año 2000, Morelos lamentablemente ha conocido la más grave crisis de inseguridad pública desde la revolución.
Más allá de filias y fobias, la gobernadora Margarita Gonzalez Saravia enfrenta un reto enorme, pues sin seguridad pública es imposible alcanzar el desarrollo social y económico que el estado necesita. Aquí debe llevar a cabo una profunda evaluación, y analizar a conciencia quienes están haciendo bien la tarea en su gabinete y quienes no. En un momento de emergencia, se debe ponderar la capacidad, no la cercanía o los compromisos de campaña. Pero también es oportuno dejar de lado los golpeteos políticos y reconocer a quienes hacen bien su trabajo, como es el caso del General de Brigada de Estado Mayor José Luis Bucio Quiroz, Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de Morelos.
El General Bucio, con amplia experiencia en DEFENSA y en la Guardia Nacional, se desempeñó previamente con éxito como Comandante de la 24 Zona Militar con asiento en Cuernavaca. En abril de este año regresó a Morelos para sacar a flote a un barco que hace aguas desde aproximadamente poco más de un cuarto de siglo. Al arribar a su despacho en Seguridad y Protección Ciudadana, encontró un desastre heredado por su antecesor Miguel Ángel Urrutia Lozano, no solo en lo operativo sino también en lo administrativo. Para muestra un botón: cerca de la mitad de los efectivos de su estado de fuerza estaban comisionados como escoltas de la privilegiada casta política morelense.
Bien es cierto, que una sucesión de acontecimientos desafortunados han cubierto de nubarrones el paisaje morelense, son muy lamentables las muertes violentas de jóvenes universitarios o la acción de los elementos de la fiscalía morelense en Totolapan, pero también lo es, tener presente que recobrar la gobernabilidad en Morelos es una tarea que atañe a todos los sectores de la sociedad y a los tres niveles de gobierno. En seis meses es imposible solucionar el rezago en la seguridad pública morelense, y el no dejar trabajar a su titular no es una decisión inteligente, es darse un tiro en el pie.
José Luis Bucio Quiroz se une a la tradición de distinguidos generales que han bregado por la paz en Morelos como Julio Pardiñas Blancas en 1957, Francisco Andrade Sánchez en la primera mitad de los años setenta del siglo pasado, así como en la presente centuria, Leopoldo Díaz Pérez y Agustin Vallejo Silva, quiénes detentaron largos periodos al frente de sus mandos territoriales.
La seguridad pública debe estar por encima de consideraciones o intereses políticos. En un elemental ejercicio de congruencia, los morelenses debemos apostar porque le vaya bien al estado, no porque el caos continúe. No basta con que el General Bucio sea un buen secretario, es obligado cerrar filas con el esfuerzo que encabeza y tener presente en nuestra memoria, a los policías estatales que en jornadas recientes dieron la vida por devolver la seguridad a Morelos.
Más columnas de Roberto Abe Camil
Roberto Abe Camil
La Secretaría de la Defensa Nacional
Las Fuerzas Armadas mexicanas, entrañan una institución que es un referente de identidad, pero también de orgullo nacional. Propios y extraños saben…
Leer columna →
Roberto Abe Camil
¿Porque murió Maximiliano?
La Guerra de Independencia tuvo más visos de contienda civil que de extranjera. No pocos españoles o criollos lucharon en el bando…
Leer columna →
Roberto Abe Camil
Un museo para la Fuerzas Armadas
Más allá del firme compromiso como garantes de la soberanía nacional, la seguridad interior y el bienestar general de la sociedad en…
Leer columna →
Roberto Abe Camil
¿Volverá el penacho?
En México el robo y saqueo de bienes artísticos, históricos y culturales no deja de ser un dolor de cabeza, particularmente con…
Leer columna →