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Columna de opinión

Tik Tok: de la plaza pública al espacio digital revolucionario

Fernando Pescador

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Fernando Pescador Guzmán
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POR FERNANDO PESCADOR GUZMÁN.

 

Si usted todavía cree que Tik Tok es una plataforma para bailes estrambóticos, recetas de comida rápida y videos de mascotas exóticas, es que no está prestando atención. Los jóvenes manifestantes en Europa de las ultimas semanas han utilizado las redes sociales y específicamente Tik Tok como eje de comunicación. Las protestas que comenzaron en Francia por la falta de docentes y el deterioro de la infraestructura educativa terminaron convirtiéndose en una ola de inconformidad generacional sobre vivienda, costo de la vida y oportunidades económicas, extendiéndose a Italia, Bélgica y Portugal.

Lo relevante más allá de la entendible protesta, es el vehículo que le ha dado relieve global a las manifestaciones.

Durante décadas, los movimientos sociales dependieron de sindicatos, organizaciones estudiantes, partidos políticos o medios de comunicación tradicionales para amplificar sus demandas. Actualmente, un video de treinta segundos puede tener más capacidad de movilización que una conferencia de prensa o una portada de periódico. Tik Tok se ha convertido para millones de jóvenes europeos en una fuente de información, identidad y coordinación política.

La velocidad importa. Una consigna nacida en un instituto francés puede llegar en cuestión de horas a adolescentes en Bruselas, Lisboa o Milán. Las redes sociales comprimen el tiempo y eliminan las fronteras. Lo que antes requería mese de organización ahora puede surgir en cuestión de días gracias a la viralidad de los contenidos de formato corto.

Pero hay una segunda cada de la moneda. La misma infraestructura digital que facilita la expresión ciudadana también facilita la manipulación. El informe documenta la circulación de contenidos generados con inteligencia artificial que apuntalan campañas de desinformación y mensajes diseñados para exacerbar el conflicto social. El problema ya no es solamente distinguir entre verdad y mentira. El problema ahora es que los algoritmos premian aquello que provoca emociones más intensas. La indignación, el miedo, el enojo o la sensación de urgencia se convierten en armas cognitivas.

Estos contenidos manipuladores han creado todo un ecosistema en donde la moderación pierde terreno frente al espectáculo.

No sorprende entonces que líderes políticos europeos hayan reaccionado de formas muy distintas. Mientras algunos defienden la legitimidad de las demandas juveniles, otros atribuyen la movilización a la manipulación ideológica o del comportamiento individual a las plataformas digitales. L presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyden, ha cuestionado el carácter adictivo de ciertos diseños tecnológicos y su impacto sobre los adolescentes. El ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto, afirmó que las violentas manifestaciones juveniles y saqueos ocurridos en Milán son parte de una “guerra híbrida”. Según el ministro, “potencias extranjeras están utilizando de forma no convencional herramientas digitales como Tik Tok, YouTube y otras redes sociales para influenciar, desestabilizar y dirigir a los jóvenes de occidente”.

Sin embargo, sería un error concluir que Tik Tok crea las protestas. Las redes sociales no inventan los problemas, les prestan foco, los delimitan en términos emocionales y luego los amplifican.

Los jóvenes europeos no salieron a las calles porque apareció una tendencia en sus teléfonos. Salieron porque enfrentan dificultades reales para encontrar vivienda asequible, acceder a empleos bien remunerados o simplemente visualizar un futuro mejor que el de sus padres. La tecnología acelera el proceso, pero el combustible sigue siendo social y económico.

México debería tomar nota de esta experiencia.

Nuestro país reúne tres condiciones que podrían convertirlo en un laboratorio aún más intenso de movilización digital. La primera es demográfica, ya que una gran proporción del electorado está compuesta por jóvenes que han crecido consumiendo información a través de plataformas digitales más que mediante periódicos o noticieros tradicionales.

La segunda es política, el país llega al ciclo electoral de 2027 en medio de un entorno de alta polarización pública. La tercera condición es económica y social ante las persistentes preocupaciones por seguridad, acceso a la vivienda, costo de vida, empleo formal y movilidad social, todos temas que afectan particularmente a las nuevas generaciones.

La reciente experiencia europea demuestra que cuando existe una demanda social latente, las redes sociales no crean el problema, pero sí pueden acelerar su expresión colectiva.

De hecho, México ya ha vivido episodios que anticipan esta dinámica. Desde el movimiento #YoSoy132 en 2012 hasta las movilizaciones feministas, las manifestaciones por desapariciones y diversos movimientos universitarios, cada generación ha utilizado las herramientas digitales disponibles para organizarse y comunicar sus causas. La diferencia es que las plataformas anteriores favorecían la conversación horizontal, Tik Tok favorece la viralización emocional. Y ahí radica el verdadero cambio.

Las protestas en Europa han sido materia para campañas de desinformación y contenidos producidos con inteligencia artificial específicamente diseñadas para exacerbar tensiones sociales. Este aspecto debería preocupar especialmente a México. Para 2027 la producción de videos sintéticos, audios falsificados y campañas automatizadas será mucho más sofisticada y accesible que en procesos electorales anteriores. Ahora vemos el temor de la administración Sheinbaum ante el nuevo ecosistema digital.

Porque ya no trata solamente de identificar noticias falsas. El desafío será distinguir la realidad de materiales audiovisuales que parezcan completamente auténticos.

Por ello, el debate no puede limitarse a su Tik Tok es bueno o malo. Las plataformas digitales son ya una infraestructura de participación política. La pregunta relevante es si ciudadanos, autoridades electorales, medios de comunicación y partidos cuentan con herramientas suficientes para operar en este entorno emergente.

De cara a las elecciones de 2027 podemos anticipar tres escenarios.

Primero, la digitalización convencional. Los partidos políticos aprenden a utilizar Tik Tok, Instagram y demás plataformas como canales ordinarios de campaña. Las redes amplían audiencias, pero no modifican sustancialmente las preferencias electorales.

Segundo, la irrupción de movimientos juveniles. Temas como vivienda asequible, seguridad, oportunidades laborales, cambio climático o acceso a educación superior generan comunidades digitales capaces de imponer agenda mediática, obligando a candidatos y gobiernos a reaccionar en tiempo real.

Tercero, la tormenta algorítmica. La combinación de inteligencia artificial, influencers políticos, desinformación y contenido hipersegmentado produce ciclos permanentes de polarización. En este escenario, la batalla electoral deja de librarse principalmente en plazas públicas, medios tradicionales o debates televisados y se traslada a los algoritmos que determinan lo que millones de mexicanos ven cada día en sus teléfonos.

Este último escenario merece especial atención. Europa está mostrando una posible fotografía adelantada del futuro político occidental. Las protestas juveniles no son únicamente un fenómeno social, sino una señal de que las plataformas digitales se han convertido en actores políticos de facto.

Las elecciones de 2027 dependerán de quién entienda mejor la nueva plaza pública del siglo XXI.

SAGRADAS ESCRITURAS: Mateo 7:15-16

Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?

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