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Columna de opinión

El estate quieto

José Luis Parra

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José Luis Parra
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José Luis Parra

Pareciera una respuesta directa a la postura antiTrump de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha levantado la bandera del antiinjerencismo para dejar en claro que México es un país soberano y que aquí nadie acepta órdenes del extranjero.

Muy bien. El discurso suena bonito, nacionalista y hasta patriótico.

Pero una cosa es la soberanía desde el micrófono de Palacio Nacional y otra muy distinta cuando desde Washington deciden cerrar una llave.

Y no cualquier llave.

La del gas natural.

El aviso de Estados Unidos fue contundente: reducirían alrededor del 20 por ciento del gas natural que México recibe a través de gasoductos.

Una especie de estate quieto, de esos que duelen.

Como si Donald Trump dijera: ¿Te gusta la lucha ruda? Pues ahí te va el primer encontronazo.

Porque hoy es el gas, mañana podría ser cualquier otro insumo estratégico y pasado mañana, si al mandatario estadounidense se le ocurre apretar todavía más las tuercas, hasta el comercio bilateral.

Claro, no existe evidencia de que este recorte haya sido una represalia política contra Sheinbaum. Pero en la relación con Trump las coincidencias suelen despertar sospechas.

Y el mensaje, intencional o no, resulta demoledor.

México depende de Estados Unidos para importar alrededor del 75 por ciento del gas natural que consume.

Así de sencillo. Así de grave.

Lo reconoció la propia Presidenta.

Pero lo verdaderamente preocupante vino de boca de Cuitláhuac García, exgobernador de Veracruz y actual director del Centro Nacional de Control del Gas Natural, quien admitió que México carece de almacenamiento suficiente para enfrentar una interrupción prolongada del suministro.

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El estate quieto
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8 de octubre de 2026, 7:23 am MST
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RESUMEN IA

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Pareciera una respuesta directa a la postura antiTrump de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha levantado la bandera del antiinjerencismo para dejar en claro que México es un país soberano y que aquí nadie acepta órdenes del extranjero.

Muy bien. El discurso suena bonito, nacionalista y hasta patriótico.

Pero una cosa es la soberanía desde el micrófono de Palacio Nacional y otra muy distinta cuando desde Washington deciden cerrar una llave.

Y no cualquier llave.

La del gas natural.

El aviso de Estados Unidos fue contundente: reducirían alrededor del 20 por ciento del gas natural que México recibe a través de gasoductos.

Una especie de estate quieto, de esos que duelen.

Como si Donald Trump dijera: ¿Te gusta la lucha ruda? Pues ahí te va el primer encontronazo.

Porque hoy es el gas, mañana podría ser cualquier otro insumo estratégico y pasado mañana, si al mandatario estadounidense se le ocurre apretar todavía más las tuercas, hasta el comercio bilateral.

Claro, no existe evidencia de que este recorte haya sido una represalia política contra Sheinbaum. Pero en la relación con Trump las coincidencias suelen despertar sospechas.

Y el mensaje, intencional o no, resulta demoledor.

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México depende de Estados Unidos para importar alrededor del 75 por ciento del gas natural que consume.

Así de sencillo. Así de grave.

Lo reconoció la propia Presidenta.

Pero lo verdaderamente preocupante vino de boca de Cuitláhuac García, exgobernador de Veracruz y actual director del Centro Nacional de Control del Gas Natural, quien admitió que México carece de almacenamiento suficiente para enfrentar una interrupción prolongada del suministro.

¿Y cuánto aguantaríamos ante un corte total de las importaciones?

Tres días.

Sí, leyó usted bien. Tres días, recurriendo al gas disponible en la red y a maniobras operativas.

De ese tamaño es nuestra vulnerabilidad energética.

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8 de octubre de 2026, 7:23 am MST
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RESUMEN IA

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Pareciera una respuesta directa a la postura antiTrump de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha levantado la bandera del antiinjerencismo para dejar en claro que México es un país soberano y que aquí nadie acepta órdenes del extranjero.

Muy bien. El discurso suena bonito, nacionalista y hasta patriótico.

Pero una cosa es la soberanía desde el micrófono de Palacio Nacional y otra muy distinta cuando desde Washington deciden cerrar una llave.

Y no cualquier llave.

La del gas natural.

El aviso de Estados Unidos fue contundente: reducirían alrededor del 20 por ciento del gas natural que México recibe a través de gasoductos.

Una especie de estate quieto, de esos que duelen.

Como si Donald Trump dijera: ¿Te gusta la lucha ruda? Pues ahí te va el primer encontronazo.

Porque hoy es el gas, mañana podría ser cualquier otro insumo estratégico y pasado mañana, si al mandatario estadounidense se le ocurre apretar todavía más las tuercas, hasta el comercio bilateral.

Claro, no existe evidencia de que este recorte haya sido una represalia política contra Sheinbaum. Pero en la relación con Trump las coincidencias suelen despertar sospechas.

Y el mensaje, intencional o no, resulta demoledor.

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México depende de Estados Unidos para importar alrededor del 75 por ciento del gas natural que consume.

Así de sencillo. Así de grave.

Lo reconoció la propia Presidenta.

Pero lo verdaderamente preocupante vino de boca de Cuitláhuac García, exgobernador de Veracruz y actual director del Centro Nacional de Control del Gas Natural, quien admitió que México carece de almacenamiento suficiente para enfrentar una interrupción prolongada del suministro.

¿Y cuánto aguantaríamos ante un corte total de las importaciones?

Tres días.

Sí, leyó usted bien. Tres días, recurriendo al gas disponible en la red y a maniobras operativas.

De ese tamaño es nuestra vulnerabilidad energética.

Y mientras desde el Gobierno federal se presume soberanía, autosuficiencia y fortaleza nacional, la realidad nos recuerda que buena parte de la industria mexicana depende de que los vecinos del norte mantengan abiertas sus válvulas.

El asunto tiene, además, otras explicaciones técnicas. Especialistas señalan que la reducción fue programada y gradual, y que coincidió con problemas de presión y producción de Pemex.

Es decir, no necesariamente hubo una maniobra política de Washington.

Pero eso no modifica el problema de fondo.

Estamos en manos de los gabachos.

Y no solamente en materia energética.

Nuestra economía se encuentra profundamente ligada al mercado estadounidense. Si Trump decidiera cerrar de golpe el comercio bilateral, el impacto para México sería devastador.

No significa que el país desaparecería, por supuesto. Pero el golpe económico sería de proporciones difíciles de imaginar.

Después vendría la búsqueda desesperada de nuevos mercados.

Europa, Asia o hasta Rusia.

El problema es que esas alternativas no se construyen de la noche a la mañana, ni basta con pronunciar discursos nacionalistas para sustituir décadas de integración comercial.

Mucho menos para reemplazar gasoductos, infraestructura y contratos de suministro.

Por eso el episodio debería encender todas las alarmas del Gobierno mexicano.

Porque una cosa es defender la soberanía nacional, lo cual resulta indispensable, y otra muy diferente es hacerlo sin contar con las herramientas necesarias para sostenerla.

Trump conoce perfectamente nuestras debilidades.

Y también sabe que, cuando se trata de economía y energía, México tiene mucho más que perder en una confrontación abierta.

Por lo pronto, la primera advertencia llegó por la vía del gas.

¿Casualidad, problema técnico o mensaje político?

Cada quien tendrá su interpretación.

Lo indiscutible es que México quedó exhibido en una de sus mayores fragilidades estratégicas.

Ahora sí que la situación amerita un auténtico grito de independencia.

O de subordinación.

Porque la soberanía no solamente se proclama.

También se construye.

Y, por lo visto, la nuestra puede quedarse sin gas en apenas tres días.

El aviso ya fue enviado.

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